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Pablo Iturralde, sobre el futuro del wilsonismo: El Partido Nacional «es un potrero grande» donde ya no hay «alas ideológicas» sino tendencias que «enriquecen al partido»

Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

¿Qué pasará con el espacio wilsonista del Partido Nacional? La pregunta quedó instalada desde el sábado 22, con el fallecimiento sorpresivo de Jorge Larrañaga que había sido durante 20 años el principal referente de esa corriente.

El fin de semana pasado, Alianza Nacional, el sector que Larrañaga fundó a fines de 1999, ratificó su continuidad y definió convocar a un Congreso Nacional para trazarse nuevos objetivos políticos.

En paralelo, hay dirigentes que impulsan una reorganización más profunda del espacio wilsonista, agrupando a referentes identificados con esa corriente pero que hoy se encuentran desperdigados en otros sectores del partido.¿Cómo vienen estas discusiones?

Hoy En Perspectiva conversamos con Pablo Iturralde, abogado , exdiputado y Presidente del Directorio del Partido Nacional.

 

En Perspectiva

Periodismo con vocación de servicio público. Conducen Emiliano Cotelo y Romina Andrioli. Con Gabriela Pintos, Rosario Castellanos y Gastón González Napoli. Producción: Rodrigo Abelenda y Agustina Rovetta. De lunes a viernes de 7 a 12 en Radiomundo 1170.

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5 Comentarios

  • Le erró Cotelo al entrevistar por este asunto a Pablo Iturralde. No porque no tenga pasta de wilsonista, sino porque como presidente del Directorio tiene que fomentar los elementos que unen dentro del Partido y no andar hablando de cuestiones que distingan unos sectores de otros. Si quiere buscar elementos sobre la posible marcha futura del wilsonismo, tiene que hablar con otros dirigentes de destaque pero que tampoco estén comprometidos en la gestión de gobierno. Se me ocurren, por ejemplo, los nombres de Jorge Gandini y Sergio Botana.

  • En Atlantida, para las elecciones municipales, habian 5-6 candidatos de Lacalle Pou para la alcalida, todos muy fraternos y amigos. Pero resultaba muy aburrido. Ni siquiera un candidato colorado, o wilsonista. Seria interesante escuchar a los wilsonistas, especialmente a los que estaban distanciados con Larrañaga, o habian tomado otro camino. Incluso, esto le abre la puerta a Daniel Peña del Partido de la Gente, para volver a un espacio wilsonista.

  • Francamente escuchar a Iturralde me resultó deprimente. Hace de la carencia de debate ideológico del PN una característica general (¿de la humanidad?) y hasta parecería ser una virtud. ¿Las ideologías no tienen más validez? Mirá vos… así que la social democracia y el neoliberalismo no existen más en el mundo. No hay más socialcristianos (que él mismo dice que generaron un giro ideológico en el PN (??????)), no hay más liberales, no hay más lucha entre las tradiciones de Keynes y Hayek, ¿Escuchó Iturralde el último discuso sobre el estado de la Unión que hizo Biden? ¿Qué opina el wilsonismo sobre la afirmación de que a la clase media la construyeron los sindicatos y que a EEUU lo hizo grande su clase media? ¿Aspiran los wilsonistas para Uruguay a que los trabajadores, a través de la lucha sindical, aumenten sus ingresos y asciendan socialmente? Porque al malla oro no le gusta eso porque paga sueldos en Uruguay pero sus clientes están afuera.

    Si ya no hay debate ideológico en el mundo ¿para qué queremos la democracia? ¿para elegir administradores del régimen? Muchos partidos y una ideología única es lo mismo que un partido único. Felizmente el mundo hoy va por otro lado y hay debate ideológico. Me parece que los boletines atrasados los tiene Iturralde: «El Fin de la Historia» de Francis Fukuyama se llama ese boletín y va a cumplir 30 años.

