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Entrevista central, martes 13 de febrero: Jana Rodríguez Hertz

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EC —Cuando tomaron la decisión de irse a vivir y trabajar en China, cuando evaluaban sí o no, ¿cuánto razonaron en términos de dictadura/democracia?

JR —Bastante poco.

EC —¿Los preocupaba irse a vivir a una dictadura, porque de hecho eso es lo que existe en China?

JR —Me preocupaba el tema de las comunicaciones y las posibilidades de perder contacto con las noticias y todo eso. Pero yo ya había viajado a China mínimo tres veces antes y tenía una idea. En la vida cotidiana no se siente un ambiente opresivo; probablemente si uno fuera un activista la pasaría muy mal, pero en la vida cotidiana no se siente. Mis colegas son bastante libres comentando de política, no se reprimen, como sí he visto en otros países que no se atreven a decir en voz alta lo que piensan políticamente. En China en el nivel universitario la gente opina libremente, no siento ese ambiente opresivo. Capaz que estoy siendo una ingenua.

EC —O sea, hay debates a propósito de la situación política.

JR —Sí.

EC —No hay seguramente actos o manifestaciones.

JR —No, no hay manifestaciones.

EC —Y el tema de las comunicaciones con el exterior, para ustedes por lo menos, ¿cómo es?, ¿qué limitaciones tiene?

JR —Yo uso VPN.

EC —¿Qué quiere decir eso?

JR —Es un protocolo que a uno le permite enmascarar la IP y conectarse como si estuviera en una ciudad que no es en China, como si dijera me conecto desde Los Ángeles, desde Hong Kong mismo. Entonces tengo acceso a todas las redes que están bloqueadas en China continental. En Hong Kong no están bloqueadas, pero en China continental sí, no se puede acceder ni a Instagram ni a Facebook ni a Twitter, ni a la mayoría de las redes. Después del último congreso político en octubre tampoco se pudo acceder a WhatsApp, pero con VPN se puede acceder a todo.

EC —El gobierno sabe que existe la tecnología VPN.

JR —Sí, pero no es algo que lo preocupe, porque piensa en términos de grandes números. Y como el VPN es pago, la gran mayoría de la gente no paga, no le interesa pagar, porque eso también hay que decirlo, hay una gran prohibición y es terrible, pero los chinos no se enteran de que existen Twitter, Facebook, tienen sus propias redes sociales, tienen WeChat, navegan en Baidu, no usan Google.

EC —Pero si un chino quiere utilizar VPN, ¿puede hacerlo? Porque tú no sos china, tú sos una extranjera viviendo en China.

JR —Sí, puede.

EC —Tú y tu familia son católicos practicantes. ¿Cómo es la asistencia a misa en China?

JR —En China hay muy pocos católicos, de acuerdo a lo que yo sé. En Shenzhen misas en inglés hay dos, y son muy graciosas, porque una queda en un edificio que era una fábrica de televisores abandonada y está en un segundo piso, uno llega al segundo piso y está todo con banquitos, todo acondicionado, pero el edificio es una fábrica de televisores abandonada.

EC —No hay, por lo menos tú no has visto allí en Shenzhen, templos, parroquias como las conocemos aquí.

JR —Hay una parroquia, que está más lejos de mi casa, que es Saint Anthony’s.

EC —¿Tiene la forma clásica de una parroquia.

JR —Sí, tiene forma. Pero las misas son supervisadas por el gobierno, de acuerdo a lo que sé. Después hay una misa a la que vamos, que diría que es medio clandestina, pero no sé, porque en China pocas cosas no pasan por el ojo del gobierno, así que probablemente lo sepan. Pero es más una reunión, hay un cura que es misionero norteamericano y se hace en un gimnasio. Va mucho menos gente y somos todos extranjeros.

EC —¿Y qué matiz tiene con respecto a la otra?

