
El Parlamento Europeo otorgó el premio Sájarov 2026 a la Corte Penal Internacional (CPI) y a sus funcionarios, en reconocimiento a su labor en defensa de la justicia internacional.
La decisión se conoció en un momento en que el tribunal enfrenta amenazas y sanciones de Estados Unidos y dos semanas después de que la exmagistrada de la CPI Navanethem “Navi” Pillay recibiera el Nobel de la Paz.
Según recordaba la Deutsche Welle, la CPI nació en 2002 con la idea de que ni jefes de Estado ni comandantes militares quedaran fuera del alcance de la justicia por crímenes más graves. Más de dos décadas después, investiga conflictos desde Ucrania hasta los Territorios Palestinos y Afganistán.
Creada por el Estatuto de Roma, aprobado en 1998, la CPI es el primer tribunal penal internacional permanente, y tiene hoy 125 Estados miembros que le otorgan jurisdicción para juzgar personas —no países— por genocidio, crímenes de guerra, de lesa humanidad y de agresión cuando la justicia nacional no pueda o no quiera hacerlo.
En los últimos años, se ha situado en el centro de algunas de las principales disputas geopolíticas, especialmente después de ordenar, en 2023, el arresto del presidente ruso, Vladimir Putin, por su presunta responsabilidad en la deportación de niños ucranianos desde zonas ocupadas por Rusia, lo que le ha traído amenazas y órdenes de detención emitidas desde Moscú.
En noviembre de 2024 aprobó órdenes de arresto contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su exministro de Defensa, Yoav Gallant, por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad en Gaza, motivo por el que la Administración de Donald Trump sancionó al tribunal y a varios de sus funcionarios.
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