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La Tertulia de los Lunes con
Miguel Brechner, Martín Bueno,
Pablo Díaz y Lucía Zapata

Cuba confirmó el viernes que mantiene conversaciones con Estados Unidos, mientras inició la excarcelación de presos políticos como parte de un acuerdo con el Vaticano, el histórico mediador entre los dos países.
El presidente Donald Trump insiste con un cambio de régimen en Cuba, ubicada a solo 150 km de Estados Unidos. Según Washington, la isla representa una "amenaza excepcional" por sus estrechas relaciones con Rusia, China e Irán.
Trump instó a Cuba a "alcanzar un acuerdo" o enfrentar las consecuencias.
En las últimas semanas, la isla atraviesa por una crisis energética que ha paralizado casi por completo su economía después de que Washington cortara los envíos de petróleo desde Venezuela, su principal proveedor, y amenazara con sanciones a otros países que le vendan combustible.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz Canel, reconoció en un video transmitido en la madrugada del viernes por la televisión nacional que funcionarios de su Gobierno dialogaron con Estados Unidos para buscar soluciones al bloqueo impuesto en la isla.
“Hay factores internacionales que han facilitado estas conversaciones”, dijo Díaz Canel. Además, aclaró que el propósito de estas conversaciones es, “en primer lugar, identificar cuáles son los problemas bilaterales que necesitan una solución”.
Posteriormente, en conferencia de prensa, Díaz Canel volvió a referirse al proceso de diálogo y señaló: “Esto es un proceso muy sensible que se aborda con responsabilidad y mucha sensibilidad”.
“Hemos expresado nuestra voluntad de continuar el proceso bajo los principios de la igualdad y el respeto a los sistemas políticos de ambos países, a la soberanía y a la autodeterminación”.
Las declaraciones de Díaz-Canel confirman lo dicho por Trump, que a mediados de enero indicó que su gobierno mantenía conversaciones con altos dirigentes de la isla.
Después de esta noticia, durante el fin de semana se registraron varias protestas en las calles cubanas por los prolongados apagones y la falta de alimentos.
En una de ellas una sede provincial del Partido Comunista, el único autorizado en el país, fue asaltada por manifestantes indignados.
En todo el país muchos cubanos expresaron su descontento con protestas nocturnas, que en la mayoría de los casos se redujeron a cacerolazos en la vía pública o desde el interior de sus viviendas.
El presidente cubano, Miguel Díaz Canel, reconoció el "malestar" social en la isla, pero denunció los actos vandálicos y aseguró que para esos hechos "no habrá impunidad".
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