
Hay una manera cómoda de contar la crisis alimentaria que se viene, y es echarle la culpa al clima.
Europa perdió la cosecha por la sequía, dirá el titular, y no será falso. Pero es insuficiente, y de una manera que importa.
Porque el cierre del estrecho de Ormuz interrumpió alrededor de un tercio del fertilizante nitrogenado del mundo, y sin nitrógeno no hay rendimiento, llueva o no llueva.
Es decir: la próxima crisis alimentaria no la va a producir el clima solo ni la guerra sola. La va a producir el punto donde las dos se cruzan —y ese punto está en un insumo del que, a diferencia del petróleo, ningún país guarda una reserva estratégica.
De eso trata este programa: de por qué el hambre de 2027 se está fabricando hoy en un estrecho del Golfo Pérsico, y de por qué a un país que vive de exportar alimentos eso no le conviene tanto como parece.




















