Vecinos de Canelones se manifestaron en apoyo a personas que golpearon a un ladrón

La justicia condenó a seis años de prisión por un delito de rapiña agravada, porte ilegal de armas y uso de arma de fuego a un rapiñero que fue atrapado y golpeado por vecinos ante la mirada de efectivos policiales, en la localidad de Casarino, Canelones.

La fiscal a cargo del caso, Sylvia Lovesio, además acordó una pena de tres años de prisión para la mujer de 19 años que acompañó al ladrón en el asalto a la pollería.

La investigación continuará hoy para determinar la responsabilidad de los policías y los vecinos que detuvieron, castigaron y amenazaron al rapiñero.

Ayer, vecinos de Casarino se manifestaron en apoyo a las personas que lograron capturar al ladrón. Diego del Valle, referente de la Coordinadora Nacional de Vecinos en Alerta, reconoció a El Observador “que hubo excesos en el arresto ciudadano” pero recordó que el ladrón disparó hacia el grupo que lo perseguía con intención de matar.

Del Valle dijo que los vecinos ya habían reclamado más seguridad y denunció “omisión” de las autoridades.

La Mesa de los Miércoles con Ligia Almitrán, Guillermo Fossati, Adriana Marrero y Armando Sartorotti.

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Candela Stewart

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9 Comentarios

  • Aunque seguramente sólo a mí me importe -por “tocayismo”- empiezo por aclarar que si bien soy oyente, no soy el oyente Gustavo que envió el mensaje que leyó Cotelo.

    ¡Me pareció excelente el intercambio de la Mesa sobre este tema!
    Lo abordaron con la sensatez que la problemática requiere y sacaron punta con lucidez sobre varios aspectos fundamentales, como el mencionado por Ligia Almitrán sobre la filmación.

    Pero me pregunto cuán representativa de nuestra sociedad es esa mirada. Porque cuando uno lee los comentarios del público sobre este asunto en los portales de los principales medios de comunicación, o en las redes sociales, son bastante inquietantes.
    Y ahí no hay de emoción violenta, ni de reacción espontánea, ni de efecto turba. Tampoco parecen diferir mucho por nivel sociocultural. Puede haber un sinceramiento brutal por la ilusión de anonimato que provocan las redes, pero, en cualquier caso, son intervenciones dignas de estudio para comprender mejor qué es lo que sucede.

  • la queja de la inseguridad está llegando a niveles paranoicos en toda la sociedad. aquí se dice que se actúa de esa manera porque la policía no responde y parece que nadie hace consciente que la policía llegó en pocos minutos, teniendo que presenciar el linchamiento por añadidura. si no se le ocurrió recurrir al tiro al aire, puede considerarse omisión?

  • MANUEL DA FONTE
    Montevideo
    Jueves, 17 Mayo 2018 04:20
    Publicado En ECOS De El País
    Reina la impunidad

    @|La impunidad frente a los delitos considerados menores, no hace otra cosa que alentar las carreras delictivas, y favorecer el incremento del número de delitos, además de promover que se cometan delitos de mayor porte o con mayor agresividad.

    Todo ello queda evidenciado en una nota de El País, publicada el 5 de mayo, titulada “Vecinos asediados por delincuentes en Palermo” que describe muy bien, cómo la ausencia de sanción o consecuencias frente a la comisión de delitos, no hace más que alentar a los delincuentes y darles la sensación de omnipotencia, que los lleva a persistir en su actividad aún frente a testigos.
    Pero esta impunidad que alienta al delincuente, produce al mismo tiempo desazón e impotencia en la ciudadanía, que ve como las autoridades, que son los depositarios del monopolio del uso de la fuerza y la sanción penal, no actúan para poner freno a la sucesión de delitos.

    Ello, además de rabia e impotencia, alienta una sensación de que es necesario que otros se encarguen de impartir la justicia, que las autoridades omiten aplicar en forma efectiva, ante tan flagrante actividad delictiva reiterada por sujetos plenamente identificados.
    Basta ver los reiterados comentarios en la noticia expresando que la única solución pasa por la justicia por mano propia, incluyendo la aplicación de castigos físicos ejemplarizantes a manos de particulares, así como la aplicación lisa y llana de la pena de muerte, en muchos casos eufemísticamente llamada rifle sanitario.

    Estamos en una situación explosiva, al borde de la anarquía, en muchas zonas de la ciudad, inclusive en barrios antes considerados alejados de estas situaciones.

    Esto se refleja en la pérdida del ejercicio de la autoridad estatal, y la sustitución del Estado por la acción de particulares.

    En esta etapa a manos de delincuentes, que determinan por sí y ante sí, quién pasa y quién no sin ser robado, además de que en muchos casos establecen la justicia por mano propia, inclusive con la pena de muerte, dictada y ejecutada por particulares, eufemísticamente llamada ajustes de cuentas, para que no parezca lo que es.

    En otros países ya se vivió esta situación y evolucionó hacia la aparición de grupos civiles armados que decidieron aplicar la justicia que el gobierno omitía aplicar.

    Así surgieron los escuadrones de la muerte en Brasil, los Pepes y diversos grupos paramilitares en Colombia, y últimamente en las favelas de Río.
    Nada bueno puede esperarse de estos grupos, así como tampoco de ningún gobierno que gobierne por la fuerza y alejado de los controles democráticos.

