
Ernesto Gillman, el director del documental Chacra, llega a esta ópera prima después de más de dos décadas de observación atenta del mundo rural, generando una temporalidad extendida que se siente en cada plano y en cada silencio.

Ambientado en la zona de Sauce, Canelones, el film se sumerge en la vida cotidiana de Juan Moreira y Olga González, una pareja de productores familiares que cultivan verduras, crían animales y sostienen un modo de vida cada vez más tensionado por el avance de la desconexión entre las personas y los alimentos que consumen.

Gillman construye un relato íntimo, sin golpes de efecto ni discursos subrayados. La cámara observa cómo se trabaja la tierra, cómo se heredan saberes, cómo el cuerpo se desgasta al ritmo de las estaciones. En ese registro minucioso aparece una pregunta de fondo: ¿qué se pierde cuando se pierde el vínculo con el origen de lo que comemos? ¿Qué futuro tiene una cultura rural sostenida por conocimientos transmitidos de generación en generación?









