


Presenta: Universidad Católica del Uruguay
El sábado 4 de octubre, Día del Patrimonio, como ya es tradición, organizamos Radiomundo De Puertas Abiertas.
Recibimos a ustedes, nuestros oyentes, para que puedan conocer nuestro lugar de trabajo, recorrieran la gran galería del ciclo ArteUyEnPerspectiva, para que nos comenten cómo reciben cada día los programas de Radiomundo, y para celebrar los 40 años de En Perspectiva con testimonios y charlas.
En nuestro estudio en el piso 2 los oyentes de Radiomundo conocieron (o se reencontraron) con los conductores de los diferentes programas. En el rooftop en el piso 18 con la vista 360 de Montevideo, llevamos a cabo entrevistas y charlas con personas que vivieron y formaron parte del equipo de En Perspectiva a lo largo de estos 40 años.
Un recorrido por los inicios de En Perspectiva 40 años atrás
Con Alejandra Borques, Diego Barnabé, Sabela de Tezanos y Julio César Corrales.

40 preguntas sobre los 40 años de En Perspectiva
En esta instancia, fueron Emiliano y Romina a quienes que les tocó responder. Los oyentes preguntaron, y contaron curiosidades sobre el programa, desde cómo se produce, hasta cómo se proyectan en el futuro y cuántos años más va a seguir existiendo En Perspectiva.
En Perspectiva. 25 años y más.
Con Carina Novarese, periodista y autora del libro; y Virginia Arlington, escritora y editora del libro.
Exjefes de producción que formaron el equipo de En Perspectiva en diferentes épocas
Con Andrés Gil (jefe de producción entre 2002 y 2007), Daniel Supervielle (jefe de producción entre 2007 y 2014) y Javier Castro (jefe de producción entre 1998 y 2001), repasamos anécdotas del equipo de producción y momentos históricos que les tocó cubrir.

¿Cómo se creó La Tertulia?
Recibimos a dos de los integrantes del primer plantel de La Tertulia, Daniel Buquet (politólogo) y Mónica Bottero (periodista y escritora).

Técnica y Comercial: puntales detrás de todo lo que es En Perspectiva Producciones
Conversamos con Laura Rinaldi (gerente comercial) y Guillermo Martony (ingeniero eléctrico, técnico del equipo) sobre cómo se creó En Perspectiva Producciones, el valor que ofrece y cómo se mantiene.
Entrevista a Emiliano Cotelo en Oír Con Los Ojos

Fernando Medina (FM) —En junio de 2025, En Perspectiva, clásico del periodismo político, creado en 1985 por Enrique Alonso Fernández, Carlos Núñez y Claudio Paolillo, para FM del Palacio, y que casi desde el comienzo dirige y conduce Emiliano Cotelo, cumplió 40 años de trayectoria en la radio uruguaya.
Para nuestro programa, En Perspectiva es una referencia absoluta, como para todos los programas de radio, en tanto propuesta esencialmente política; después, es una referencia que a lo mejor no deberíamos mirar tanto, sus temas más importantes en principio son otros, pero que miramos de todos modos. ¿Por qué no podemos, después de todo, entrevistar a un escritor como En Perspectiva entrevista a un ministro? Por supuesto, en los últimos tiempos, En Perspectiva es además para nosotros una referencia cercana: compartimos emisora, contamos con su apoyo, participamos –siquiera un poco– de su aventura.
Con Emiliano Cotelo, nuestro invitado en esta nuestra última entrevista del año, queremos hablar de su programa de radio y en particular de cómo piensa y ejecuta sus referenciales entrevistas. Queremos saber si, en tanto hijo del gran periodista cultural Ruben Cotelo, tiene una relación personal con la literatura, le interesa un cierto escritor, es novelista, es ensayista, tiene clásicos de cabecera… qué sé yo, esas cosas. Por otro lado, qué conversaciones actuales o eternas lo apasionan, cómo se prepara, en una palabra, para seguir haciendo periodismo.
Emiliano Cotelo tiene la amabilidad de visitarnos en estudios. Bienvenido, gracias por estar acá.
EMILIANO COTELO (EC) —Gracias. Gracias por la invitación, gracias por tomar en cuenta los 40 años de En Perspectiva, y gracias a los oyentes por aceptar esta dosis adicional de Emiliano Cotelo un sábado a las 11 de la mañana.
FM —Saludos también para Emanuel Bremermann, que me acompaña en la conducción. Bienvenido. Creo que a los oyentes les gusta por empezar eso: Emiliano fuera de contexto.
EMANUEL BREMERMANN (EB) —Me parece un buen punto de partida.
FM —Los sábados, por otra parte, nos son días de radio para vos. ¿A quién le estamos sacando tiempo: ¿a Cotelo el abuelo, a Cotelo el chef, a Cotelo el lector?
EC —Una de esas opciones queda descartada enseguida: Emiliano Cotelo el chef no existe, directamente. Yo qué sé, con esta entrevista acá le estamos sacando tiempo al Emiliano Cotelo oyente de Oír con los ojos, porque escucho este programa, pero sí, el sábado de mañana también es un momento obviamente de descanso, para tomar aire libre, para hacer familia, y también para leer e informarme. Porque esa parte del trabajo no para ningún día de la semana.
P —¿Podés olvidar un rato la actualidad sin la lectura? ¿Va por ahí y meterte de lleno en la lectura de una novela?
EC —Es difícil. Por ejemplo, los sábados de mañana, ya que empezaba por ahí la pregunta, temprano lo que hago es informarme, punto. Empiezo el día sacándome la tarea de actualización a propósito de cómo están las cosas, la lectura de los diarios; en la medida de lo posible me gusta leer diarios en papel, los que existen.
P —Todos los que se impriman.
EC —Que todavía existen. Y después, en cuanto al tiempo libre y la posibilidad de la lectura más allá de lo que es insumo para el trabajo periodístico, la verdad, por lo menos en estos últimos años, ese tiempo es escaso. Por dos razones: una, porque el trabajo mío no es solo En Perspectiva, que insume una dedicación importante; yo también estoy al frente de En Perspectiva Producciones, la empresa productora, la coordinación de esta radio, de Radio Mundo, entonces las jornadas laborales son bastante largas. Y por otro lado también es cierto que a los efectos del programa tengo que leer mucho de una diversidad enorme de temas, porque nos propusimos una agenda amplísima. Tengo que leer mucho y no siempre puedo agotar esa tarea en lo que serían horarios de trabajo, entonces muchas veces también esas otras lecturas me ocupan el “tiempo libre”.
P —Señales de época. Viste que acerca del valor de leer novelas hay muchos clisés, incluso de los buenos, de los que aceptamos: el ensanchamiento de mundo, la posibilidad de vivir muchas vidas. Más allá de que sea necesario para tu trabajo, ¿cuál es hoy, según tu mirada, el valor de informarse?
EC —¿En qué sentido?
P —En el sentido de que vale la pena estar informado. Vos lo hacés para tu trabajo, pero indudablemente se lo estás proponiendo después a tus oyentes de un modo muy protagónico también.