    Pero en la situación actual, cada vez más gente va a estar dispuesta a apoyar soluciones de este tipo, frente a la inseguridad creciente, y muchos estarán dispuestos a hacerlo por mano propia.

    O se le pone freno a esta situación, evidentemente cambiando radicalmente lo que se ha hecho hasta ahora, que solo ha obtenido fracasos, o seguiremos progresando en esta etapa de sustitución de la autoridad estatal a manos de particulares, que es la evolución natural de la guerra civil molecular, que lleva a una etapa final de anarquía, de dónde solo se puede volver atrás mediante la toma por parte de alguna autoridad, con ejercicio de la fuerza, del control de la sociedad.

    No parece que ni las autoridades, ni la cúpula sindical, ni gran parte de los integrantes del partido de gobierno, perciban la gravedad de la situación en la cual se encuentra nuestra sociedad.

    El propio Presidente acaba de minimizar la situación de inseguridad en la cual nos encontramos, en el último Consejo de Ministros en Florida. Me hacen acordar a los nobles en Versalles, aislados de la sociedad y del mundo, encerrados y desconectados de la realidad.

    Hasta que el mundo ilusorio en el cual vivían dentro de las rejas del palacio, finalmente colapsó.

  • Estoy de acuerdo con Manuel;
    Bonomi hace poco que admitió que la inseguridad es un desmadre, que es un descontrol y que no sabe como desandar el camino.
    Más allá de que estoy convencida que sus antecedentes tupas son la fuente de su incompetencia en brindarnos seguridad y orden, hay que recordar es que el propio Estado está imponiéndonos la revisión del contrato social del que nos explicó Locke.
    El hombre absolutamente libre cedió parte de su libertad a favor del Estado para que le de seguridad, orden suscribiendo el contrato social. El contrato social es aceptado mientras que el Estado brinda sus prestaciones de forma razonable.
    En nuestro país el Estado resolvió retirarse (aunque no impositivamente) y no brindarnos más ni seguridad, ni educación ni ningún tipo de prestación de mediana calidad.
    Es así que lentamente hay quienes están resolviendo romper ese contrato.
    La verdad es que hace años que cada día me asusto más y coincido totalmente con Fattoruso que hoy expuso su punto de vista sobre el actual gobierno en La Polémica (perdón por la propaganda para un competidor)

  • ¿Cuál es exactamente la situación de «inseguridad?
    Seguro que hay varias respuestas y algunas contradictorias, algunas honestas otras no, algunas mas acertadas otras mas erróneas.
    La actuación de tres o cuatro vecinos «indignados» configura delito: justicia por mano propia, ni arresto ciudadano, ni legítima defensa.
    La campaña -y el negocio- de infundir miedo permean y alientan a ciudadanos comunes a ponerse en la misma condición que dicen combatir: la condición de delincuentes.
    A los autores materiales, el ladrón & cia -ya condenados-, a los «justicieros» tornados horda bárbara, les cabe castigo; los autores intelectuales de enardecer masivamente, de forma implícita o explícita, estan impunes.

  • No es verdad que esto es una reacción por una sensación de indefensión.
    Esto es producto de un azuzamiento consciente y voluntario de ciertos operadores políticos. Están jugando con fuego.
    No estoy de acuerdo con que ancestralmente estemos inclinados a la violencia. Hace siglos que los seres humanos, luego de procesos largos y dolorosos, hicimos un contrato social para ponernos de acuerdo en respetar las leyes que nos rigen a todos. La ley es igual para todos, son tan delincuentes estos «justicieros» como el delincuente mismo.

  • Lo que dice Armando Sartorotti es muy interesante, con respecto a la localidad de Toledo, habitada en su mayoría por efectivos militares. Es para pensarlo seriamente.

  • La ley no está ausente, eso es una gran mentira. Esa es la gran mentira que está haciendo mucho daño, lo peor es que los que pregonan esa falsedad lo hacen buscando estos resultados nefastos. El Uruguay tiene 12.000 personas presas en su mayoría jóvenes, es el país de Latinoamérica con mayor cantidad de presos en relación a su población. Se puede decir que la ley está ausente? No subestimen a los ciudadanos.

  • Ana Moraes:
    El número de presos no permite inferir el nivel de aplicación de las leyes.
    El número creciente de delitos permite reducir que las medidas tomadas son ineficaces. La multiplicación por tres de las rapiñas ( implica el ejercicio de la violencia) son un índice claro de lo anterior y del incremento del número de delincuentes.
    El aumento de homicidios también indica lo anterior.
    El muy bajo índice de esclarecimiento de robos y rápidas, que está por debajo del 5% y que lleva a que se procesen delincuentes únicamente en menos del 3 % de los delitos cometidos indica con claridad la ineficacia, la inacción y la ausencia de estado.
    La sensación de impunidad e indefensión no son más que la consecuencia de la falta de aplicación de la ley en el 97% de los delitos cometidos entre hurtos y rápiñas.
    Son los números que muestran la realidad y no se trata de apreciaciones subjetivas o meras sensaciones.

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