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EMILIANO COTELO (EC): “La mujer más poderosa del mundo, Sanae Takaichi”.
Así titulaba The Economist uno de sus principales artículos en la edición del fin de semana, en la que indicaba que la primera ministra de Japón tiene una oportunidad única para reformar el país.
Takaichi, del Parido Demócrata Liberal, obtuvo una victoria contundente en las elecciones parlamentarias de este mes abriendo la puerta a avanzar en un conjunto amplio de reformas.
Con esas expectativas de fondo, en las últimas semanas se observaron movimientos fuertes en las variables financieras de Japón, con ganancias abultadas a nivel bursátil.
Para analizar qué significa esta victoria y cuáles son los desafíos que enfrenta una de las principales economías del mundo, estamos en contacto con el economista Alejandro Vallcorba, de la consultora Exante.
ROMINA ANDRIOLI (RA): Alejandro, como marcaba Emiliano recién, las bolsas en Japón tuvieron aumentos muy importantes en las últimas semanas. En particular, el índice Nikkei acumula un aumento de 12% en solo dos meses. ¿Por qué el entusiasmo del mercado con los resultados de esta elección?
ALEJANDRO VALLCORBA (AV): Los resultados sugieren que el gobierno va a tener un mayor espacio político para desplegar nuevos estímulos fiscales y dar impulso a sectores estratégicos como defensa y tecnología.
Como indicaba Emiliano, el resultado electoral fue mucho más contundente de lo que se esperaba. El Partido de Takaichi, obtuvo 316 de las 465 bancadas de la cámara baja. De esta forma, por primera vez en mucho tiempo, el gobierno cuenta con una mayoría lo suficientemente amplia como para impulsar reformas y negociar el presupuesto con menores condicionamientos. La fortaleza política de un gobierno es algo que los mercados suelen valorar porque reduce la incertidumbre sobre el rumbo económico.
Entonces, 12% de incremento de la bolsa en solo dos meses es un número importante, y más si consideramos que en el conjunto del año pasado el índice Nikkei había aumentado 25%.
De todas formas, tampoco hay que perder de vista que este rally en Japón se dio en medio de semanas muy favorables para las acciones fuera de Estados Unidos. En Asia vimos avances importantes en varios índices regionales (por ejemplo, la bolsa de Singapur aumentó 6% en lo que va del año), y hubo un flujo global hacia mercados desarrollados no estadounidenses.
En síntesis, el entusiasmo probablemente combina tres factores: estabilidad política, expectativa de estímulo fiscal y un giro en los flujos de cartera.
RA: ¿Y no recoge también expectativas de más crecimiento? ¿Cómo se viene desempeñando la economía japonesa?
AV: La economía japonesa viene desempeñándose con dificultades desde hace ya varias décadas. Recordemos que a partir de los años 90 el crecimiento prácticamente se estancó. En las últimas tres décadas, el PIB creció en promedio alrededor de 0,9% anual, un ritmo muy bajo e inferior al de otras economías desarrolladas.
Es cierto que en 2025 se observó un leve repunte, con un crecimiento algo superior al 1%, pero las proyecciones no son demasiado alentadoras, el crecimiento esperado para los próximos años es de 0,5% promedio anual.
De todas formas, hay algunas señales positivas: por ejemplo, luego de un período de deflación en Japón, que sabemos que tiene efectos negativos porque distorsiona las decisiones de consumo e inversión, la inflación se ubica entorno a 2%-3% anual, lo que permitió que el Banco Central de Japón comenzará a normalizar su política monetaria.
RA: A ver Alejandro, ¿cómo es eso? ¿qué significa, en la práctica, que la economía japonesa esté entrando en una etapa de “normalización” de su política monetaria?
AV: El Banco de Japón fue durante años el banco central más expansivo del mundo, justamente para sacar a la economía de ese pozo deflacionario. Implementó tasas de interés negativas en el tramo corto de la curva y compras de bonos que buscaban controlar el tramo largo de los rendimientos.
Ese esquema está empezando a desmontarse, aunque de forma muy gradual. Las tasas subieron desde terreno negativo y el mercado espera que puedan volver a incrementarse si la inflación muestra señales de repunte.
RA: Queda claro, ahora ¿cómo calza la agenda de Takaichi en este contexto de bajo crecimiento?
AV: Bueno, Takaichi ha venido haciendo mucho énfasis en la necesidad de dinamizar la economía.
Por un lado, busca impulsar la actividad a través de incentivos a la inversión, apoyo a sectores tecnológicos y a industrias estratégica, con una política fiscal expansiva, de mayor gasto público. La idea principal es romper con esa inercia de bajo crecimiento que Japón arrastra desde hace décadas.