EC —Creo que es fundamental, me parece que siempre ha sido fundamental para la toma de decisiones, el ciudadano tiene que conocer el terreno en el que le toca pronunciarse, ya sea en las elecciones o en una encuesta, cuando lo consultan de una empresa que hace encuestas. Tengo la impresión de que en los últimos años eso cobró otra dimensión por todo este fenómeno de –llamémosle así– las redes sociales y cómo circula otro tipo de información o “información”. Me parece fundamental que haya espacios como el nuestro, no es el único, donde se procese la información con rigor y se le ofrezca un servicio a la audiencia de ese tipo. Y del otro lado, me parece clave que la gente tenga dónde nutrirse, dónde verificar, dónde chequear; para empezar, que tenga esa intención, que tenga esa inquietud. Creo que hay una tentación grande de quedarse en el círculo cercano, el de la gente que piensa más o menos lo mismo, de quedarse con la sensación de que recorriendo X –ex-Twitter–, Facebook y algunas otras redes ya se está al día, con eso alcanza, con unas frases cortas, con lo que me cuentan otros, con eso ya estoy. Creo que eso no es cierto, es un escape, es una solución liviana y riesgosa.
EB —Creo que sabés que uno de los primeros Cotelo que conocí fue Felipe, con quien compartimos clase en la Universidad Católica…
EC —Mi segundo hijo.
EB —… Pero otro de los Cotelo, que conocí también en la Universidad Católica, fue tu padre, que mencionaba Fernando en el arranque, Ruben, porque en la biblioteca de la universidad hay muchísimos libros que eran parte de su biblioteca, donados.
EC —Sí, sí, está la biblioteca completa de mi padre. Está distribuida en la colección de la biblioteca de la Universidad Católica; no está como un bloque, no son determinados estantes, está distribuida, está intercalada, pero está toda.
P —Y hay algo que los une además, más allá de que no esté toda junta, que es la identidad.
P —Claro, y sobre todo te quería preguntar cómo recordás esa relación con esa biblioteca en particular, la de tu padre. Ya que estamos hablando de la lectura, ¿qué te acordás de esos estantes, de esos tomos? ¿Los revisabas? ¿Son como un primer acercamiento para vos también a la lectura?
EC —Sí, sí, por supuesto. Esa biblioteca fue fundamental en mi vida, en la de mi familia, en la de mis hermanos. Cada uno de mis hermanos tiene sus actividades, su profesión, pero a todos nos marcó esa biblioteca. Esa biblioteca era protagonista en mi casa, porque ocupaba un espacio enorme. La biblioteca que fue a la Católica creo que era de unos trece mil, quince mil ejemplares, pero siempre fue grande, dese que nosotros éramos chicos, y estaba distribuida en las paredes, no era que había una habitación donde se colocaban todas las estanterías. Entonces el tapizado de las paredes de mi casa eran libros, por lo tanto era la compañía permanente, constante. Pero además, claro, era una fuente de alimentación intelectual en todo sentido.
P —Libros mayormente humanísticos, presuponemos.
EC —Sí, mayoritariamente humanísticos. Pero también había excepciones. Era una biblioteca de literatura, pero también filosofía, historia, sociología, una cantidad de categorías. Sí seguramente nosotros, mis hermanos y yo, y yo en especial, desde chicos, desde que empezamos a leer libros, le prestábamos atención a la parte de literatura, y acá atamos con tus preguntas a propósito de novelas, ficción, etcétera.
P —Y no en cambio a la ingeniería, esa esquina que apareció después.
EC —No, creo que no, que en esa biblioteca la ingeniería no estaba y mi vocación profesional inicial fue en ese sentido toda una sorpresa en la familia.
P —Te llevamos, ahora sí, a uno de los focos quizás centrales de esta entrevista, que es hablar de lo que ha sido En Perspectiva para vos y también para los oyentes y demás. Pensemos un poco en junio de 1985-junio de 2025. Si tuvieras que llevarnos a aquel momento –el programa en el comienzo iba de 11 a 13 en Emisora del Palacio, que era una FM, la 93.9–, ¿te acordás de cómo arrancaba el programa, qué partes tenía?, ¿qué particularidades no olvidás? Llevanos a ese momento iniciático.
EC —El programa empezaba con una música que quiero recuperar, la cortina inicial está en mi memoria pero no la tengo; me suena, soy muy malo cantando pero podría tararearla.
P —Porque no es beach trails, que suena a veces, esa vino después.
EC —No, esa vino después, cerca de 1990, por allí, cuando hicimos un cambio, cuando entendimos que había que hacer una renovación. Entonces empezaba con una música que hoy no tengo archivada, pero que sé que voy a encontrar de nuevo. La presentación del programa estaba grabada por los dos locutores de Emisora del Palacio en aquella época, que eran Delfi Galbiatti y Beatriz Fonseca. Y por supuesto introducía lo que nosotros nos proponíamos, eso de observar la actualidad con distancia, por eso lo de En Perspectiva, un título, un nombre un poco complicado, pero que quería decir eso. Y después tenía una serie de secciones, tenía por supuesto un lugar para la entrevista, pero no solo eso; recuerdo por ejemplo que Claudio Paoolillo hacía un bloque que se llamaba “Del Palacio al Palacio”, porque se ocupaba de la actividad parlamentaria; para hacer ese espacio, él venía del Palacio Legislativo al Palacio de la Música o a la Emisora del Palacio. Había un segmento internacional que hacía Carlos Núñez, esa era su especialidad. Había un espacio para temas económicos, distinto del que tenemos hoy, pero también la economía figuraba, pese a que ninguno de los que hacíamos el programa era experto en economía. Era de ese estilo. No tengo en la memoria todas las secciones… Ah, había un espacio que se llamaba “Claves”, que tomaba algún asunto que estuviera en la actualidad y trataba de pasarlo en limpio y aportarle al oyente los puntos determinantes, era un espacio conversado.
P —¿Llegaron a estar los cuatro juntos al aire en algún momento? Porque imagino una mesa más bien chica.
EC —Era una mesa redonda… Está en algunas fotos que incluimos en el archivo de la web. Era una mesa redonda chica… No sé si nos juntábamos los cuatro, en algún momento puede ser que sí, pero sí de a tres, de a tres llegábamos a estar. Dependía un poco de las actividades de cada uno, porque todos teníamos otras tareas, ya en aquella época existía el multiempleo en el periodismo. Y ninguno de nosotros vivía de En Perspectiva cuando En Perspectiva empezó. Es más, ese programa era una gran apuesta a cómo funcionara comercialmente, y lo hacíamos porque cada uno de nosotros trabajaba en otro medio de comunicación.
P —Hoy el nombre del programa es muy claro, En Perspectiva como quien da un paso atrás para observar mejor un edificio, salvo que ese edificio, como decís todos los días, es Uruguay y el mundo. Vos has dicho sin embargo que allá, en los 80, ese nombre tenía un significado extra. ¿De qué se trataba?
EC —A ver… […]
P —¿Por qué En Perspectiva significaba algo más, quizás algo con una carga relacionada con el contexto?
