
Foto: Andrew Harnik / AFP
Las elecciones de medio mandato celebradas el martes 3 de noviembre cambiaron el equilibrio de poder en el Congreso de Estados Unidos: los demócratas conquistaron la mayoría en el Senado y la Cámara de Representantes, hasta ahora controladas por los republicanos. La nueva integración asumirá en enero. El resultado no cambia la presidencia de Donald Trump, pero sí modifica el escenario para aprobar leyes, definir el presupuesto y fiscalizar al gobierno.
En el Senado, que tiene 100 integrantes, la oposición contará con al menos 54 bancas. En la Cámara de Representantes, de 435 miembros, los demócratas podrían superar las 250, según las proyecciones mencionadas durante la entrevista. Al momento de la conversación, todavía quedaban votos por contar en algunas contiendas.
Las elecciones de medio mandato se celebran a mitad del período presidencial. No se elige al presidente, pero se renueva toda la Cámara de Representantes y una parte del Senado; además, en varios estados se votan gobernadores y otros cargos. El Congreso puede aprobar leyes, controlar el gasto público y realizar investigaciones sobre la actuación del gobierno, aunque el presidente mantiene facultades propias, entre ellas el veto a las leyes.
El politólogo Eduardo Gamarra, profesor de Política y Relaciones Internacionales en la Florida International University, analizó el alcance de la votación en entrevista con Emiliano Cotelo en En Perspectiva. A su juicio, el resultado fue un “tsunami” que se extendió por todo el país y reflejó, entre otros factores, el malestar económico, la guerra en Irán y el impacto de los aranceles.
Un “tsunami” nacional
Gamarra sostuvo que, una vez avanzado el escrutinio, quedó más clara la magnitud del revés republicano. “Lo que realmente no se entendía ayer en la mañana era la magnitud de la derrota”, dijo. Con más datos disponibles, añadió, el calificativo de “tsunami” resultaba “verdaderamente descriptivo” de lo ocurrido.
“No ha sido una victoria contundente en algunos lugares del país. Esto ha sido en todo el país”, señaló. El resultado, afirmó, sorprendió a un presidente y a un Partido Republicano que confiaban en conservar el mandato electoral obtenido dos años antes.
Aunque las elecciones de medio mandato suelen perjudicar al partido del presidente, Gamarra consideró que esta derrota fue de una dimensión distinta. “Los republicanos se van a quedar con una minoría muy reducida”, dijo. Para los demócratas, el triunfo supone una oportunidad, pero también una responsabilidad: “Llegaron precisamente ahora sí, con el mandato de terminar la guerra y resolver el problema económico”.
El costo de vida, los aranceles y la guerra
Para explicar el cambio de voto, Gamarra puso el foco en la economía cotidiana. “La gente está pagando muchísimo por la gasolina y está pagando mucho cuando va al supermercado”, afirmó. A su entender, ese malestar está vinculado a políticas del gobierno de Trump, en particular a los aranceles y a la guerra en Irán.
“Esos dos temas son quizás los mayores causantes de esta derrota”, sostuvo. El impacto, agregó, no se limitó a quienes ya se oponían al presidente: también alcanzó a votantes republicanos y a personas que habían integrado la coalición electoral de Trump.
El politólogo consideró que los aranceles afectaron especialmente a pequeñas empresas latinas. “El votante latino, que es muy emprendedor, se ha visto muy afectado por el tema de los aranceles”, dijo, y señaló que el gobierno no habría reconocido plenamente el costo de esa política.
También mencionó el debate sobre Israel como un factor que incidió, en particular, entre los jóvenes. Aclaró que, a su juicio, el resultado no implica que los estadounidenses se hayan vuelto “anti Israel”, sino que parte del electorado distingue entre Israel y el gobierno de Benjamin Netanyahu, así como entre el país y la ofensiva en Gaza.
Gamarra destacó la participación juvenil y contó que, tras la elección, organizó un seminario universitario para analizar los resultados. Esperaba que asistieran cinco o diez personas, pero el salón quedó “repleto, repleto de muchachitos”. Durante más de dos horas, relató, los estudiantes explicaron por qué habían votado como lo hicieron.
