
Sudáfrica no es solo el país del apartheid y Nelson Mandela. Es también la potencia que mueve la economía de toda una región, el nodo logístico sin el cual buena parte del África Austral no podría exportar ni un kilo de cobre. En esta tesis de grado de María Eugenia Viera Lazaneo, estudiante uruguaya de Relaciones Internacionales que viajó por África como voluntaria para entender el continente desde adentro, se analiza cómo Sudáfrica consolidó entre 2000 y 2020 un liderazgo regional que va mucho más allá de lo militar o lo diplomático: domina los puertos, las vías del tren, la banca, las telecomunicaciones, el retail y hasta el agua que beben sus vecinos. Un poder real, asimétrico, y lleno de contradicciones internas sin resolver.









En este marco, la defensa nacional ya no se concibe solo como protección territorial, sino como la capacidad de sostener una red global de alianzas, superioridad tecnológica y presencia militar en múltiples regiones.
El documento también refleja un cambio importante en la naturaleza del poder. Hoy la seguridad no depende únicamente de ejércitos y armamento convencional, sino también de tecnología, inteligencia artificial, control de cadenas de suministro, espacio, ciberseguridad y datos. Por eso, la estrategia estadounidense plantea una combinación de tres pilares: disuasión militar frente a potencias rivales, fortalecimiento de alianzas —especialmente en Europa y el Indo-Pacífico— y liderazgo tecnológico para mantener la ventaja estratégica en la nueva era de la competencia global.