EC —Sí recuerdo bien por qué dije aquello. La cosa es esta: en determinados medios de comunicación siempre ha existido la tentación de la brevedad, de plantear los temas de manera superficial, la sensación que nosotros teníamos era de que estaba ganando espacio, que estaba ganando lugar una forma de abordar lo que sucedía muy liviana, muy enfocada en la necesidad de que el oyente o el televidente no se distrajera y se fuera. Nos daba la impresión de que quien se informaba de esa manera no llegaba al fondo de los hechos y de los temas. Entonces creo que nosotros en algún momento usábamos la comparación con “la ñata contra el vidrio”, etcétera; como que no era bueno estar con la ñata contra el vidrio, había que tomar distancia y había que dedicar más tiempo, a los temas había que dedicarles un poco más de tiempo, no era cuestión del picadillo ese, con el picadillo no alcanzaba.
P —Eso en un contexto de una nube militar que a lo mejor no se terminaba de ir del todo. Podía llegar a tener una carga de subversión desde el periodismo, algo así, estoy terminando de interpretarlo bien.
EC —Sí, estábamos todos “consolidando la democracia”, la democracia era una novedad, algo que estábamos recuperando, y había que afirmarla, sostenerla. Yo no sé si seriamente llegábamos a pensar en la posibilidad de un golpe de Estado que diera marcha atrás aquel proceso, pero estaba claro que dentro de las Fuerzas Armadas había elementos que conservaban una cuota importante de poder y que, por ejemplo, los eventuales juicios por violaciones a los derechos humanos en la dictadura eran un factor muy crítico, muy delicado. Ahí había riesgos para la democracia; si no de un golpe, por lo menos de recortes al poder soberano, en fin. Por ese motivo también era que entendíamos que el ciudadano, que todos nosotros teníamos que ser muy conscientes, teníamos que estar bien plantados, informados, comprometidos, y a eso queríamos aportar.
P —Recién cuando introducías la idea del nombre, decías que En Perspectiva al principio quizás era hasta complejo de decir…
EC —Complejo de escribir.
P —También. Hoy creo que estamos todos de acuerdo en que es un nombre que está muy instalado en el ecosistema mediático e informativo del país. ¿Cuándo sentís que eso sucede, que el nombre En Perspectiva efectivamente está presente en el imaginario colectivo? ¿Hay un momento claro?, ¿es un proceso? ¿Cómo lo ves?
EC —Creo que hay que ubicar ese comienzo en la década de 1990, entre 1990 y 1995, cuando pasamos con En Perspectiva a El Espectador. El programa nació en una FM, una FM importante, Emisora del Palacio era importante y era importante en ese momento de la transición. Había sido importante en el final de la dictadura y era importante en el comienzo de la democracia. No era una FM cualquiera. Había pocas FM, además, y no es que fuera una radio de música, era mucho más. Pero en definitiva era una radio montevideana, montevideana y algo más, el alcance de la FM era ese.
P —¿Qué tanto más grande era En vivo y en directo en ese sentido en Sarandí?
EC —Ah, bueno, no. Por un lado estábamos en una radio de alcance reducido, y por otro lado, en materia de programas periodísticos en radio había títulos y colegas mucho más potentes. El caso en particular de Néber Araújo y de En vivo y en directo, ese programa era “la referencia” de mañana en radio. Nosotros éramos “los desafiantes”, caíamos, nos proponíamos ser los desafiantes, entre otras cosas haciendo el programa de una manera diferente, con otros criterios. Ahí estaba En vivo y en directo, y respetábamos mucho lo que ellos hacían; a Néber lo considero una referencia para mí, ha sido importante, yo aprendí mucho de Néber y después tomé mis propias dediciones y mi propio camino. Pero adonde voy es a que cuando pasamos a radio El Espectador, nos asociamos con una marca absolutamente identificada con el Uruguay, la República Oriental del Uruguay.
P —La primera radio.
EC —Sí, la primera radio, una tradición. Una radio que estaba en problemas, que había entrado en decadencia por una serie de razones, pero que todavía conservaba en la población, en la gente, una penetración importante. Por suerte, afortunadamente, con los propietarios de la radio en ese momento, Luis de María y después sus hijos, estuvo la decisión firme de rescatar esa radio, de relanzarla. Ese proceso llevó a que En Perspectiva alcanzara una dimensión que no teníamos. En primer lugar, porque llegábamos a todo el país; he contado más de una vez cómo nos cambió la cabeza eso, cómo nos cambió la cabeza, diría, a los pocos días de estar haciendo el programa en El Espectador, cuando, no sé, al dar el informe del tiempo dijimos que venían lluvias y que era una mala noticia. Enseguida empezaron a llegar llamadas –en ese momento eran llamadas– o cartas cuestionándonos, porque “nosotros escuchando acá –no sé–, en Tacuarembó o en Artigas y esa agua es para nosotros algo necesario, imprescindible”. Tuvimos que acostumbrarnos a eso e hicimos clic. Además, creo que el trabajo que hacíamos, por la forma como lo hacíamos, porque fuimos creciendo y En vivo y en directo fue haciendo su proceso también, avanzó mucho en la agenda, en la atención de los formadores de opinión, de los colegas de otros medios, empezamos a ser a ser una referencia a la par de En vivo y en directo, y después –habría que ver las fechas– tengo la impresión de que quedamos nosotros en ese lugar. También jugó de manera importante la creación, un poco más adelante, de Espectador.com.
P —Claro, ya en tiempos de internet.
EC —Porque con Espectador.com, que fue pionera en radio en internet en Uruguay, radio El Espectador pudo ser pionera. Una de las ventajas que logramos fue que lo que hacíamos, el trabajo periodístico que hacíamos, no se lo llevaba el tiempo. La radio tiene eso, la radio es divina, tiene cantidad de valores y de ventajas, pero en principio no queda nada. Por supuesto, ahora estamos en otra historia, en otra época, pero en principio, sobre todo en el trabajo periodístico, una entrevista, un informe que pudiera haber sido bueno…
P —Se esfumaba en el éter.
EC —… se esfumaba en el éter y si alguien quería escucharlo… Había gente que nos llamaba para pedirnos las grabaciones, eso pasaba muchas veces. Con Espectador.com todos los días publicábamos las grabaciones de las notas y casi al principio también las transcripciones. Eso fue importante también a los efectos de ocupar ese lugar que tú decías.
P —También dieron algunos pasos atrás en el horario: las 8, las 7.30, las 7… Eso fue también en el período 85-90.
EC —Ah, bueno, está bien, estás completando las razones. Sí, sí, las 11 de la mañana era un horario interesante cuando empezamos, era un horario muy político del final de la dictadura, había varios programas periodísticos a esa hora. Te diría que había marcado ese horario Germán Araújo en CX 30 con su editorial. El editorial de Germán Araújo iba a las 11 de la mañana, a las tres de la tarde y se repetía de noche, pero la edición original en vivo era a las 11 y captaba mucha atención. No era un programa periodístico, era un editorial, pero había marcado ese horario. Y bueno, las 11 de la mañana había dado lugar a varias propuestas. En Radio Centenario, que era importante en aquella época, y había otro programa también. Pero habernos corrido, habernos animado a corrernos a los horarios más tempranos, a las 8, que era el horario de comienzo de En vivo y en directo, y después dar dos pasos más, adelantarnos media hora y después media hora más y quedar en las 7, quedar en el horario que más bien la gente identificaba con los informativos, esas decisiones creo que también influyeron. Implicaban tomar riesgos, jugar o tratar de jugar en la misma cancha cara a cara, ¿no?
