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Edición especial de La Mesa Internacional con Gustavo Calvo y Leo Harari
El viernes pasado culminó la edición número 56 del Foro Económico Mundial, que reunió, una vez más, a los principales tomadores de decisión del planeta en una especie de retiro en la ciudad de Davos, en medio de los Alpes suizos.
El tema de este año fue “El espíritu del diálogo”.
La idea de estos encuentros fue planteada en 1971 por el académico Klaus Schwab buscando discutir mejoras para la competitividad de las empresas europeas. En la década de 1990 la cita tomó otra dimensión y pasó a convocar a jefes de Estado, jerarcas de organismos internacionales, líderes empresariales e intelectuales.
Esta vez, en Davos 2026, asistieron casi tres mil personas de 130 países.
Buena parte de la atención internacional estuvo puesta allí. Por ejemplo, Donald Trump generaba expectativa por sus reclamos sobre sobre Groenlandia y el lanzamiento de su “Junta de Paz”. Al mismo tiempo se esperaba cómo responderían Europa y especialmente los socios de la OTAN. Y la agenda no se agotaba allí: además había oportunidades oportunidades de todo tipo para diálogos y negociaciones mano a mano entre los principales participantes.
Pero el Foro de Davos también busca salir de la coyuntura y reflexionar sobre hacia dónde va el mundo y cuáles son sus principales desafíos y por eso, más allá de los discursos políticos también hay paneles de discusión. Este año, entre otras cosas, se proponían estas preguntas: ¿Qué 2050 queremos? ¿Cómo podemos crear prosperidad sin superar los límites planetarios? ¿Cómo podemos cooperar en un mundo más cuestionado? ¿Cómo podemos implantar las innovaciones a gran escala y de manera responsable?
¿Qué dejó en esta opotunidad el Foro de Davos?










