
En 2025 Uruguay experimentó un notable aumento de episodios de violencia en contextos escolares que encendieron una profunda alarma pública.
Varias escuelas vivieron agresiones directas contra docentes, familias y estudiantes, que llevaron a medidas excepcionales como paros de maestras y movilizaciones gremiales.
En Montevideo, por ejemplo, se registró al menos cinco agresiones significativas en escuelas públicas, incluida la invasión en la Escuela 123 en Jardines del Hipódromo por parte de una madre acompañada de adolescentes, que golpearon a niños, padres y docentes, y provocaron la suspensión de actividades y convocatorias sindicales.
Estos casos y otros conflictos previos en diferentes centros educativos pusieron la violencia escolar en el centro del debate educativo y social.
La columna “La escuela sitiada por la lógica del golpe”, publicada por Juan Pedro Mir en El Observador en noviembre del año pasado, propone una lectura que va más allá del impacto inmediato de un episodio de violencia escolar. No se detiene solo en el hecho —la irrupción de una madre y un grupo de jóvenes que agreden dentro de una escuela— sino que lo presenta como un punto de inflexión, una escena límite que obliga a repensar qué lugar ocupa hoy la escuela en nuestra sociedad. Y plantea básicamente tres puntos necesarios: primero: adultos visibles y que pongan limites justos; segundo: una “trama institucional que sostenga” teniendo presente que “la escuela no puede sola”; y tercero: tiempo para la convivencia.
Sobre eso les proponemos reflexionar… Juan Pedro, profundiza vos primero en estas ideas…
La Tertulia de los Viernes con Marcia Collazo, Pablo Eguren, Juan Grompone y Juan Pedro Mir