P —Competir.
EC —Pero fueron positivas.
P —Hablamos de cambiar de radio, de cambiar de horario. Estamos hablando de empezar a cargar las entrevistas y los informes a los primeros compases que había de la web. Y esto, pasar de recibir cartas manuscritas a wasaps, leer diarios…
EC —En el medio estuvieron los SMS.
P —Sí, todas esas transiciones tecnológicas. Después eso, pensar la radio en una idea más multiplataforma, hay muchos cambios en este proceso de los 40 años…
P —Infinitos.
P —… y siempre tendemos a hablar de los cambios, pero también queremos preguntar sobre lo que no cambió, qué no cambió en En Perspectiva, qué se mantiene, ya sea por convicción, ya sea porque es útil o fructífero para lo que el programa busca, esas cosas que no cambiaron.
EC —Sí, hay señas de identidad permanentes. Una yo la podría resumir en esta palabra: rigor, que después ha ido adquiriendo manifestaciones distintas, pero el rigor, estudiar mucho. Y por otro lado la independencia. Mencionaría esas dos grandes características. Pero lo del rigor es importante; ya que ustedes hablaban hace un rato de las entrevistas, nosotros preparamos cada entrevista como si fuera un examen, pero al revés, nos preparamos para preguntar bien en vez de para contestar bien. Ahí tenemos un ejemplo, el rigor. El programa tiene partes muy estructuradas y partes un poco más distendidas, partes totalmente libretadas y partes más conversadas, pero en las dos, una inquietud, una obsesión diría, es que esos segundos que el oyente nos destina le resulten provechosos. Incluso cuando se hace una broma al aire o se lee un mensaje de un oyente, que todo resulte útil, le aporte al oyente, ya sea porque le aporta información o porque le desacomoda la cabeza y lo ayuda a pensar. Eso tiene que ver con el rigor, porque, por ejemplo, si vamos a leer mensajes de oyentes, elegimos antes, no leemos cualquier mensaje; aquellos mensajes que nos despiertan dudas porque capaz que incluyen un bolazo o una impresión caprichosa, arbitraria, seguramente no los tomamos en cuenta, buscamos aquellos que ayudan. Entonces capaz que ese término resume de manera extendida la respuesta a esa pregunta.
P —Y en esa idea del rigor, abriendo un poco la cancha, ¿notás, por lo que decís, que la forma en la que tomamos o se toma desde el periodismo el rigor también va tomando otras formas y demás? ¿Notás que hay en el ecosistema mediático un acercamiento quizás un poco más laxo al rigor hoy en día?, ¿se ha mantenido rigurosamente? ¿Cómo lo estás viendo?
EC —Es incómodo contestar esa pregunta, yo no quiero ponerme en juez del trabajo de los colegas. Pero me parece que es bastante evidente, creo que se lo acepta, es un hecho, que en el mercado, que en la oferta de lo que podríamos llamar programas periodísticos, hay distintos estilos. Y hay uno, que en algún momento se llamaba infotainment, que mezcla el trabajo sobre la información y lo periodístico con entretenimiento y le incorpora chistes, personajes, bromas, escenas, por ejemplo está eso. Es otra manera de trabajar, que tiene la ventaja probablemente de resultar atractiva para una cantidad de gente, para un cierto público.
P —¿Y a vos no te convence?
EC —Tiene esas ventajas y es una opción. Hay otra parte en la respuesta a Emanuel, pero no te quiero dejar sin la pregunta tuya.
P —Creo que queda claro escuchándote que no te convence y me pregunto: si no te convence el infotainment –ya que usaste esa palabra–, ¿es por razones tuyas personales o por unas convicciones generales a propósito de cómo debe ser, por ejemplo, un programa periodístico?
EC —Sí, son razones personales. Yo tengo una forma de trabajar, ahí quizás aparece el ingeniero que no fue, el ingeniero que no fue influye mucho en Emiliano Cotelo y en el programa En Perspectiva, eso sin duda está de por medio. Por otro lado, siento que nosotros hacemos periodismo, que hacemos el programa, En Perspectiva en particular, como un servicio público, utilizamos ese término muchas veces, como un servicio público que juega un papel en la sociedad. Puede sonar presuntuoso, puede sonar exagerado, pero nosotros queremos jugar un papel en la sociedad, no queremos influenciar a la población hacia un partido o hacia el otro, hacia un candidato o hacia el otro, pero sí queremos contribuir a que la población o la parte de la población a la que logramos llegar sea una ciudadanía responsable. Y me parece que en el sistema de medios de comunicación tiene que existir este espacio, tiene que existir esta forma de encarar la actualidad nacional y la del exterior, porque la del exterior también tiene que ver con lo de En Perspectiva. Entonces, esta forma de hacer periodismo y de hacer comunicación tiene que existir, nosotros nos paramos como –no sé cómo llamarlo– un límite, como un mojón y nos empecinamos en eso.
Esa es la respuesta a tu pregunta. En cuanto a la de Emanuel, si había otras maneras…
EB —Básicamente, en esta idea de que el rigor también se ha transformado y evolucionado, si notás que quizás es un poco más laxo hoy en día.
EC —Yo creo que hay otro motivo. Por un lado está lo que estaba comentando recién, esa manera de hacer periodismo como una opción que busca entretener, captar más audiencia, etcétera, pero después está lo otro, que ha venido ocurriendo en los últimos años, que es el empobrecimiento de los medios de comunicación periodísticos, el empobrecimiento como consecuencia de una serie de factores, y creo que todo tiene que ver con la revolución digital, a su vez. Por un lado, la enorme cantidad de opciones que hay, portales, streamings, etcétera, hay una enorme cantidad de opciones que compiten por la atracción del público, y por otro, la comercialización de la publicidad que ha ido teniendo a las grandes compañías de internet como protagonistas, como aspiradoras. Esto último en particular perjudica, le quita ingresos a lo que en otra época llamábamos los diarios o los semanarios, que tienen que tener su pata digital y en esa pata digital no logran la monetización adecuada, no logran tener los ingresos adecuados, porque el tráfico de publicidad viene manejado de afuera por Google y todo eso. Adonde voy es a que los diarios, los semanarios, creo que las redacciones de los canales de televisión también, y las radios, todos hemos ido encontrando dificultades para financiar los presupuestos. Creo que eso ha llevado a una caída de la calidad en general del periodismo uruguayo; no es un fenómeno uruguayo solo, lo que pasa es que hay otras escalas, hay países más grandes donde esto se disimula o se atenúa. Con el tamaño de nuestro mercado, la consecuencia ha sido redacciones más chicas, menores posibilidades de financiar investigación, de financiar viajes al exterior, hasta para acompañar a una delegación presidencial en una gira. Todo eso ha influido y ha llevado a que por ejemplo en radio haya programas que se hacen de manera muy ligera, simplemente –acá voy a exagerar– abriendo el micrófono y hablando, cargando detrás poco trabajo de producción. Eso hoy ya existe, está pasando también.
