Presidente declara duelo nacional por asesinato de tres infantes de marina

Rige hoy y mañana el duelo nacional decretado por el presidente Luis Lacalle Pou en memoria de los tres infantes de marina asesinados el domingo de madrugada dentro de una caseta en un puesto de custodia de una antena de la Armada Nacional en el Cerro, a metros de la Fortaleza.

En una breve declaración emitida anoche en Torre Ejecutiva, el presidente Luis Lacalle Pou dijo: «La indignación, la tristeza y la bronca que tiene el pueblo nacional es la misma que tiene el gobierno y el presidente de la República, pero con serenidad y firmeza quiero decirles claramente que vamos a combatir, perseguir y a capturar a el o los responsables de este homicidio, para así ponerlos en manos de la Justicia».

El mandatario, que no aceptó preguntas, y tenía a su lado a los ministros de Interior y Defensa Nacional, enfatizó: «No estamos dispuestos a naturalizar la violencia en la sociedad».

Desde el gobierno vamos a utilizar todas las herramientas constitucionales y legales que permitan utilizar la fuerza del Estado para repeler la agresión a los ciudadanos uruguayos y aquellos que habiten nuestro país.

Los cuerpos sin vida de los tres infantes de marina fueron descubiertos próximo a las 8 de la mañana del domingo por los soldados que iban a hacer el relevo en la guardia. 

Los militares dieron cuenta a la Policía, que al llegar al lugar ingresó a la caseta, y observó a dos infantes de marina tendidos en el piso con sangrado abundante y con un disparo de arma de fuego en la cabeza. El tercer marino fue encontrado tendido sobre un colchón también con herida de arma de fuego, según se informó.

Los homicidas se llevaron las armas de reglamento de los militares, que eran pistolas Glock 9 mm.

La Tertulia de los Lunes con Martín Bueno, Teresa Herrera, Rodolfo Saldain y Santiago Soto.

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Foto en Home: Luis Lacalle Pou junto a Javier García da una conferencia de prensa por las ejecuciones a tres infantes de marina, en Torre Ejecutiva, Montevideo. Crédito: Daniel Rodriguez /adhocFOTOS

Candela Stewart

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4 Comentarios

  • Es muy importante en este delito que se logre aclarar el modus operandi y el móvil. Por lo pronto esto ha producido una gran conmoción cuyo efecto en la sociedad y en las instituciones está por comprenderse. Esto puede ser útil para atemorizar a los agentes armados del Estado, a los jueces, a quien sea que tenga un frente de batalla abierto con el delito. También puede terminar siendo un «incendio del Raichstag» que justifique un recorte de los derechos civiles y de las instituciones para «pacificar el país». Quién va a sacarle provecho a esto puede ser una buena pista para entender para qué hicieron esta carnicería.

    Hay cosas inquietantes a priori que, si se confirman a posteriori, requieren tratar de entenderlas.

    1. Si el móvil era robar armas, ¿tiene sentido que no hayan robado armas largas ni chalecos antibalas? Es curioso que quien quiere una glock para cometer un asalto desdeñe un chaleco o no valore el poder de fuego que le da un fusil de asalto.

    2. Si entraron y los ejecutaron sin que quedaran rastros de lucha ¿Cuántos eran para que no les diera tiempo a defenderse a ninguno de los 3? ¿Los precibían las víctimas como una amenaza?

    3. Si entraron tan preparados como para controlar a los 3, ¿cómo sabían que no había 10? ¿De qué información disponen y cómo la obuvieron?

    Un ciudadano común, antes de pegarle un tiro a un delincuente, piensa en todo lo que tiene para perder si lo mata y no logra probar su legítima defensa. Todo eso los delincuentes lo saben y esa asimetría de enfrentarse a gente que paga consecuencias y ha construído una vida en torno al trabajo, les rinde muchísimo.

    La gente que hizo esto debía saber que no tenía absolutamente nada que perder, sabían que iban a salir ilesos de ahí. Entrar a copar un predio militar es algo que requiere mucha sangre fría y confianza en un plan. No es lo mismo que entrar a gritos y culatazos a robar un comercio con gente indefensa. La gente que está ahí está bien armada, está entrenada y tiene orden de repeler un acto como este con la fuerza que sea necesaria. Responden ante la justicia militar, además, que usa criterios que son los de la guerra.

  • Quiero además acordar con Martín Bueno en que las cárceles están llenas de delincuentes. Son en su mayoría pobres, hombres y jóvenes y eso es un dato importante de cómo y porqué se delinque. Pero decirlo como lo dijo Herrera hace pensar que están ahí por ser pobres. Están allí por delinquir y son muchos menos que los que han hecho del delito su modo de vida.

    Los delincuentes de «guante blanco» está claro que se defienden mejor, pero son numéricamente muchos menos, jamás la cárcel va a estar llena de ellos. Es que la sociedad de clases en la que vivimos tiene muchos pobres y pocos ricos. Por cada narco local grande debe haber cientos de «dealers» de barrio. Morabito mueve un neogocio del tamaño del PBI uruguayo ¿Cuántos miles de dealers tiene? Observar esa diferencia numérica y concluir que entonces los presos están mal presos es una trampa retórica.

    De paso, lo que les da negocios a los tipos como Morabito es que lo que ellos comercializan está prohibido. Eso hace que se requiera organizaciones muy violentas para asegurar el tráfico y la cadena de distribución del producto. No nos hagamos los desentendidos porque las sociedades occidentales hemos optado en el SXX por construir ese enemigo y, de paso, darle una razón para existir. Hasta el agua gacificada tendría una mafia asociada si estuviera prohibida.

  • perdón, gas en español va con s, no con z. Es gasificada. Sepan disculparme.

  • A esta hora cayeron todas las conjeturas de conspiración, parece que la responsabilidad no recae en la guerrilla radical de izquierda, ni en el poderoso narcotráfico organizado, ni en los marcianos cabezones de piel verde.
    Ayer, con los cadáveres tibios aún, la avenida de la estupidez se pobló de transeúntes ávidos de ardides del mal, oportunistas carroñeros e integrantes obsecuentes, vociferando a lo bruto o con mal disimulo sutil.
    No espero sus disculpas (ni el imposible verano en agosto), pero deberían darlas, deberían no por los nadie como yo, sino por ellos mismos; cada día el espejo les enfrenta y les devuelve.

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