Por otro lado, su agenda tiene una lectura geopolítica. Japón mantiene una alianza muy sólida con Estados Unidos, en un entorno regional desafiante, con China y Corea del Norte como focos de tensión. De hecho, esta semana Trump anunció su apoyo a Takaichi y que Japón realizará inversiones en Estados Unidos a cambio de una reducción de sus aranceles.
En este contexto, existe también una presión creciente para aumentar el presupuesto en defensa. Este es un debate de larga data en Japón, ya que su constitución pacifista de posguerra limita la expansión de las fuerzas armadas.
Si bien los lineamientos concretos de gasto se conocerán con mayor detalle en los próximos meses, cuando el Ejecutivo presente el proyecto presupuestal y se inicie su discusión parlamentaria, el sesgo fiscal va a ser expansivo. De hecho, además de aumentar el gasto, en campaña, también se plantearon rebajas de impuestos, en particular una rebaja transitoria de impuestos a alimentos y bebidas.
Todo esto puede apoyar el crecimiento en el corto plazo, pero los mercados van a mirar con atención cómo se financia, porque Japón tiene un nivel de endeudamiento elevado.
RA: Bueno, justamente por eso te quería consultar, Japón tiene una deuda pública muy elevada y los titulares de estos días volvían a poner en el centro del debate los cuestionamientos sobre la sostenibilidad fiscal. ¿Como están viendo esa discusión?
AV: Recordemos que Japón tiene la deuda pública bruta más alta entre las economías desarrolladas: supera los 230% del PIB. Para ponerlo en perspectiva, Estados Unidos está en torno al 120% y el promedio de la eurozona ronda el 90%. Es decir, el punto de partida ya es exigente. En este contexto, cualquier señal de mayor expansión fiscal, como recortes impositivos o más gasto en defensa, naturalmente despierta preguntas sobre sostenibilidad.
En este sentido, en las últimas semanas vimos un aumento en los rendimientos de los bonos largos: el bono a 10 años se ubica alrededor de 2,3% y el de 30 años cerca de 3,6%, niveles que son elevados para la historia reciente japonesa.
Esta suba puede estar empezando a incorporar preocupaciones sobre el impacto fiscal de las medidas y la sostenibilidad de las finanzas públicas japonesas.
Si las tasas se mantienen más altas, eso encarece el costo de financiamiento y puede ir aumentando la carga de intereses, lo que vuelve más sensible la dinámica de la deuda.
Ahora bien, también hay atenuantes importantes. El déficit fiscal es relativamente acotado en comparación con el tamaño del stock de deuda, gran parte de esa deuda está en manos de inversores domésticos —bancos, aseguradoras, fondos de pensión— y Japón es además uno de los mayores acreedores del mundo, con importantes activos en el exterior. Eso hace que la posición neta sea menos frágil de lo que sugiere la cifra bruta.
Dicho esto, la tensión existe: hay que equilibrar el impulso al crecimiento con una señal clara de disciplina fiscal para no deteriorar la confianza en el mediano plazo.
RA: Bien Alejandro, para ir cerrando, decías recién que la economía japonesa es una gran tenedora de activos en el resto del mundo. Antes solía haber una concepción más clara de Japón como “potencia”, en los últimos años eso parece estar bastante desdibujado. ¿Cuán relevante es hoy Japón para la economía mundial?
AV: Japón tuvo un período de crecimiento extraordinario después de la Segunda Guerra Mundial. Entre los años 60 y 80 creció a una tasa promedio anual del orden de 7%. Ese crecimiento formidable acumulado durante más de 20 años, la situó en esa época como la segunda economía más grande del mundo después de Estados Unidos.
Sin embargo, como decía antes, a partir de los años 90 la historia cambió: un período de estancamiento, con crecimiento por debajo del 1% promedio anual durante tres décadas y episodios prolongados de deflación.
De todos modos, en términos absolutos Japón sigue siendo un actor de enorme peso en la economía mundial. Hoy es la cuarta economía más grande del mundo por PIB nominal, detrás de Estados Unidos, China y Alemania, y quinta si se ajusta el PIB por poder de compra. Además, tiene un ingreso per cápita elevado, propio de una economía desarrollada.
Pero más allá del crecimiento, la relevancia de Japón va mucho más allá del tamaño del PIB. Japón es un actor central en la industria automotriz, en semiconductores, componentes electrónicos, en robótica y en maquinaria de alta precisión, cadenas de valor que son críticas para la economía global. Además, es uno de los mayores acreedores netos del mundo, con importantes activos financieros en el exterior. Y, quizás más importante aún, es una pieza clave en el equilibrio geopolítico del Asia-Pacífico. En un contexto de competencia estratégica entre Estados Unidos y China, Japón es un socio estratégico y un jugador fundamental en la arquitectura económica y de seguridad de la región.