P —Una más, sobre el rigor y sobre la lectura para cerrar esta primera parte de la conversación. Un senador hace algo al parecer inconstitucional, inmediatamente el costado del espectro político que acusa consulta a sus constitucionalistas y dice que le confirmaron que sí, que el senador en cuestión violó la Constitución. El otro costado, el que defiende, consulta a sus constitucionalistas y desde luego dice que le confirmaron que no, que todo legal. ¿Qué debe hacer el periodismo ahí?, ¿qué hace En Perspectiva? ¿Leen ustedes mismos la Constitución, se paran firmes en que los políticos no deberían ponerse a interpretar las leyes, les exigen que se limiten a respetarlas? ¿Cómo se encara un tema así, que es un tema del rigor y de la lectura?
EC —Es un tema de los últimos tiempos, particularmente actual. Lo primero que hacemos es obviamente leer nosotros la Constitución. No somos abogados, no somos juristas, pero algo hemos ido aprendiendo. Después consultar a gente de nuestra confianza que sea especialista. Y después cómo trabajar el tema… estos temas –ha habido varios últimamente– tratamos de no recargarlos en el programa, informamos de lo que está pasando, hacemos algún encare, pero no nos vamos a enfrascar en esos temas, no nos vamos a zambullir, no les vamos a hacer perder a los oyentes minutos y minutos de tiempo porque, la verdad –ahí hay una valoración nuestra, sí–, estas discusiones a nosotros, a mí en particular me resultan lamentables, me resultan preocupantes, no sé si peligrosas, pero me resultan poco constructivas, no se debería usar la Constitución, el derecho, como arma arrojadiza. Casi siempre ocurre que las discusiones, las polémicas que quedan planteadas tienen dos lecturas posibles y ya sabemos cómo va a terminar esto, va a haber algún organismo, alguna institución que se va a pronunciar, no sabemos cuál es, porque depende del caso, a veces es la Jutep, a veces es la Suprema Corte de Justicia, a veces es el Senado, el Parlamento, y ya sabemos lo que va a pasar también: la parte que no quede conforme, la parte que sostenía la otra posición, va a decir que hubo una manipulación política, que quienes tomaron la decisión no siguieron los criterios obvios en materia de técnica constitucional, etcétera. Entonces es agotador esto, el sistema político tendría que dedicarse a otros asuntos, que son perentorios, importantes.
P —Es una distracción, pero al mismo tiempo hay cosas importantes en juego que después tienen sus consecuencias en otras cosas sí importantes.
EC —Sí, de acuerdo, pero a mí me preocupa mucho que el sistema político dedique tiempo, energía, a ese tipo de discusiones en las que, para empezar, se destruye a sí mismo, hay una cuota de agresividad, de ensañamiento muy embromada. Me parece al mismo tiempo inconveniente que nosotros sacrifiquemos tiempo en esos asuntos cuando por otro lado tenemos tantas otras cuestiones a las que habría que dedicar ese tiempo. Tendría que dedicarles tiempo el sistema político y tendríamos que dedicarles tiempo nosotros como medios de comunicación. Y puedo mencionar los más obvios: asuntos como la pobreza infantil, el avance del crimen organizado, las asignaturas pendientes que tenemos en el sistema carcelario o la revolución tecnológica y lo que implica el avance de la inteligencia artificial, ante el cual hay que prepararse en todo sentido, para bien y para mal. Y algo todavía mucho más de fondo: ¿a dónde va el Uruguay? ¿Vamos a seguir creciendo a las tasas bajas a que crecemos últimamente, que no dan para que el país levante, para que se puedan financiar las políticas sociales, etcétera? ¿Cómo hacemos efectivamente para que nuestro país despegue, para que nuestro país no se quede retrasado respecto a lo que pasa en otros? Veo que esos asuntos son vitales y los dejamos; mejor dicho, el sistema político los deja al costado con mucha frecuencia para enzarzarse en este otro tipo de polémicas. Y tengo la impresión de que nosotros no deberíamos entrar en ese juego, deberíamos hacer un esfuerzo por controlar un poco nuestra agenda; estos programas se ocupan de la actualidad, pero no estamos obligados a subirnos a cualquier carro. A eso voy.
P —Estamos conversando con Emiliano Cotelo. No hace falta que diga quién es nuestro invitado, pero sí que estamos en Oír con los ojos. ¿Cómo la estás pasando, Emiliano?
EC —Bien, bien. Acostumbrándome a este otro lugar.
P —Al otro lado del mostrador.
EC —A contestar preguntas. Siempre tuve la impresión de que yo no era bueno contestando entrevistas. Entonces estoy viendo cómo salgo.
P —No das tantas, das algunas.
EC —Muy pocas.
***
P —Estamos conversando con Emiliano Cotelo a 40 años de la primera emisión de En Perspectiva, con el objetivo de extraer información.
EB —Sí, queremos aprender a hacer entrevistas tan buenas como las de En Perspectiva, porque no sé si estamos llegando más o menos a captar algo de la esencia para poder imprimirlo.
P —Creo que cuando Emiliano dijo rigor, y lo subrayó porque lo dijo más de una vez, nos dejó algo ahí, nos dejó algo para que nos quedemos pensando. Y a propósito de entrevistas, Emiliano, ¿vos tenías algún modelo de entrevistador y de entrevista cuando empezaste a hacer las tuyas políticas en la radio? Lo que Solé era para Kesman, digamos, pero en tu materia.
EC —No sé si tenía un modelo; recuerdo tres influencias en aquel momento, años ochenta y pico, tres referencias en radio en particular. Una ya la mencioné, Néber Araújo, acá en Uruguay; después en España Iñaki Gabilondo, y en Argentina Magdalena Ruiz Guiñazú. Ahí podría armar mi trío de fuentes de inspiración para el trabajo de conducción, pero sobre todo de las entrevistas.
P —Fue muy pronto que te tocaron desafíos grandes, hablando de En Perspectiva específicamente a partir de 1985, digamos entrevistar a Wilson, por ejemplo. ¿Estabas preparado?