    El gran drama del wilsonismo es que no existe, lo que existen son los «autopercibidos wilsonistas». Yo mismo fuí wilsonista porque por tradición familiar nací en una familia de blancos independientes. Me costó dar el paso de votar al FA. Lo que me hartó fué justamente esa interna hegemónica del herrerismo durante el gobierno blanco de los 90 y que mi voto a Carlos Julio (último reducto del wilsonismo hasta el 89) terminara sirviendo para aprobar leyes como la de empresas públicas. La terminamos derogando gracias al FA y a Sanguinetti, lo cual me hizo preguntarme qué estaba haciendo con mi voto.

    Si hay algo que sé politicamente es que creo en el Estado de Bienestar, en el rol regulador y amortiguador del Estado, en que la riqueza la generan los trabajadores y que deberían beneficiarse proporcionalmente con el crecimiento que hacen posible. Lo demás se conversa, pero eso no es negociable para mi a la hora de emitir mi voto. Cuando Wilson se erigió en la figura que fué en el 71 fué porque encarnó esa visión de la economía que una gran mayoría teníamos, que no era precisamente la de los «blancos baratos» (como él les llamó) de Aguerrondo y compañía. Los que traicionaron a Wilson porque la ideología de Bordaberry les venía mucho mejor que la de su propio correligionario. Hoy gracias a los documentos desclasificados de la CIA sabemos que Wilson tenía razón en no reconocer a Bordaberry: hubo fraude.

    Iturralde lo que me confirma es que el wilsonismo en el PN está bien muerto y enterrado, sin lugar a una posible resurrección. Una gran pena para el PN y para el país. Es como el batllismo en el PC. Otro muerto enterrado bajo una pila boletines atrasados de los 90.

    • Muy certero su comentario Sr. Nidingas.
      Alcanza con ver el patético rol que desempeñan en este segundo lacallismo otros «autopercibidos wilsonistas», como el «generación 83» Javier García o el censurado Jorge Gandini, para confirmar que el wilsonismo pasó y el azul quedó.

      • Gracias por su apreciación, López. Que no hay gente con un proyecto político superador del herrerismo es clarísimo. Pero podrían simplemente no tener ideas, no ocurrírseles otra cosa. Los argumentos de los que están me deprimen «en el 89 cayó el muro de Berlín» y entonces, debo deducir que el reformismo y el desarrollismo de Wilson quedó «demodé». ¿Qué tendrá que ver el muro de Berlín con Wilson, que nunca fué comunista? ¿Todavía están con los folletines del Consenso de Washington? Se creyeron que realmente el mundo iba a un neomercantilismo «a la inglesa» capitaneado por la OMC y todavía no les cayó la ficha de que estamos en un mundo de bloques, que EEUU están llenos de demandas por proteccionismo en la OMC, que China es hoy la que reclama libre comercio internacional y que los países que ellos admiran se cierran e intervienen en la economía cada vez más. El modelo Chino es de competencia abierta hacia afuera (porque ahora les conviene) y de planes quinquenales y políticas de incentivos específicos dentro. El modelo de los países aún centrales es protegerse de los chinos porque ya no pueden competir y tratar de mantener su nivel de vida apostando al mercado interno. ¿Quién hoy aplica el consenso de Washington? NADIE. Sólo en el Honorable Directorio creen en eso.

        Lo más triste es que el neo herrerismo es una versión mala del herrerismo del viejo Herrera. Herrerismo sin antiimperialismo, sin esa tradición federal y latinoamericanista que siempre tuvo el viejo (y que nos salvó de tener una base yanqui en Uruguay, nunca me cansaré de agradecérselo). ¡Hay que ver la genialidad bolsonarezca que están sosteniendo en el Mercosur! Quieren bajar aranceles sin negociar nada a cambio, bajarlos para todos y después de que los hayan bajado esperan que alguien graciosamente les conceda una contrapartida. La única moneda de negociación en comercio son los aranceles. Hay que tenerlos para tener algo para cambiar. ¿Realmente se creen en la fuerza moral del libre cambio? ¿Creen que van a darnos un premio por portarnos bien, por demostrar voluntad librecambista?

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