JR —Mi impresión es que es un poco más libre que la otra, la otra se nota que está siendo vigilada. No es que tampoco vaya a decir nada, no sé qué cosa muy revolucionaria se puede decir en un sermón, pero me da la impresión. A mí me gusta más.

EC —El sistema chino es tan heterodoxo y tan business friendly, tan abierto para los negocios, tan impulsor de los negocios y de la actividad económica que uno puede preguntarse: ¿dónde y cómo se nota que se vive en una sociedad comunista?

JR —Yo prácticamente no lo noto en ningún lado. Mi impresión es que China es más capitalista que Uruguay en ese sentido, las reglas de libre mercado funcionan muy aceitadamente. Hay regulaciones, como las hay en todos los países; si en algo lo noto es en que es muy burocrático todo, pero no sé si eso se debe al comunismo o al sistema chino en sí. Siempre hay reglas ocultas, siempre falta un papel, siempre falta una firma, siempre falta un sello. No sé si eso se lo puedo atribuir al comunismo, en sí no veo rastro de comunismo. Consecuencias positivas del comunismo veo que el nivel de los trabajadores –esto es bastante reciente– ha subido bastante, de hecho en China en los últimos 35 años salieron 800 millones de la pobreza. Pero eso tampoco sé si se puede atribuir al comunismo o a una política económica específica que tuvieron los chinos. La verdad es que no puedo atribuir nada muy específicamente al comunismo en China, y de hecho no lo percibo, no sé, tal vez sea que no estoy atenta. En otros países donde he estado, que son más socialistas, uno no puede dejar de percibirlo, acá uno puede dejar de percibirlo, yo por lo menos no lo percibo.

EC —¿Cómo ves la intensificación de las relaciones entre Uruguay y China?

JR —Lo veo muy positivamente. Y quiero aprovechar este momento para saludar la excelente gestión que están haciendo el embajador Fernando Lugris y la cónsul Agustina Casavalle. Y en especial le quiero mandar un saludo a mi cónsul honoraria de Hong Kong, Anabella Levin-Freris, que me ayudó en momentos de problemas de salud.

La comunidad uruguaya funciona muy bien, hay un grupo de WeChat de 96 personas, estamos todos conectados. Le pregunté al embajador, cuando supe que tenía esta entrevista, si me podía dar un par de apuntes sobre las relaciones Uruguay-China, y me contó que el canciller chino en su visita a Uruguay proyectó cuatro grandes líneas de trabajo: la integración de las economías a través de un acuerdo comercial; la reafirmación de la estrategia de la franja y la ruta para que Uruguay se posicione como puerta de entrada y hub de la región Atlántico sur; la intensificación de intercambios educativos y culturales, y la parte de ciencia, tecnología e innovación.

Uruguay se puso a trabajar sobre esas cuatro líneas, de hecho ahora nos cruzamos con la delegación de la ministra Cosse, que estuvo en Shenzhen y también en Beijing con 40 empresas de CUTI y una delegación del sector educativo en el marco del trigésimo aniversario y están dando un mensaje bastante impactante. Lo otro que me señalaba el embajador es que acaba de visitar China el director nacional de Aduanas, impulsando la cooperación aduanera. Eso no es poca cosa, porque el monto de las exportaciones a China es de US$ 2.500 millones, un 28 % de lo que se exporta. O sea que Uruguay se tiene que mover. De hecho, Uruguay es uno de los principales proveedores de carne de China; con el tamaño que tiene, llegó a estar primero, ahora está entre los primeros cuatro.

EC —¿Has comido carne uruguaya en China?

JR —Sí, pero llorando, por lo cara. Lloro de nostalgia y por la billetera. Y por último, Uruguay está preparando la visita del Ministerio de Educación y Cultura y del Banco Central para este año. Se mueve Uruguay para mejorar, mi impresión es que está haciendo bien las cosas, porque no es solo una movida económica, es una cosa integral, porque China también está haciendo las cosas de forma integral. Integra la cultura, la ciencia, la tecnología. Ahora las relaciones diplomáticas ya no son una cuestión solo de plata.

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