EC —Sí, sí. Entrevistar a Wilson no fue fácil, conté en el libro que escribimos para los 25 años que en realidad lo entrevisté o participé en una entrevista con Wilson una sola vez, en Emisora del Palacio, en En Perspectiva, cuando logramos trabajosamente que fuera, que llegara hasta el estudio; además llegó tarde y nos puso muy nerviosos. Una sola vez. Pero antes había intentado preguntarle en una conferencia de prensa en Buenos Aires, cuando volvió a Buenos Aires, en el año 83, cuando se realizaron las elecciones de salida de la dictadura en Argentina; Wilson volvió y fue todo un acontecimiento. Y allá fuimos; estábamos los periodistas que de todos modos queríamos cubrir las elecciones argentinas, pero se agregaba el personaje Wilson. Fue a fines de 1983, y en la conferencia de prensa que dio se me ocurrió preguntarle, a propósito del acto del Obelisco, que acababa de tener lugar, cómo había observado, qué tenía para decir a propósito de la cadena de radio y televisión que había realizado Gregorio Álvarez, el “presidente”, el dictador Gregorio Álvarez, cuestionando el acto Y Wilson, con esos recursos retóricos que lo caracterizaban, con su toque de humor, la sonrisa, todo eso, me miró y me dijo: “¿Quién??? ¿Gregorio Álvarez?”. Todo el auditorio estalló en carcajadas, porque no había solo periodistas, había mucha hinchada, había mucho uruguayo en la sala. Ahí terminó su respuesta y yo quedé como un ridículo, desde Uruguay, habiéndole preguntado por Gregorio Álvarez. Él despachó de esa forma mi pregunta. También he contado que cinco o diez minutos después, a raíz de otra pregunta, por supuesto que Wilson comentó la cadena de radio y televisión de Gregorio Álvarez. Tenía algo para decir, pero en mi pregunta dijo simplemente eso: “¿Quién??? ¿Álvarez?”, y yo –que era muy jovencito además- quedé de lo más avergonzado en ese momento.
P —El acto de entrevistar tiene varios momentos álgidos, y uno de ellos es el comienzo, cómo romper el hielo. ¿Tenés un manual para romper el hielo?, ¿tenés esa pregunta que logra desarmar al entrevistado, o predisponer? ¿Cómo experimentás ese momento de romper el hielo?
EC —Sí, lo que pasa es que hay distintos tipos de entrevistas y por lo tanto la primera pregunta también es diferente. Pero sí, le dedico un tiempo a esa primera pregunta. Lo digo porque hay entrevistas en las que las primeras preguntas son más o menos obvias y no tienen nada de desacomodante para el entrevistado, hay entrevistas en las que al principio hay que situar un tema, hay que recordar quién es este, quién es el otro, etcétera. Pero sí, hay preguntas que vienen muy bien en determinados encuentros; una posibilidad, para descolocar al entrevistado, para desacomodarlo; otra, por el contrario, para generar un buen ambiente, porque también eso muchas veces es necesario, ir generando de a poco, con la primeras preguntas, un clima de diálogo, quizás justamente que el entrevistado rompa la coraza.
P —Hoy dijiste que entrevistar es un examen en el que se trata de preguntar bien, para ustedes. Luego, qué es preguntar bien, es hacer la pregunta con las palabras correctas o es hacer a pregunta de manera tal de propiciar la respuesta buscada. ¿Qué es preguntar bien? Cabe preguntárselo.
EC —Es muy difícil escribir un manual o enumerar reglas, por eso yo recién mencionaba ejemplos de distintos tipos de primera pregunta y para qué son. También tiene que ver la duración de la entrevista, una entrevista larga es una cosa, una entrevista corta, por teléfono, es otra.
P —Quizás más desafiante incluso, ¿no?
EC —Sí. La entrevista corta por teléfono seguramente es una nota que exige ir al grano y lo más probable es que convenga que la pregunta sea incómoda ya de pique. Por eso digo, cada nota es diferente, están las entrevistas en las que uno habla con un personaje y quiere reflejar un personaje, una carrera, una trayectoria; están las entrevistas en las que uno recorre un tema, no sé, un nuevo marco legal; están las entrevistas en las que uno se mete en un lío, en una polémica política, por ejemplo las dos entrevistas centrales que hice esta semana a propósito de la interpelación en el caso Cardama. Es distinto cada caso.
P —Y hasta dónde pinchar, hasta dónde presionar, hasta dónde insistir. Por ejemplo, viene Javier García, vos sabés que tiene mucho para decir y que va a ser un desafío poder preguntarle y poder conducir la entrevista. Tenés que tomar muchas decisiones.
EC —Ahí tenés, estas entrevistas de esta semana son un buen ejemplo de un tipo de reportaje, porque de antemano yo sé, y el equipo de producción que me acompaña sabe, que el entrevistado viene con un discurso, cada uno tiene su discurso, cada uno va a querer llevar la conversación para un lado, va a tener la obligación propia de colocar determinados temas, determinadas afirmaciones arriba de la mesa. Pero casualmente, en los dos casos, yo tenía preguntas del otro tipo, de la otra parte de esta discusión que se dio en esta semana. Y en los dos reportajes ocurrió lo mismo, con variantes. Una de las situaciones más incómodas en una de estas entrevistas políticas, etcétera, es cuando el entrevistado no contesta lo que uno pregunta. ¿Que hace el periodista? ¿Qué hace cuando el entrevistado no contesta y además larga una respuesta larga en la que no hay puntos, con lo que él quiere decir? ¿Qué hace el periodista? El periodista se ve obligado a interrumpir e insistir. La otra posibilidad es callarse y entonces por supuesto hay una parte de la audiencia que lo va a cuestionar, que va a decir que ese periodista es un conformista, un complaciente. La otra posibilidad es interrumpir. ¿Y cómo se interrumpe? Sobre todo, cómo se interrumpe cuando el entrevistado quiere seguir hablando, entiende que todavía tiene más para decir, que yo estoy coartándole su derecho a exponer el punto de vista. Esa es una tensión complicada en la que el entrevistado puede estropear todo, porque puede colocar al periodista en la posición de un polemista. Yo no tengo nunca la intención de ser un polemista en ninguna entrevista, pero cuando el entrevistado se coloca en esas actitudes, me siento obligado a insistir, no me voy a quedar simplemente dejándolo hablar. Y en esa tensión, resulta que yo paso a ser como un adversario del entrevistado. Ese problema existe, y todavía tiene dos variantes. Cuando el entrevistado está en el estudio es una cosa, y cuando está por teléfono es otra, no es lo mismo esa tirantez. Cuando está por teléfono, la única solución posible es superponerse, hablar arriba, y eso queda desprolijo, les va a molestar a algunos oyentes, por más que el entrevistado hable sin parar, lleve cinco minutos, les va a molestar que uno lo interrumpa. A algunos oyentes, a los partidarios del dirigente político.
P —¿Por qué? Porque entonces queda claro que no contestó.
EC —Yo tengo que salvar mi lugar en la entrevista, haré los intentos; por supuesto, no voy a estar toda la mañana en eso –ese es el otro problema–, mientras tanto corre el reloj. Esta es otra de las características de las entrevistas que hacemos, son entrevistas en vivo. Las entrevistas grabadas tienen otras posibilidades, después se puede editar, se puede cortar, mientras que acá corre el reloj. Pero una cosa es cuando el entrevistado está por teléfono, y es entonces una situación muy compleja, muy tirante, muy desprolija, y otra cosa es cuando el entrevistado está en vivo; curiosamente esta semana tuve las dos variantes. Cuando el entrevistado está en vivo está la posibilidad de hacer gestos, de levantar la mano, de hacerle notar que lo voy a interrumpir porque se está yendo. Entonces la dinámica es completamente distinta. En fin, no estoy contestando las preguntas de ustedes, me parece, pero les estoy contando cómo transcurren este tipo de intercambios.
