Editorial

Marihuana legal: Expectativas y prioridades

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Por Fernanda Boidi ///

El pasado lunes culminó la Expocannabis 2015. En su segunda edición, este evento cuya misión es “generar un espacio de comunicación y articulación entre todos los actores relacionados al cannabis” tuvo como tema central los usos medicinales, terapéuticos e industriales.

En la expo había puestos de bancos de semillas y locales de parafernalia cannábica que promocionaban sus productos, stands de ONGs y de organismos gubernamentales (Junta Nacional de Drogas, Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA) y una oficina del Correo en la que los autocultivadores se podían registrar). Había un “laboratorio cannábico” que presentaba al público los resultados de diversas investigaciones que se están llevando adelante en el país. Esto complementado por una serie de conferencias de académicos locales y extranjeros, y por un consultorio de medicina cannábica.

Esta iniciativa privada es, en mi opinión, el esfuerzo nacional más comprensivo y masivo de informar sobre el cannabis y su regulación. Y como tal viene a llenar un vacío muy grande en la implementación de la Ley 19.172, que regula el mercado de marihuana.

Ciertamente se ha avanzado en el control y regulación del mercado de cannabis: el registro de autocultivadores y los clubes ya están funcionando, y se progresa, aunque a un ritmo menor al originalmente estimado y ciertamente por debajo de las expectativas de los promotores de la ley, el expendio a través de farmacias.

Por un lado, la iniciativa sin precedentes de regular todas las fases del mercado de marihuana requiere un esfuerzo titánico que insume muchos recursos materiales y humanos, y toma tiempo, incluso en las mejores condiciones.

Pero además, están los tiempos políticos. La ley de marihuana fue una de las medidas más salientes del gobierno de José Mujica; pero no cabía esperar que el presidente Vázquez la abrazara con igual fervor, en especial cuando se había manifestado públicamente en contra de algunas de sus provisiones –como la venta en farmacias– aunque de todos modos, dispuesto a ejecutarla.

Aún circula en redes sociales la foto de una pancarta exhibida en una manifestación pro reforma migratoria en EEUU. La pancarta decía “Al diablo con la hierba, legalicen a mi madre”, en clara queja respecto a las prioridades de la agenda gubernamental en un estado con marihuana legal.

Bueno, aquí estaría sucediendo lo inverso. Las prioridades de Vázquez no son las de Mujica. Y es la marihuana la que ha quedado relegada en la agenda. Además de la posición personal de Vázquez en torno al tema de la regulación del cannabis, está la oportunidad política. ¿Qué incentivos tendría Vázquez para acelerar a fondo en la implementación de una política que “heredó” de la anterior administración, pero que claramente no es prioritaria en la suya? ¿Por qué, en un contexto de baja aprobación de su gestión, habría de comprometerse con una medida que es impopular?

A pocos meses de entrada en vigencia la ley, seis de cada diez uruguayos la rechazaban, y uno de cada cinco no podía pensar un motivo por el cual se había tomado la medida. Las cifras de apoyo a la ley no han cambiado mucho desde entonces, y entonces el respaldo estaba en gran medida explicado por la visión favorable hacia Mujica y su gestión.

Sin embargo, hay un aspecto de la implementación de la ley en el que seguramente se podría avanzar sin comprometer prioridades ni popularidad. Es más, alineada con la campaña contra el consumo abusivo de alcohol, luce como que ya es tiempo de una campaña informativa en serio sobre la ley de marihuana, sus motivaciones, alcance e implicancias.

Pero fundamentalmente una campaña de prevención especialmente focalizada en un público muy vulnerable, un público entre el que ha aumentado el consumo de marihuana hasta exceder al de tabaco, un público que queda por fuera del uso controlado porque este rige para los mayores de 18 años, y un público que además sufre en mayor medida las consecuencias perjudiciales del consumo de cannabis en su desempeño educativo pero también en términos de salud mental. Este público son los adolescentes. Si como colectivo nos preocupa su futuro en materia de educación, tanto más debería de preocuparnos en términos de salud y bienestar.

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Emitido en el espacio Tiene la palabra de En Perspectiva, miércoles 9.12.2015, hora 08.05

Sobre la autora
Fernanda Boidi es doctora en Ciencia Política por la Vanderbilt University, EEUU, directora de Insights Research & Consulting y coordinadora regional para el Proyecto de Opinión Pública de América Latina (LAPOP). Integra de La Mesa de Politólogos de En Perspectiva.

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