En Perspectiva

Resultados de Uruguay en pruebas PISA 2025: "Esta estabilidad relativa se logra en un sistema educativo que es más inclusivo", con más cobertura y menos repetición, dice Laura Noboa (ANEP)

En Perspectiva · Entrevista – Laura Noboa – Coordinadora de la evaluación PISA en Uruguay – ANEP

La coordinadora nacional de la evaluación PISA en Uruguay, Laura Noboa, analizó en En Perspectiva los resultados de la edición 2025 de las pruebas organizadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En comparación con la medición de 2022, Uruguay mejoró en Ciencias y registró una leve caída en Lectura y Matemática. El puntaje en Ciencias fue de 444,5 puntos, nueve puntos más que en la edición anterior. En Lectura alcanzó 423,2 puntos, lo que supone una caída de 7,2 puntos, mientras que en Matemática obtuvo 449 puntos, 3,8 menos que en 2022. Según Noboa, esta última variación no es estadísticamente significativa.

En cuanto al porcentaje de estudiantes que alcanza el nivel mínimo aceptable o más, los resultados fueron de 64,2% en Ciencias, 56,6% en Lectura y 42,1% en Matemática.

“En el caso de Matemática nos mantuvimos estables”, explicó Noboa, aunque advirtió que esa área “viene bajando y que en promedio está peor, con logros más descendidos que las otras dos áreas”.

Una mejora en la cobertura

En diálogo con Emiliano Cotelo, la coordinadora de PISA sostuvo que los resultados deben analizarse dentro de un marco más amplio de calidad educativa, que incluya los aprendizajes, la cobertura y las trayectorias de los estudiantes.

“Esta estabilidad relativa se logra en un país que es más inclusivo en términos de la proporción de estudiantes de 15 años que tienen educación media”.

Noboa explicó que la cobertura pasó de 75% en 2013 a cerca de 90% en la actualidad. Además, el 81% de los estudiantes de 15 años se encuentra en el grado esperado para su edad, un avance importante respecto de una década atrás.

“Si yo elijo los mejores, mi puntaje va a mejorar. Si yo incluyo a todos, que en general los que quedan fuera del sistema son más vulnerables, con menores desempeños, los promedios en general tienden a bajar”, señaló.

En ese sentido, consideró que Uruguay logró mantener una relativa estabilidad en los resultados al mismo tiempo que incorporó a más estudiantes al sistema educativo. “No era obvio que al incluir más estudiantes se mantuviera esa estabilidad”, planteó.

Sin embargo, también marcó los problemas que persisten. En Ciencias, según explicó, casi tres de cada diez estudiantes no alcanzan el nivel mínimo; en Lectura, cuatro de cada diez quedan por debajo de ese umbral, y en Matemática son seis de cada diez.

Las brechas socioeconómicas

Noboa identificó la inequidad de los aprendizajes como uno de los principales desafíos del sistema educativo uruguayo.

“Uruguay, junto con Latinoamérica, pero en particular Uruguay, es de los países donde las desigualdades socioeconómicas explican en mayor medida también las desigualdades educativas”, sostuvo.

Como ejemplo, señaló que en Ciencias el 47,2% de los estudiantes más vulnerables alcanzó el nivel 2 o superior, mientras que entre los estudiantes del nivel socioeconómico más alto ese porcentaje llegó al 87,6%.

Estudiante de secundaria en clase. Foto: Ricardo Antúnez / adhocfotos

“En otras palabras, de 10 estudiantes de mejor nivel socioeconómico que alcanzan los logros mínimos, solo cinco de nivel socioeconómico bajo lo logran”, resumió.

La coordinadora destacó que la mejora de la cobertura y el avance en las trayectorias educativas no se tradujeron todavía en una reducción equivalente de las brechas en los aprendizajes.

La comparación con los mejores

Noboa relativizó la importancia de los rankings regionales y sostuvo que Uruguay debe analizar sus resultados en relación con los países que tienen los mejores desempeños a nivel mundial.

“Yo lo que trato de evitar es ese ranking”, dijo. Según explicó, Uruguay se encuentra en los primeros lugares de América Latina junto con Chile, pero mantiene una diferencia importante con el promedio de la OCDE y con los sistemas educativos de mejor desempeño.

La especialista mencionó a Turquía y Estonia como países que deberían ser observados, debido a que lograron mejorar o mantener sus resultados a partir de reformas sostenidas. En el caso de Turquía, destacó la profesionalización de los docentes, la entrega de libros de texto y el desarrollo de investigación pedagógica.

Por otra parte, señaló que los países con mejores resultados no necesariamente aplican un único modelo educativo. Algunos tienen sistemas más selectivos y otros son más inclusivos; algunos presentan una fuerte centralización y otros otorgan mayor autonomía a los centros.

“La discusión no es centralización versus autonomía”, sostuvo. A su entender, la comparación internacional debe servir "para analizar qué decisiones toma cada país" y "en qué contexto obtiene determinados resultados".

Presentación de los resultados de las pruebas PISA. Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS

El impacto de la tecnología

Durante la entrevista, Noboa también se refirió a las hipótesis sobre la caída mundial de los resultados en Lectura y Matemática. Entre ellas mencionó los efectos de la pandemia, el uso de teléfonos celulares y la incorporación de la inteligencia artificial. “Lo que genera el uso de los dispositivos digitales, principalmente de los celulares, es una forma distinta de abordar lo que es la lectura y la escritura”.

También advirtió que el uso de herramientas digitales puede afectar la capacidad de los estudiantes para leer textos extensos, identificar ideas principales y sostener el esfuerzo necesario para comprenderlos.

Sobre la inteligencia artificial, señaló que algunos países optaron por prohibirla en los procesos de aprendizaje, mientras que otros buscan incorporarla para enseñar a formular preguntas, analizar respuestas y comprender cómo funcionan los algoritmos.

Reformas y continuidad

Noboa sostuvo que los resultados de PISA 2025 "no permiten medir el impacto específico de la transformación curricular impulsada en el período anterior". Según explicó, los resultados obtenidos por estudiantes de 15 años reflejan al menos diez años de escolarización y, por lo tanto, son consecuencia de múltiples políticas y experiencias acumuladas a lo largo de toda la trayectoria educativa.

“La evidencia muestra que cuando las mejoras en educación, la posibilidad de mover la aguja en algo lleva tiempo”, señaló.

En ese sentido, consideró necesaria cierta estabilidad para sostener los cambios. “Cuando queremos hacer cambios en la educación, los sistemas educativos en el mundo necesitan cierta estabilidad porque las cosas llevan tiempo”, concluyó.

Comentarios