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Israel: ¿Qué dejaron las elecciones? “Son muchos mensajes porque son muchos los mensajeros”, dice el sociólogo Rafael Porzecanski

En Perspectiva · Entrevista – Rafael Porzecanski – Sociólogo

Las elecciones parlamentarias en Israel dejaron un escenario abierto. La coalición del primer ministro Benjamín Netanyahu perdió bancas, aunque fue la más votada: obtuvo 53 de los 120 escaños de la Knesset, por debajo de los 64 que tenía tras los comicios de 2022. La oposición sionista llegó a 48 y los partidos árabes alcanzaron un récord de 19 bancas. Ninguno de los espacios reunió por sí solo los 61 votos que suelen considerarse necesarios para formar una mayoría.

“Es una votación que admite por lo menos un par de lecturas”, dijo el sociólogo Rafael Porzecanski, director de Opinión Pública y Estudios Sociales de Opción Consultores, en diálogo con Emiliano Cotelo en En Perspectiva. El oficialismo cayó, pero quedó por delante de su principal adversario: “Para las expectativas previas, esto fue un golpe para el sionismo opositor y un empuje o una relativa buena noticia dentro de un contexto de caída para el oficialismo”.

Porzecanski subrayó que el resultado no puede leerse como un enfrentamiento entre dos bloques completamente homogéneos. Las alianzas son inestables y, dentro de la oposición, conviven fuerzas de centroizquierda con partidos de centroderecha y derecha. “Derecha e izquierda en términos israelíes no equivalen a derecha e izquierda en términos uruguayos”, advirtió. En Israel, explicó, esa división está atravesada sobre todo por las posiciones frente al conflicto israelí-palestino y a la relación con la población árabe del país.

Carteles de campaña de los partidos políticos en Israel, en la previa de las elecciones del 27 de octubre. Foto: AFP

Un sistema fragmentado y un umbral que puede dejar votos sin representación

En Israel votan los ciudadanos mayores de 18 años. La elección define la integración de una única cámara parlamentaria y las bancas se distribuyen de forma proporcional, con un umbral mínimo de 3,25% para acceder a la Knesset. “Si tú votás 3,24, cero bancas. Si votás 3,26, cuatro bancas”, resumió Porzecanski.

Ese requisito busca estimular las alianzas entre partidos y evitar una fragmentación aún mayor, aunque no la elimina. La propia conformación de los espacios políticos puede cambiar después de la elección: “Son alianzas inestables”, señaló el sociólogo. Por eso, dijo, la negociación no se limita a sumar bancas dentro de los bloques que compitieron, sino que también puede implicar acuerdos nuevos, abstenciones o la formación de un gobierno en minoría.

El dirigente opositor Gadi Eisenkot y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, votan durante la jornada electoral en Israel. Foto: AFP

La elección confirmó, además, que los partidos árabes pueden tener un papel decisivo. Pasaron de 10 a 19 escaños, un crecimiento que Porzecanski vinculó con una mayor participación de los ciudadanos árabes israelíes y con una mejor coordinación electoral. En los comicios anteriores, una fuerza quedó por debajo del umbral y sus votos no se tradujeron en bancas; esta vez, las alianzas permitieron superar esa barrera.

“Los árabes enviaron un mensaje muy claro: ‘Queremos participar’”, dijo. Para el sociólogo, ese aumento de la participación también expresa que más votantes árabes consideran que acudir a las urnas puede influir en sus vidas. Mencionó entre las posibles motivaciones la preocupación por la criminalidad en localidades árabes y la percepción de desatención por parte de las autoridades.

La campaña: los ultraortodoxos y la investigación del 7 de octubre

Uno de los ejes de la campaña fue la situación de la población ultraortodoxa, en particular su exención del servicio militar. Varios partidos opositores plantearon que esa regulación debe modificarse y que los ultraortodoxos deben incorporarse en mayor medida a las fuerzas armadas. El debate tiene una larga historia: según explicó Porzecanski, la exención se remonta a acuerdos establecidos en los primeros años del Estado de Israel.

Otro punto central fue la propuesta opositora de crear una comisión independiente para investigar las fallas de seguridad que precedieron al ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. La discusión, señaló, enfrentó a la oposición con el Likud, el partido de Netanyahu, en torno a la asignación de responsabilidades por lo ocurrido.