P —Creo que sí. Me quedo pensando en esta idea… Recién mencionabas el momento en que pasás a ser como un adversario del entrevistado, pero pensándolo en términos de cuando sentís que la entrevista finalmente alcanzó el éxito, ¿hay alguna pauta de éxito?, ¿sabés cuándo “ganaste” la entrevista, no de nuevo en términos de una batalla, sino de que realmente se consiguió, hay un éxito en esa entrevista?
P —Salió bien, no sé cómo le dirías.
EC —Ese término ganar es interesante, porque mirando repercusiones después de las entrevistas es común encontrar mensajes que dicen: “Bo, Cotelo, Fulanito te vapuleó”.
P —¿En serio? ¿Te lo dicen así?
EC —Sí, claro, las hinchadas están todo el tiempo jugando. Entonces cuándo el periodista gana, cuándo gana el entrevistado es algo que me causa mucha gracia. Desde mi punto de vista, la entrevista es un éxito cuando pasan dos cosas: cuando hay información para la audiencia, cuando agregamos valor, cuando agregamos información que a la audiencia le permite estar mejor plantada frente a un tema, y cuando la entrevista fue entretenida, efectivamente. Porque, razonemos por el absurdo, podría ser una entrevista interesantísima, densa en contenido, pero un plomazo donde yo hablara muy lento y el entrevistado hablara también de una manera parsimoniosa y no sé qué. Esa entrevista habría sido interesante, pero los oyentes se habrían escapado. O sea, ese equilibrio con el entretenimiento siempre existe; ojo, que yo critique el infotainment es una cosa, que yo tenga en cuenta que hay que tener un vínculo con la audiencia activo es otra. Entonces para mí tienen que darse esas dos características en una buena entrevista.
P —¿A las figuras grandes de nuestra política las entrevistaste a todas suficientemente? ¿Al general Seregni, por ejemplo?
EC —Sí, sí.
P —Porque decías “a Wilson una única vez, encima llegó tarde”.
EC —Por eso digo, creo que los entrevisté a todos, no a todos en la cantidad y la calidad de veces que hubiera querido. Pero sí, los entrevisté a todos. Por ejemplo, con los presidentes hubo posibilidades diferentes pero también los entrevisté a todos. Sí.
P —Vázquez resultó elusivo.
EC —Vázquez fue de los más esquivos, pero hubo algunas oportunidades que resultaron además periodísticamente valiosas, donde ocurrieron cosas, donde se generaron hechos con sus dichos. Sí, sí. Con Jorge Batlle hubo varias, ahí tuvimos de todo.
P —¿Y hay cuentas pendientes en esa lista de nombres, alguno queda ahí colgado como deseo de entrevistar?
EC —¿En el elenco político uruguayo?
P —Sí, o ampliándolo quizás también.
EC —No, no, cuentas pendientes no. Hubo momentos en que había cuentas pendientes, asignaturas pendientes, porque hubo sí dirigentes políticos importantes que a raíz quizás de una entrevista o quizás de un tratamiento periodístico en el programa decidían no concederme entrevistas. Entonces sí hubo épocas en que había ahí un agujero. Pero después afortunadamente esos agujeros se fueron cubriendo y en cada uno de esos casos el vínculo se restableció.
P —El año pasado en campaña marcaste un récord –usaste esa palabra–: van a faltar tres de los principales, el frenteamplista, el blanco, el colorado. Capaz que te acordás de ese editorial.
EC —Sí, sí.
P —Y te quería preguntar, porque si hacés un dibujo con el mapamundi ves que Javier Milei, presidente argentino, solo les da entrevistas a ciertos periodistas, capaz que los que claramente son afines a su gobierno. O que, nos reíamos mucho con Emanuel, Donald Trump acepta preguntas, parece que le gustara, pero para maltratar al periodista que le pregunta. ¿Qué te parece a vos que puede estar pasando acá? ¿Pueden estar tendiendo a exponerse menos nuestros políticos al “peligro” –vamos a usar esa palabra– de un mano a mano serio, como suele ser el de En Perspectiva?
EC —Creo que están pesando cada vez más los asesores de campañas y los cálculos. Entonces llegado determinado momento de la campaña, según cómo esté planificada la campaña y cómo sea el candidato, se entiende que participar en determinado tipo de entrevista es muy riesgoso. Riesgoso… no digo porque en el caso nuestro le vayamos a hacer preguntas terribles. Riesgoso porque, primero, en el público nuestro capaz que ese candidato no tiene mucho para ganar, entiende que ahí no se está jugando el partido, que en los días que quedan, en las semanas que quedan tiene que atacar otra parte del electorado. Entonces, primero para qué dedicar tiempo allí. Segundo, si bien el púbico quizás no es el que determina la elección o el que él tiene en mente para determinar la elección, algo que ocurra en ese programa, en esta era del recorte, de las redes y la circulación de pedacitos, lo puede terminar perjudicando. Ese tipo de razones, ese tipo de factores inciden.
P —Y cuando ya están en funciones, ¿qué dice actualmente el equipo del presidente Orsi que contesta en rueda de prensa pero no lo vemos acá sentado contigo?
P —En rueda de prensa además casi a diario últimamente.
P —Sí, eso sí. ¿Qué dicen?, ¿”por ahora no”?
EC —Yo he hecho la gestión, la hemos hecho desde que ganó las elecciones, siempre la respuesta es que por supuesto, que tiene muy en cuenta a En Perspectiva y que el presidente va a venir, pero la realidad es que después no viene. Vamos a ver. En la campaña electoral pasó lo que pasó, no vino para las elecciones nacionales, sí vino en la instancia del balotaje. Desde entonces no hemos logrado que acepte una entrevista, pese a que ha dado algunas entrevistas individuales. Pero vamos a ver, tampoco sería una tragedia; el presidente anterior, Lacalle Pou, nunca nos dio una entrevista como presidente. Con él tuvimos entrevistas previas, antes, sí, una cantidad, pero como presidente no. Creo, ahora que hago memoria, que él fue la excepción, hasta ahora: el presidente que ocupando el cargo no nos concedió entrevistas.
P —Pasaron los cinco años.
EC —Ahora vamos a ver qué pasa con Orsi, si empata en ese lugar.
P —¿Y no puede ser una razón, Emanuel, para colgar los micrófonos esa?
EB —De pronto ahora, de cara a la próxima campaña, ya se sabe que los candidatos de los principales no van a venir a la entrevista de En Perspectiva. Ahora habrá otras tantas razones para colgar los micrófonos, no sé; a vos seguro que se te ocurren, metido como estás también.
P —O empezar casi como un acto de resistencia de repente entrevistas generadas por la inteligencia artificial.
EC —Hubo algún ejemplo en la campaña pasada, no fue muy feliz.
P —Es cierto, pero pueden ser sí razones para colgar los micrófonos, o no. Esa es una, me imagino, si de pronto empiezan a ver que tienen más para perder que para ganar los candidatos, ¿para qué van a ir a una entrevista riesgosa? La pregunta sería, si es que es verdad que hay una acumulación de razones para colgar los micrófonos, ¿por qué seguir haciendo periodismo, por qué seguir haciendo En Perspectiva 40 años más?