El voto latino y las actuaciones de ICE
Gamarra describió el retroceso del apoyo latino a Trump como una de las sorpresas de la elección. “Se sienten defraudados y se sienten engañados”, dijo sobre quienes habían respaldado al presidente. En el caso de los votantes latinos, agregó, el malestar se expresa también como una sensación de sentirse “humillado”, “irrespetado” y “discriminado”.
El politólogo vinculó ese sentimiento con las actuaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos, conocido por la sigla ICE. Según dijo, muchos estadounidenses —también latinos— respaldan que haya controles en la frontera, pero consideran que la agencia “ha ido demasiado lejos”.
Mencionó denuncias de abusos, detenciones y arrestos de ciudadanos mientras se verificaba su situación migratoria. “Si había una persona de tez oscura o de tez morena, pues lo arrestaban y después averiguaban si era ciudadano o no”, afirmó.
Candidatos locales y campañas de cercanía
Aunque atribuyó el resultado principalmente a factores nacionales, Gamarra también destacó el peso de las candidaturas y las campañas locales. “Acá hubo un tsunami que se llevó a todo y que tuvo implicancias a nivel local”, dijo, aunque señaló que el efecto dependió de cada candidato.
Como ejemplo, mencionó a Angie Nixon, candidata socialista en Florida, que ganó en el condado de Miami-Dade y en Doral, una zona con una importante comunidad venezolana. “La socialista ganó donde viven los antisocialistas”, comentó.
También destacó las campañas de James Talarico y Hinojosa en Texas, que, según dijo, realizaron un trabajo puerta a puerta y buscaron un contacto directo con los votantes. “Hicieron campañas extraordinarias”, sostuvo. En su análisis, ese trabajo contribuyó a que votantes republicanos también apoyaran a candidatos demócratas.
La crisis republicana y la figura de Trump
Para Gamarra, el revés electoral profundizó una crisis del Partido Republicano vinculada a su relación con Trump. Recordó que numerosos dirigentes distantes del presidente dejaron el partido y sostuvo que la corriente republicana asociada a figuras como John McCain y Mitt Romney “básicamente en el partido ya no existe”.
En el Congreso, dijo, la lealtad de los legisladores a Trump redujo su capacidad de actuar con autonomía. “El Congreso no actuó más que respondiendo a las directivas del presidente Trump”, afirmó. Luego comparó esa dinámica con movimientos populistas de América Latina: “Este es un clásico movimiento populista, muy a lo latinoamericano. Este es el peronismo norteamericano”.
“El Partido Republicano como tal no existe. Existe el partido de Donald Trump”, resumió. A su entender, la crisis del movimiento MAGA —sigla de “Make America Great Again”, lema asociado al presidente— y la del partido se han convertido en una sola. “La crisis de MAGA en este momento es la crisis del Partido Republicano existente”, dijo.
Gamarra también interpretó las declaraciones del gobernador de Florida, Ron DeSantis, sobre la gravedad de la derrota como parte de su posicionamiento para una futura candidatura presidencial. DeSantis, sostuvo, podría intentar presentarse como quien está en condiciones de recuperar al partido.
Renovación demócrata, pero con dificultades para acordar
Del lado demócrata, Gamarra consideró prematuro afirmar que el partido ya completó una renovación o aprendió todas las lecciones de su derrota anterior. Sí observó “una renovación generacional muy intensa” y describió a la colectividad como un “partido paraguas”, en el que conviven corrientes distintas.
Entre las nuevas figuras destacó a Talarico, de 37 años, ganador de la elección al Senado en Texas. Gamarra subrayó que el candidato incorporó su identidad cristiana a la campaña, un terreno que, según dijo, los demócratas tendían a dejar en manos de los republicanos. “Él rompió eso”, señaló.
El politólogo advirtió, sin embargo, que la diversidad de corrientes puede dificultar que los demócratas acuerden una agenda. “Para el Partido Demócrata organizarse y sobre todo en términos de agenda legislativa va a ser muy difícil”, dijo.
También alertó sobre la posibilidad de que la nueva mayoría se concentre en investigar al gobierno de Trump y deje en segundo plano la aprobación de leyes. “Hay muchos que quieren llegar y simplemente empezar a investigar toda la corrupción asociada con el trumpismo. Y eso, en mi opinión, va a ser un error”, afirmó.
