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“El horror de este hecho nos interpela porque esta muerte fue el punto final de una vida de sufrimiento en soledad y desamparo institucional”.
Así termina el comunicado de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo emitió esta semana sobre el asesinato de Jonathan Correa, de 15 años, ocurrido el pasado viernes.
En este caso espantoso de violencia intrafamiliar que se extendió durante más de diez años hubo numerosas denuncias, intervinieron varios organismos, todas las alarmas se activaron pero nada de eso impidió que los golpes continuaran y que la tragedia culminara de la peor manera.
Ahora, una vez que sucedió el fallecimiento, se fueron produciendo reacciones: una investigación administrativa en el Ministerio del Interior, un informe que pidió la Suprema Corte de Justicia, una convocatoria al Parlamento de las autoridades del INAU y otras instituciones involucradas. Esas líneas de trabajo permitirán obtener información sobre la ominosa omisión en la que incurrió el Estado en esta historia. Y ojalá deriven en aprendizajes y reformas para el futuro.
De todos modos, este drama deja también otras preguntas.
¿Qué más se puede hacer cuando se denuncia y no hay respuesta de las instituciones responsables? ¿Existe alguna forma alternativa para rescatar a una víctima de un ciclo de violencia así? ¿La comunidad educativa y/o los vecinos tienen herramientas para hacer algo más? ¿Cómo se puede ayudar?
Emiliano Cotelo conversó con Teresa Herrera, socióloga especializada en Violencia de Género, consultora de organismos internacionales en estos temas.

Teresa Herrera
- Doctora en Ciencias Sociales (Universidad de Buenos Aires)
- Posgrado en Comunicación Social (Ciespal)
- Licenciada y profesora de Sociología (Universidad de Buenos Aires)
- Coordinadora de la Cátedra de Género y Generaciones de la Universidad Claeh














