
EC —¿Y eso no ocurre con la dirigencia nacional del partido? ¿No ocurre con Lacalle Pou, no ocurre con Larrañaga?
SB —No les pongamos nombres a las cosas. Pongamos el concepto y busquemos ahondar en ese concepto para que el partido sea el enorme instrumento que ha sido en todos los tiempos en que ha sido un partido de pueblo realmente.
EC —Usted pide que no les pongamos nombres a las cosas, pero está haciendo un señalamiento, un diagnóstico, e interesa averiguar qué alcance tiene. Ustedes pertenecen a un sector del partido, Jorge Larrañaga es el líder; ¿él está abarcado por estas consideraciones?
SB —Lo que nosotros queremos es ese partido, queremos ese partido y lo queremos hacer con todos. No sería para nada bueno lo nuestro si nos detuviéramos en el nombre de este o en el del otro o en tratar de sustituir a este para seguir todos en lo mismo. Lo que tenemos que hacer es tratar de hacer un aporte al partido para que todos juntos podamos participar en la construcción de ese nacionalismo popular. En todo caso, véase esto como un llamado de atención, como una propuesta arriba de la mesa. Si nosotros construimos con el gobierno –acá estamos frente a la casa de gobierno–, somos todos constructores, tenemos una actitud constructiva con el gobierno. Ninguno de nosotros pertenece al partido de gobierno, sin embargo todos los días queremos tirar ideas, construir juntos y hacer aportes, y vaya que hacemos muchísimos silencios y decimos también algunas cosas. Pero siempre en ese afán de construir y no de sacar tajada, que no es lo nuestro, no está en el ánimo de ninguno de nosotros.
EC —Cito a uno de sus colegas participante en estas reuniones, el intendente de Treinta y Tres, Dardo Sánchez: “El Partido Nacional siempre tuvo un sector de centroizquierda. Una expresión siempre ha sido el Herrerismo, y otro sector grande debe ser wilsonista, socialdemócrata, más bien progresista. Y eso hay que fortalecer”. Va por el mismo lado que ustedes. ¿Es eso, socialdemócrata, progresista?
SB —Sí, a mí me gusta más lo de nacionalismo popular, porque tiene más que ver con la esencia de lo nuestro. Indudablemente hay en el país todo un espacio socialdemócrata que es bueno construir e incorporar a esto, porque en definitiva esto es una construcción colectiva. Le tengo un poquitito de miedo en eso, que a veces ese concepto del Estado interviniendo tanto se transforma en un Estado un tanto grande, y cuando uno se da cuenta de que en este país esa mujer que hoy tomó el ómnibus a las 5 de la mañana para ir a trabajar en la casa de otro, que tenía que cuidar los hijos ajenos y está en el marco de un barrio que tal vez no tenga la mejor seguridad, y pasó nervios hasta la hora en que pudo tomar el ómnibus, y que esa mujer paga la mitad de sus ingresos entre aportes al Estado e impuestos, uno dice: ¿cómo podemos tener un Estado con esta característica, un Estado que termina siendo tan caro?
EC —¿Por eso no lo convence del todo la etiqueta socialdemócrata?
SB —Me gusta mucho la propuesta de igualdad de la socialdemocracia y me gustaría quitarle un poquitito el peso a ese Estado que termina inhibiendo. Uruguay es un país diminuto, con una tierra fértil divina, con un clima –más allá de que vivimos todos los días en advertencia meteorológica– precioso, con ríos por todos lados, diminuto, chiquito, de distancias cortas, y no se puede producir por los costos de los combustibles. No puede ser. Ese es el país que tenemos que ayudar todos juntos a cambiar, y el Estado medio pesado en su costo… ¿Por qué no se puede plantar en este país? Porque tenemos costos altos de los combustibles, porque el precio de los combustibles en un alto porcentaje contiene impuestos, porque el trabajo es caro. Entonces solo si las condiciones de precios son excepcionales en los mercados del mundo podemos plantar, y la mitad del Uruguay, un eje atravesado de norte a sur al medio del país, medio país desperdiciado. Y medio país con una pobreza enorme.
EC —¿Esta orientación que ustedes reclaman para el PN tiene que ver con que perciben que así como está tiene baja probabilidad de ganarle al Frente Amplio (FA) en las próximas elecciones? Una lectura posible es: si Lacalle Pou vuelve a ser el candidato presidencial, el PN volverá a perder con el FA, y Larrañaga no está en condiciones de derrotar a Lacalle Pou en la interna. Esa es una lectura posible de lo que usted viene diciendo.
SB —Yo iría más a Wilson: ganar pero que valga la pena. Que el partido gane, pero que además eso redunde en una explosión de felicidad, que la felicidad se compone de seguridad, de atención de las cosas de uno, de la oportunidad de convivir en una sociedad.
EC —Pero antes, ¿cómo ganar?, le preguntaba a propósito de cómo ganar. Si el PN no tiene ese giro popular, como usted lo denomina, ¿no puede captar a quienes en los últimos años votaron al FA y hoy se encuentran desconformes?
SB —En buena medida es así, sucede de ese modo.
EC —¿Esa es una preocupación de ustedes?
SB —Esto es mucho más profundo, el partido tiene necesariamente que enriquecerse con la militancia, pero más que con la militancia con la sabiduría de ese hombre que está hoy como dirigente de fútbol, de Carnaval, de una cooperativa de producción, de ese ciudadano que anda en la calle, en el barrio, preocupado por cómo va su vida, sin tener que necesariamente conocer cuáles son los números del país y por qué le suceden determinadas cosas. Esa verdad tiene que estar presente. Yo no sé los detalles, enormes detalles, de la peripecia que tenés que pasar para poner todos los días este divino programa al aire, uno ve el producto final y es precioso. ¿Cuánto esfuerzo hace el ciudadano Emiliano Cotelo para poner este programa al aire todos los días? ¿Cuánto esfuerzo hay atrás de lo que hacemos los intendentes? Pero ¿cuánto esfuerzo hay atrás de lo que hace ese almacenero que está todos los días a las 7 de la mañana en el almacén y no puede cerrar hasta las 12 de la noche, aunque tenga miedo de estar abierto, porque si no no le puede dar de comer a su familia? Esas cosas son las que tenemos que incorporar a la vida política, uno no tiene tiempo de conocer lo que le está sucediendo al otro, entonces él mismo tiene que decir lo que siente y cómo cree que debe ser en esta suerte de construcción colectiva. Debemos abrir enormemente las puertas de los partidos. Es en esto que andamos nosotros.
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