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La Tertulia de los Viernes con
Mariana Blengio, Juan Grompone, Rafael Mandressi y Ana Ribeiro
La insistencia del presidente estadounidense, Donald Trump, por hacerse de Groenlandia, ha hecho que esta gran isla entre los océanos Atlántico Norte y Ártico, esté en el centro del tablero geopolítico global.
Groenlandia cuenta con poco más de dos millones de kilómetros cuadrados de superficie, de los cuales el 80% están cubiertos de hielo. Pero bajo esta capa glaciar hay tierras raras con hierro, zinc y otros minerales, aunque su economía se sustenta en la pesca y la exportación de camarones.
Culturalmente la isla está vinculada desde sus primeros pobladores, hace mil años, con los colonizadores vikingos y noruegos. Hoy la población se compone de los nativos inuits (comunmente llamados esquimales), y descendientes de europeos.
En Groenlandia viven unas 57 mil personas, su capital es Nuuk, y su Jefe de Estado es el rey Federico décimo de Dinamarca pero el territorio tiene un Primer Ministro y su propio parlamento.
La isla no pertenece formalmente a la Unión Europea pero sí se considera dentro de la OTAN porque su defensa está a cargo de Dinamarca que es miembro de esa alianza militar del Atlántico Norte.
En este escenario, Dinamarca ha recibido un respaldo explícito de sus socios europeos y aliados de la OTAN. Francia, Alemania, Suecia, Noruega y Canadá manifestaron su apoyo a la soberanía danesa sobre Groenlandia y en los últimos días reforzaron su presencia militar en la isla mediante ejercicios conjuntos y despliegues coordinados, mientras avanzan iniciativas diplomáticas como la apertura de consulados en Nuuk.
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