
EC —La era Barack Obama terminó en conflicto con Israel cuando Estados Unidos se negó a bloquear en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución que condenaba la colonización, el avance por la vía de la colonización de las Fuerzas Armadas y el gobierno de Israel. Vino Trump, que había prometido esto en la campaña electoral, que iba a reconocer a Jerusalén como la capital de Israel, y ahora lo que hace es cumplir, como él mismo decía en su discurso de ayer.
RP —Sí. No se le puede criticar a Trump que no cumpla con sus promesas, porque con varias está cumpliendo, independientemente de que le guste o no le guste a uno. El hombre dijo que se iba a salir del acuerdo climático y cumplió, que no le gustaba el acuerdo con Irán y va hacia eso, y con el tema de Jerusalén lo mismo.
EC —Dijo ayer que en 1995 el Congreso de Estados Unidos “aprobó por abrumadora mayoría reubicar en Jerusalén la embajada y desde entonces todos los presidentes han aplazado la decisión por miedo a afectar las negociaciones de paz, pero décadas después no estamos más cerca del acuerdo. Este que doy ahora es un paso largamente postergado que permitirá avanzar en el proceso y trabajar en la consecución del pacto por la paz”. ¿Cómo ves esa fundamentación?
RP —Son dos fundamentaciones. Sobre la primera, es difícil discutir con Trump sobre eso, porque es innegable que el proceso de paz está estancado desde hace décadas y hay una situación de statu quo.
EC —Trump dice: si estamos haciendo una cosa sistemáticamente y eso no produce resultados, hagamos otra, ¿por qué no cambiar?
RP —De acuerdo. El problema es si esto mejora, empeora o sigue dejando las cosas como están. Reitero que aquí hay dos elementos, por un lado es reconocer a Jerusalén como capital del Estado de Israel, y por otro declarar que se mueve la embajada, esto es un dos por uno. Y merecen análisis separados.
En cuanto a reconocer a Jerusalén como capital, acá hay una innovación a la interna del Poder Ejecutivo estadounidense, que rompe con esa cuestión de los seis meses, y por otro lado innova un poco en cuanto a la última gran resolución de la ONU sobre Jerusalén del año 80, cuando el Parlamento israelí la declaró ciudad unificada. Pero el elemento interesante es que innova en cuanto a cuál es el rol de Estados Unidos en este proceso. Todos recordamos la foto de Clinton, Barak y Arafat en Camp David, o la foto de Clinton, Rabin y Arafat en Oslo. O más atrás en el tiempo, Carter, Sadat y Begin, cuando se firma la paz. Estados Unidos había estado siempre en un rol de supuesto mediador en el conflicto.
El punto aquí es que hay un conflicto entre israelíes y palestinos que tiene varias dimensiones. Está en juego el problema de los refugiados, después de la guerra del 48 hubo muchos exiliados palestinos que se dirigieron fundamentalmente hacia países limítrofes, o desde lo que hoy es el Estado de Israel hacia Cisjordania. Pero el problema de los palestinos que viven en Siria, que viven en Líbano, que viven en Jordania es un problema irresuelto.
El segundo eje es Cisjordania en sí misma, qué hacer con Cisjordania, si dividirla o no dividirla, si anexarla o no anexarla, si dársela por completo a los palestinos, y qué hacer con los asentamientos que han crecido en Cisjordania.
Y el tercer gran tema es Jerusalén.
EC —Trump se mete con uno de los puntos críticos del conflicto. Desequilibra, en vez de jugar ese papel de mediador, o de supuesto mediador, porque del lado palestino no siempre lo han considerado así. Pero de esta forma se vuelca hacia uno de los lados. Esa es la primera lectura.
RP —En lo retórico. Porque Trump también se cuida y dice: “Señores, yo no estoy diciendo cuáles son los límites de Jerusalén, estoy diciendo que el Estado de Israel hace 70 años que existe, que desde diciembre del 49, cuando Ben-Gurión dijo que Jerusalén Occidental es la capital de Israel, Israel asume formalmente que Jerusalén es su capital”. Está diciendo “yo respeto el derecho de Israel a que tenga su propia capital tras 70 años de existencia”. No es que Trump mine el proceso de paz con lo que dice, porque estrictamente no está diciendo “apoyo que Israel anexe toda Jerusalén”, no dijo algo de ese estilo. Sin embargo, a los ojos de la comunidad internacional y de los palestinos en particular, esto es claramente una alianza con el régimen de Netanyahu, que a su vez representa una línea conservadora, de derecha, sobre el conflicto israelí-palestino. Va a ser visto así.
EC —Y además es un desafío a la comunidad internacional.
RP —Es un desafío a la comunidad internacional.
EC —Porque aquella resolución 478 de la ONU del año 80 indicaba que había que sacar las embajadas de Jerusalén.
RP —Exactamente. O invitaba implícitamente a hacerlo.