EC —Primero, la respuesta a esa pregunta no va a depender de si los candidatos presidenciales vienen a En Perspectiva o no. No se define ahí una resolución como esa, un futuro como ese. En todo caso, si eso pasa, tendremos allí una gran oportunidad o un buen incentivo para la imaginación, para la creatividad. Porque también es cierto que las campañas electorales tienen distintas formas de cobertura y la entrevista es un insumo, es una parte pero no es la única posible, y hay veces que volcamos toda la atención, toda la energía, toda la obsesión a eso, la entrevista, tenemos que tener la entrevista y las entrevistas con Fulano y con Mengano.
P —Estoy seguro de que muchos oyentes te piden más editoriales.
EC —Ahí está. Entonces hay otras maneras de trabajar la campaña electoral. En cuanto a la continuidad del programa, es una discusión muy interesante. Por lo que yo contaba hace un rato, estoy convencido de que este tipo de periodismo y esta propuesta que lleva 40 años de construcción ocupa un lugar en el sistema de medios de comunicación, ocupa un lugar –me parece– en el funcionamiento de la democracia uruguaya, y por lo tanto debería permanecer, tener continuidad, más allá de que sea Emiliano Cotelo quien la conduzca y la encabece personalmente. Esa es mi lectura en este momento, entonces, como tantas otras veces a lo largo de estos 40 años, este es un buen momento, hasta por haber pasado simbólicamente los 40, para repensar, para seguir pensando en cómo evoluciona En Perspectiva. Tenemos mucho para ajustar en el programa, el programa ha vivido renovándose, si no se hubiera renovado no habría llegado hasta acá; tiene esa obligación, tiene algo de experiencia en eso y vamos a dedicarnos a esa tarea.
P —En ese repensamiento…
EC —Pero, por ejemplo, ya que Fernando mencionó los editoriales, creo que los editoriales son importantes y si miro este año en particular, digo, con mucha honestidad y franqueza, que me gustaría haber hecho más editoriales. El fragor del año, el trabajo, cómo se dio, una serie de circunstancias llevaron a que hubiera menos de ese contenido que me parece que es una pieza que juega, que tiene todo un lugar en nuestra propuesta. No es menor.
P —[…] a propósito de eso que dice Emiliano y volviendo a algo que se dijo en la primera parte de la entrevista, las cosas que no cambian: decir qué vota un periodista en Uruguay en principio nunca y vos en particular decir que un proyecto político te puede parecer mejor que otro tampoco. Eso es algo que no entra en la cuenta en principio nunca. Y no va a cambiar.
EC —¿En la cuenta mía, en la cuenta nuestra?
P —¿Es personal o es por cómo es el periodismo acá? Conocemos muchos periodistas, por ejemplo en Argentina, que no piensan que decir lo que votaron afecte su independencia ni nada por el estilo. Pero vos tenés claro que con eso no se juega.
EC —No, no, nosotros no lo… Cuando digo nosotros creo que hablo por Romina también, pero en el caso particular mío, no, no lo vamos a decir nunca.
P —¿Vos sí pensás que eso afecta la independencia de un proyecto periodístico?
EC —Creo que sí. Hay una relación entre una cosa y la otra, sí. Hay una especulación permanente a propósito de para quiénes jugamos nosotros, pese a que no se sabe a quién voté yo, imaginate si además yo dijera que voté a tal partido o a tal otro. Para mí eso es una definición tajante.
P —Cosas que no cambian.
P —Y en esta idea de repensar el programa y también pensarte a vos en él, la vida después de la radio para Emiliano Cotelo ¿cómo la imaginás? ¿Cómo imaginás ese momento?
EC —Cuesta ubicarse con esa pregunta, la vida después de la radio. Bueno, la vida después de la radio, que va a llegar, que probablemente llegue en un proceso gradual, es una vida en la que tengo mucho que hacer, seguramente.
P —Más lectura de ficción.
EC —Seguramente una parte del día en esa etapa va a tener que ver con la radio también en cuanto a pasar en limpio aprendizajes, conclusiones que pueden ser útiles para otros. Pero aparte y sobre todo sería un tiempo más dedicado, sin duda, a la familia, sin duda a todo lo que me encanta hacer y por el periodismo y la forma como hacemos periodismo no puedo hacer como querría. Apareció más temprano en las primeras preguntas de ustedes el tiempo para la literatura, para la ficción.
P —Ahí tiene que ser vital la lectura.
EC —Me encanta, me encanta, no solamente me gusta leer ficción, sino que además la considero necesaria, me parece que no es solo entretenimiento, no es solo dispersión la ficción. A mí me hace pensar, me hace aprender a expresarme… en fin, es muy importante. Y no tengo el tiempo que querría para dedicarle. La meto cada tanto, forzada…
P —Creo que no deberíamos despedirlo, dejarlo ir, porque además nuestros oyentes lo van a reclamar, sin que mencione un título, sin que diga “hubo un cierto libro que…”.
EC —Todavía no he tenido tiempo de leer Los ahogados.
P —Pero ese está en la lista de pendientes. Y en la lista de los que te confirmaron eso que acabás de describir, que efectivamente es importante, que efectivamente te da algo a vos, ¿tenés alguno presente, capaz que del último año, de los últimos tiempos?
EC —Sí, de vuelta, como todas estas preguntas, es muy difícil de contestar, pero tengo autores a los que he leído y me gustaría leer más, porque no leí todo ni lo fundamental que han escrito. Desde nombres muy obvios pero que para mí fueron importantes, yo qué sé, como García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, hasta por ejemplo Sandor Márai, Leonardo Padura, por citar dos casos. En otro terreno, Camilei, con sus novelas policiales con toda esa saga. Autores uruguayos también, por supuesto. No llego a los nombres más nuevos de la literatura uruguaya, a esos tengo que encontrarles espacio, pero Mario Delgado Aparaín, en particular No robarás las botas de los muertos; Tomás de Matos. Onetti es un autor al que he leído disciplinadamente, no porque sea un autor que me atraiga espontáneamente.
P —Pero reconocés su importancia.
EC —Pero me interesa. Por supuesto, Saramago, Arturo Pérez Reverte, he podido leer mucho menos de Pérez Reverte de lo que querría, pero lo que he leído me encanto y me sirvió. Y así podría seguir.
P —Algunos los hubiéramos adivinado, otros no.
EB —Sí, […] pendiente.
P —Le hiciste llegar un ejemplar, supongo.
EB —Llegará.
EC —Lo voy a leer en el verano en las vacaciones, está comprometido.
P —Emiliano Cotelo, periodista uruguayo, muchas gracias por tu visita a Oír con los ojos, gracias por acompañarnos este rato, todo el rato que nos dedicaste.
EC —Gracias a ustedes, me queda la intriga por saber cuántas preguntas que tenían en esos papeles no entraron.
P —Había muchos papeles. Pero muchas gracias también, extiendo el agradecimiento.









