
Uruguay le vende vehículos a Brasil y no le vende vehículos a China. En esa asimetría está todo lo que se discute de verdad cuando se discute si el Mercosur negocia o no con Pekín.
En enero el bloque firmó con la Unión Europea el acuerdo más importante de su historia, después de veinticinco años de negociación. Cuatro días más tarde el Parlamento Europeo lo congeló en un tribunal por diez votos de diferencia. En febrero Argentina firmó por su cuenta con Estados Unidos, saltándose la regla que obliga a los socios a negociar en bloque. En julio Washington le puso a Brasil el arancel más alto de Sudamérica y, diez días después, Lula y Xi Jinping acordaron acelerar un acuerdo entre China y el Mercosur que Brasil había bloqueado durante veinte años.
El Mercosur se construyó en 1991 sobre el supuesto de que el mundo había dejado de tener bandos. Durante treinta años pudo venderle comida a China, comprarle tecnología a Europa y alinear su política con Washington sin pagar por las tres cosas a la vez. Eso se terminó: las dos potencias empezaron a cobrar por la neutralidad.















