
El estrecho de Ormuz está cerrado desde marzo. Lo cerró Irán, lo anunció al mundo, y por ese estrecho pasaba antes de la guerra alrededor de la quinta parte del petróleo que consume el planeta. Un cierre así debería haber producido la mayor crisis energética desde los años setenta. No la produjo.
Y la explicación es esta: funcionarios estadounidenses reconocieron que unos diez millones de barriles diarios circulan por un corredor que el propio ejército de los Estados Unidos estableció frente a la costa de Omán, con buques que apagan sus transpondedores de noche y trasvasan la carga a otros barcos en alta mar. Es decir: el estrecho está cerrado y el petróleo pasa, pero pasa por donde Washington decide y cuando Washington lo permite.
De eso trata este programa: de que el bloqueo no es un bloqueo sino un peaje, de que esa distinción explica por qué esta guerra no termina, y de que detrás de todo esto hay un descubrimiento mucho más grande e infinitamente más incómodo — que el poder militar de los Estados Unidos tiene un techo material, que ese techo se alcanzó, y que el mundo entero está tomando nota.




















