
Hay una pregunta que las Relaciones Internacionales tardaron demasiado en hacerse: ¿dónde estaba la religión todo este tiempo?
La respuesta incómoda es que siempre estuvo ahí. No se fue con Westfalia, no desapareció con la Ilustración, no murió con la secularización del siglo XIX. Lo que sí pasó es que la disciplina, con su epistemología positivista y racionalista —construida en Europa, pensada desde el Estado, obsesionada con el poder material— decidió no mirarla. Y el resultado fue una ciencia social con un punto ciego enorme en el centro.
Ese punto ciego tiene nombre, tiene historia, tiene consecuencias. Y eso es lo que hoy vienen a plantear tres estudiantes avanzados de la Licenciatura en Relaciones Internacionales que presentaron un trabajo académico que traza un recorrido de cinco siglos: desde 1493, cuando un papa dividió el mundo entre dos coronas con la tinta de una bula, hasta hoy, cuando otro papa habla de migrantes, de cambio climático y de inteligencia artificial desde el único Estado del mundo que es a la vez institución religiosa.
Yhanara Almeida Cardozo, Felipe Guadalupe y Romina Fajardo.















