Alfred Bosch, consejero del Gobierno de Cataluña: Con la independencia «el clima es de resistencia y de dejar claro que tenemos todo el derecho a decidir sobre nuestro futuro»

El «ministro de Exteriores» de la Generalitat catalana defiende el derecho de esa comunidad autónoma española «a decidir sobre nuestro futuro»

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España está sumida otra vez en el bloqueo político y la inestabilidad.

El fracaso de las negociaciones para formar gobierno entre el Partido Socialista y Unidas Podemos obligó esta semana a una nueva convocatoria a elecciones, la cuarta en cuatro años. Este martes, el presidente en funciones y líder socialista, Pedro Sánchez, anunció que los comicios serán el 10 de noviembre.

A esta incertidumbre se suma otro hecho que tendrá fuerte impacto político. A comienzos de octubre se conocerá el fallo del Tribunal Supremo del Reino de España en el juicio a los 12 líderes del movimiento independentista catalán, acusados de escenificar una rebelión durante el intento fallido de escisión en 2017.

Se da por descontado que este tema será nuevamente protagonista de la campaña electoral. Además resta por verse qué impacto puede tener en Cataluña un fallo adverso.

Con este telón de fondo, llegó ayer a Uruguay el consejero de Asuntos Exteriores del Gobierno de Cataluña, Alfred Bosch, que suele ser presentado como “ministro de Exteriores”. Con él conversó En Perspectiva esta mañana.

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Algunas frases destacadas de la entrevista:

  • Alfred Bosch: «Los intercambios culturales entre Cataluña y Uruguay siguen siendo muy importantes y deben serlo todavía más».
  • «Lo que el Gobierno español no puede pretender, es decir ‘cuando vayáis al exterior no podéis tener relaciones institucionales, ni políticas’. Eso es retroceder a otra época a la cual no queremos retroceder».
  • «Que el Gobierno español se dedique a promocionar España en positivo creo que es fantástico». «Pero que se dediquen a destruir el trabajo que nosotros hacemos en positivo son ganas de no hacer política en mayúsculas».
  • «El independentismo catalán está en un momento complicado. Buena parte de sus líderes están en la cárcel y otros en el exilio». «El clima es de resistencia y de intentar dejar claro que tenemos todo el derecho del mundo a decidir sobre nuestro futuro».
  • «Hay necesidad de encontrarse con el Gobierno español y la comunidad internacional para encontrar un diálogo que pueda llevar a una solución democrática. Esto no lo vamos a resolver a porrazos o metiendo gente a la cárcel, eso solo va a empeorar las cosas».
  • «Si el fallo es condenatorio habrá que reaccionar popularmente y el Gobierno de Cataluña también institucionalmente».
  • «En el Reino de España hay un problema de falta de diálogo y falta de alta política». «Hay que aprender a dialogar y hay que aprender a ponerse de acuerdo entre gente que es distinta».
  • Sobre la UE: «Nos queremos quedar ahí y queremos contribuir, como hemos hecho hasta ahora, en este proyecto europeo y estos valores europeos que a nosotros nos inspiran».

Foto en Home: Valentina Paz

Gastón González

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2 Comentarios

  • Siguiendo el razonamiento de este preclaro defensor de causas perdidas, llegamos a la conclusión inevitable que cada ciudadano tiene el derecho a decidir si su casa queda o no dentro de ese país y eventualmente autoproclamarse independiente y pasarse por el tujes todas las leyes ese país que lo rodea y que no reconoce. Una imbecilidad, como ya ha demostrado una y otra vez el muy ocurrente Pérez-Reverte.

  • Interesante la entrevista al sr. Bosch. Va a ser interesante también ver cómo sigue este asunto. En Cataluña viven 7 millones y medio de personas y son, comparativamente al resto de España, de los más ricos. El norte de España tiene niveles de ingreso comparables a los de Francia o Alemania y es justamente de eso de lo que se trata este lío. Sobre todo teniendo en cuenta que un éxito del independentismo catalán empujaría al éxito al independentismo vasco también.

    El sustrato cultural que distingue a los catalanes o a los vascos del resto de España es un argumento popular, pero los países no son unidades culturales, sino proyectos político-económicos. Basta ver ejemplos como el belga o el de Alemania y Austria para ver que a veces se puede tener un país con diversas culturas dentro y otras veces compartir cultura y vivir en países diferentes. La cuestión siempre es si, por convicción o por sometimiento, todos aceptan vivir bajos las mismas leyes y el mismo régimen político.

    Antes esto se hubiera arreglado a los tiros, como se hizo en EEUU en la guerra de secesión o, incluso antes, en el resto de América inventando una cantidad de países dentro de los territorios del Reino de España. Parece que el gran juego del independentismo, a falta de posibilidades realesa de ir a una guerra, es diplomático. Se trataría entonces de que los catalanes traten de convencer al mundo de que están ya en lo hechos administrándose a sí mismos como si fuera un país independiente y que tienen los cuadros políticos maduros como para hacerlo. Tratan de que sean los países europeos los que terminen por presionar a España para que permita el plebiscito y la independencia, en caso de triunfar. España, por otra parte, trata de evitar esta guerra simbólica de que alguien que es un consejero de asuntos exteriores de un gobierno regional se comporte como un ministro de relaciones exteriores de un estado independiente. Una guerra de símbolos, vacía en principio, pero que justamente se juega en el único terreno en el que se puede pelear esta guerra.

    No hay que perder de vista que el interés de España en conservar su norte es mayor, ya que sin él se vuelve un país con una economía mucho más chica y, por lo tanto, un país más pobre. El PIB per cápita de Extremadura, que es la región más pobre de España, es apenas mayor al del Uruguay mientras que el de Cataluña, el país Vasco y Madrid es en torno al doble. Sólo quedaría Madrid como región con alto nivel de ingreso y eso debilita el poder de España dentro de la Unión Europea.

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