La respuesta israelí en Gaza y las perspectivas del conflicto, en cambio, tuvieron escasa presencia. “Se discutió poco sobre ese tema, y se discutió poco sobre lo que viene”, afirmó Porzecanski. Añadió que el establecimiento de un Estado palestino quedó fuera de la agenda de varios partidos y que el debate sobre Gaza tiene elementos de tabú en la sociedad israelí: “Es un tema que a la sociedad israelí le está costando discutir con apertura, con franqueza”.

La cuestión de los rehenes sí generó debate, pero, de acuerdo con el análisis del sociólogo, no abrió una discusión amplia sobre el futuro de la guerra ni sobre las acciones de Israel en Gaza. Los partidos árabes, por su parte, defendieron los derechos de los palestinos que no viven dentro del Estado israelí y publicaron mensajes que mostraban la situación en la Franja.

Netanyahu, una figura que divide más allá de la izquierda y la derecha

La imagen internacional de Israel y la relación con sus aliados también aparecieron en la campaña. La oposición cuestionó la gestión diplomática del gobierno y sostuvo que algunas decisiones y declaraciones habían contribuido al deterioro de la imagen del país. Entre las figuras más criticadas estuvo el ministro Itamar Ben-Gvir, por sus declaraciones y acciones, que generaron cuestionamientos incluso dentro del oficialismo.

Benjamin Netanyahu. Foto: AFP

La figura de Netanyahu fue otro eje de la disputa. Aunque perdió votos, mantuvo un respaldo importante y su partido siguió siendo central para cualquier negociación. “Es una figura primerísima de la política israelí, guste o no guste”, afirmó Porzecanski. También la describió como una figura que “divide aguas”, incluso más allá de la tradicional división entre izquierda y derecha.

Esa polarización quedó reflejada en las propuestas de algunos dirigentes opositores de formar una coalición con el Likud, pero sin Netanyahu. El sociólogo señaló que uno de ellos instó a dirigentes del partido oficialista a abandonar al primer ministro y sumarse a un gobierno alternativo.

Tres escenarios para formar gobierno

Porzecanski enumeró tres caminos principales. El primero es que no haya acuerdo y se convoque a nuevas elecciones. Israel ya atravesó un período de repetición de comicios entre 2019 y 2022. A juicio del sociólogo, una nueva elección podría favorecer a Netanyahu, porque seguiría en el cargo mientras se desarrolla el proceso y podría disminuir el impulso de quienes reclaman un cambio.

La segunda posibilidad sería que la oposición sionista alcance un acuerdo con algunos partidos árabes. La alianza tendría obstáculos: durante la campaña varios dirigentes descartaron esa opción o evitaron definirse con claridad. “Si quiere gobernar, alguna promesa tiene que romper”, dijo Porzecanski. Netanyahu, agregó, intentaría impedir que ese entendimiento se concrete, entre otras cosas cuestionando la legitimidad de una eventual participación árabe en el gobierno.

Un hombre vota en un centro electoral de Israel durante los comicios del 27 de octubre. Foto: AFP

El tercer escenario sería un gobierno de unidad entre el Likud y el partido opositor liderado por Gadi Eisenkot. Porzecanski lo consideró poco probable, en particular porque algunos partidos de la oposición no aceptarían integrar una coalición con Netanyahu. Un acuerdo de ese tipo podría dividir al bloque opositor y requeriría negociar qué sectores participarían y bajo qué condiciones.

El análisis de los escaños tampoco descarta un gobierno en minoría. Como explicó el sociólogo, una coalición podría llegar al poder si obtiene suficientes apoyos o abstenciones de otros partidos, aunque para aprobar asuntos como el presupuesto sí se requieren mayorías más amplias.

Las negociaciones pueden extenderse durante semanas. En ese proceso, señaló Porzecanski, también puede pesar el resultado de las elecciones de medio término en Estados Unidos. “Cuanto mejor le vaya a Trump, ceteris paribus, mejor resultado para Netanyahu”, sostuvo. Un resultado favorable a los demócratas podría aumentar la presión sobre el primer ministro, en un contexto en que el respaldo bipartidista estadounidense a Israel se ha debilitado.

La votación, concluyó, dejó “muchos mensajes” porque también hay “muchos mensajeros”. La sociedad israelí, dijo, está “dividida en tribus políticas, en tribus sociales”, con fracturas que conviven con algunas continuidades. El crecimiento de los partidos árabes, la persistencia del apoyo a Netanyahu y la falta de una mayoría clara muestran que el resultado no resolvió la disputa política: abrió una nueva etapa de negociaciones.

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