Qué puede hacer la nueva mayoría
Con el control de ambas cámaras, los demócratas podrán impulsar iniciativas y ejercer mayor control sobre el presupuesto y la administración. Gamarra mencionó entre sus prioridades la economía, el sistema de seguro social y la salud pública, que describió como áreas en crisis.
También anticipó un intento de limitar la capacidad del presidente para imponer aranceles mediante decisiones ejecutivas. “El Congreso es el que puede imponer aranceles a través de consulta y no el presidente solo”, sostuvo.
Otra prioridad sería controlar el gasto de la guerra en Irán. Gamarra previó que los legisladores demócratas podrían usar las decisiones presupuestarias para limitar los fondos destinados a la intervención militar y evitar que Trump reciba “carta blanca”. Asimismo, mencionó una posible reanudación de la asistencia militar a Ucrania.
Sobre ICE, anticipó investigaciones por posibles abusos y violaciones de derechos, además de intentos de reducir su presupuesto. “A ICE le dieron 70 mil millones de dólares de presupuesto. Es la agencia mejor financiada y con el objetivo exclusivo de deportar masivamente, sobre todo a hispanos”, dijo. Por eso, consideró que podría haber “un recorte presupuestario a ICE enorme”.
Trump conservará margen en política exterior
El cambio de mayorías legislativas, advirtió Gamarra, no necesariamente modificará la orientación internacional del gobierno. A su juicio, Trump conservará más margen de acción en política exterior que en la agenda interna.
“Es el único lugar donde tiene poder aún y donde él lo va a ejercer a su manera, sin importarle los resultados de ayer”, afirmó. Gamarra sostuvo que el presidente ha concentrado poder en el Ejecutivo, sobre todo en materia internacional, y que podría volcarse más a ese terreno al tener menos espacio para impulsar su agenda doméstica.
En el plano interno, Trump mantiene la facultad de vetar las leyes aprobadas por el Congreso. Para superar un veto se requieren mayorías especiales en ambas cámaras, por lo que los demócratas necesitarían apoyo republicano para lograrlo. Gamarra consideró que podrían buscar acuerdos legislativos para avanzar con algunas de sus prioridades.
Data centers: los costos locales de la inteligencia artificial
Entre los asuntos que podrían entrar en esas negociaciones, Gamarra mencionó la construcción de centros de datos, instalaciones que procesan y almacenan información y que son necesarias para el desarrollo de la inteligencia artificial.
El politólogo señaló que en algunas comunidades la expansión de esos centros generó preocupación por el consumo de electricidad y agua. “El costo de la electricidad ha subido enormemente, el consumo de agua ha subido enormemente”, dijo. En ciertos distritos, explicó, el aumento de la demanda energética alentó la movilización contra nuevos proyectos.
“Todos necesitamos inteligencia artificial, pero nadie quiere que sea en nuestro barrio”, resumió. Aunque consideró difícil detener la expansión de los centros de datos, sostuvo que el debate puede tener repercusiones fuera de Estados Unidos, incluso en América Latina.
Los dos meses antes del cambio de mayorías
La nueva integración del Congreso asumirá en enero. Hasta entonces, los republicanos mantendrán la mayoría en ambas cámaras y, según Gamarra, el gobierno podría intentar acelerar nombramientos y procesos legislativos antes del cambio.
“Intentarán, pues, obviamente, llenar algunos vacíos en nombramientos para mantenerlos el próximo año”, dijo sobre los cargos judiciales. También expresó preocupación por posibles decisiones presupuestarias en ese período, en particular en materia de política exterior.
El desafío de los demócratas, concluyó, será convertir el resultado electoral en una agenda concreta. “Si los demócratas son inteligentes, van a trascender de la investigación y la fiscalización a la legislación”, afirmó. La nueva mayoría tendrá que responder a las expectativas de los votantes sin dejar que la disputa con Trump desplace los temas que, según Gamarra, estuvieron en el centro del resultado: la economía, la guerra y el costo de vida.




















