
La posibilidad de que Brasil y Australia utilicen parte de la cuota de carne que China asignó a Uruguay generó preocupación en el sector. Aunque el Gobierno dio el visto bueno a esa posibilidad, la vicecanciller Valeria Csukasi aclaró que Uruguay no puede reasignar el cupo por sí solo: se necesita la aprobación de China, que todavía no había sido otorgada.
El productor e ingeniero agrónomo Carlos Amonte dijo que sorprendió la forma en que se conoció la noticia. “Enterarnos nosotros a través del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, de que Uruguay no va a cumplir con la cuota” fue, a su juicio, una “desprolijidad”. Sostuvo, además, que el eventual incumplimiento no era imprevisible: “Esto no es nuevo; cualquiera que sabe del tema sabía que no íbamos a cumplir con la cuota”.
China asignó a Uruguay una cuota anual de 324.000 toneladas para cada uno de los años del período 2026-2028. La carne que ingresa dentro de ese cupo paga un arancel del 12%; por encima de ese volumen, el arancel sube al 55%. Amonte explicó que los cupos rigen año a año y que el saldo que no se utiliza no se puede trasladar al período siguiente.
Según cifras del Instituto Nacional de Carnes citadas por El Observador, Uruguay había exportado 118.000 toneladas a China en los primeros nueve meses del año. Amonte estimó que las ventas podrían llegar a 160.000 toneladas al cierre de 2026, por lo que quedarían sin utilizar alrededor de 164.000 toneladas de la cuota. “Nos están faltando 160.000 toneladas”, resumió.
Amonte advirtió que desaprovechar el cupo tendría consecuencias económicas. “Sería el peor negocio que podemos hacer” si Uruguay pierde la cuota y luego intenta volver a venderle a China con un arancel del 55%, sostuvo. La asignación, señaló, reconoce al país como proveedor de ese mercado y permite acceder con una tarifa mucho menor.

Para explicar la falta de animales, Amonte apuntó al efecto de la sequía, que se prolongó durante tres años. En ese período, dijo, muchos productores vendieron vacas para reducir el riesgo de mortandad, liberar los campos y hacer frente a sus gastos. Esa decisión tuvo un efecto posterior: al bajar la cantidad de vacas, también disminuyó la cantidad de terneros y, más adelante, la de novillos disponibles para faena. “Cuando empieza a llover y hay pastura, te sobra pastura y te falta ganado”, resumió.
El productor mencionó también otros factores que inciden en la oferta. Entre ellos, la venta de vaquillonas a edades más tempranas, que reduce la cantidad de hembras que quedan en el campo para reproducirse; el engorde en corrales, que acelera la salida de animales hacia los frigoríficos; y la exportación de ganado en pie. Amonte estimó que unos 400.000 terneros se habían exportado a mercados como Turquía y países árabes.
No planteó prohibir la exportación de ganado en pie, sino competir por esos animales con mejores precios. “El ganadero criador le vende a la exportación en ganado en pie porque se lo pagan. Si tú vienes y le pagas más, te lo va a vender a ti”, afirmó. A su entender, así los animales podrían continuar en el país y llegar más adelante a los frigoríficos.
Como medidas para aumentar la producción, propuso mejorar la alimentación del ganado, extender el riego, construir represas y producir más maíz. También sostuvo que sería necesario aumentar la cantidad de terneros y recomponer el stock, con políticas que se mantengan en el tiempo. Amonte estimó que un incremento de cinco puntos porcentuales en la preñez podría contribuir a ese objetivo, aunque reconoció que para algunos productores sería más difícil que para otros.
Otra alternativa que planteó fue aumentar el peso de los animales que se envían a faena. Como ejemplo, propuso llevar los novillos de 500 a 550 kilos, con más días de alimentación en corrales. “Con muy pocas medidas se podría lograr”, concluyó.















