
EC —Usted explicaba por qué entienden que el PN tiene que tener un giro hacia lo que podría denominarse un nacionalismo popular, explicaba las preocupaciones que manejan sobre cómo está siendo conducido hoy el partido. ¿En qué medida esas gestiones implican un cuestionamiento al liderazgo de Jorge Larrañaga en su grupo político en particular, AN?
SB —No me he detenido a preguntarme eso, y mucho menos lo hemos hablado en estas reuniones que hemos tenido.
EC —En una nota que publicó El País el sábado a propósito de este tema decía: “Legisladores comentan por lo bajo que Larrañaga ‘está encerrado en su laberinto’ y que temen que un día decida dar un paso al costado. Por eso alientan la apertura de un nuevo movimiento”.
SB —Ahí dice “legisladores”.
EC —Sí. No está identificado el legislador, ni siquiera los. ¿Cómo ve un análisis como ese?
SB —Los líderes en nuestro partido, y a lo largo de toda su historia, tienen que justificar cada día su liderazgo. El nuestro es el único partido que no tiene el liderazgo comprado, hay que ganarlo todos los días. Porque además es el único partido que tiene esta modalidad de ir identificándose en cada momento de la historia, del tiempo, con quien mejor encarna las ideas y la filosofía del partido en ese tiempo. Por eso nuestro partido tiene la renovación asegurada siempre, porque elige en elecciones abiertas y no es parte de un proceso que pretenda planificar el mundo, sencillamente es el reflejo del proceso que la gente está viviendo. Así que no hay líder que no tenga de alguna manera siempre en juego su liderazgo. Pero sinceramente no puede ser esta la simplificación de un análisis, tenemos que ir a esas cuestiones mucho más profundas.
EC —Después de sus declaraciones en Búsqueda y de que El País informara el sábado sobre estas movidas dentro de su sector, Larrañaga fue consultado por la prensa el sábado en el hipódromo de Maroñas, e hizo unas declaraciones muy breves, básicamente señaló: “AN será mayoría en la elección interna de 2019”. ¿Cómo observó esa reacción?
SB —Eso es una buena cosa, porque si vamos a ser mayoría es porque indudablemente se estarán haciendo las cosas como para serlo, eso es una buena noticia.
EC —¿Qué relación tiene usted con él, qué comunicación tiene con Larrañaga?
SB —En algunas épocas más y en otras menos. No tenemos algún tipo de comunicación orgánica desarrollada.
EC —¿Se ha enfriado el vínculo?
SB —No, en algunas épocas nos comunicamos más y en otras menos, eso es natural dentro del grupo.
EC —A propósito de las cosas que se están haciendo, Larrañaga concretamente hace ya meses que sostiene que “la oposición no está preparada para gobernar” –esa frase se escuchó mucho– y por eso trabaja en busca de acuerdos programáticos con otros partidos y sectores de la oposición. La idea es mostrar una solidez de la alternativa al FA antes de las elecciones próximas, por la eventualidad que se va a buscar de llegar a un balotaje. ¿Cómo mira una estrategia de ese tipo?
SB —Cuidado con la política del eslogan, cuidado con ir a transformar todo concepto en un eslogan para poder hacer política.
EC —¿Cuál es el eslogan acá?
SB —No, a veces tendemos, en esta vorágine de la comunicación, a quedarnos con una frase que todo lo simplifique. Hay un concepto detrás de lo que Larrañaga dice. Yo no estoy del todo de acuerdo con lo que Larrañaga plantea en eso de que no estamos preparados para gobernar.
EC —Él habla de la oposición. Dice “es probable que haya un balotaje, es probable que tengamos que sumar votos quienes estamos en la oposición al FA, pero más vale que nos preparemos, que nos afirmemos, que tengamos un programa, que resultemos creíbles para la gente como alternativa”.
SB —Claro, pero antes de eso hay que enriquecerse muchísimo conceptualmente. Por eso es que estamos preocupados por la incorporación de la gente que está viviendo las cosas, pero también de la gente de la que domina los temas, los buenos teóricos en materia de derecho, en materia económica, en las distintas materias del país, los aportes de esos enormes hombres y mujeres que tiene el país. Hay que enriquecer muchísimo la política, porque de nada vale ir a hacer un buen acuerdo entre las propuestas de hoy, que sinceramente nos parecen un tanto pobres, un tanto repetidas en los temas.
EC —Por ejemplo, ¿qué es repetido en materia de temas?
SB —Ahora cuando se discutió la instalación de la planta de UPM el debate pretendió llevarnos a los que quisimos trabajar en él a una simplificación, a un tire y afloje, si se ponía en Tacuarembó o en Durazno, y yo la tiro para acá y vos para allá… Y a nosotros nunca se nos pasó por la cabeza eso. Queríamos contarle al país que allí hay una faja de territorio que empieza acá dentro de Montevideo, que pasa por Canelones, por Florida, por Lavalleja, por Durazno, por Tacuarembó, por Cerro Largo, y que no es necesario ir hasta Vichadero en Rivera para darse cuenta de que allí hay falta de oportunidades, hay pobreza, hay necesidades básicas insatisfechas a montones en la población, que los ingresos de los hogares son bajísimos. Pero que además las herramientas de infraestructura, de electricidad, de comunicaciones, incluyendo las carreteras, las ferroviarias, pero también las telecomunicaciones, son pobrísimas y que además no hay polos educativos importantes. Entonces dijimos “no importa dónde se sitúe la planta, queremos que este proyecto sea utilizado como un proyecto locomotora para darle al país, para regalarle al país todos los demás beneficios, especialmente a esa región que es la más deprimida”. Nadie nos escuchó, no nos dieron la oportunidad de hablar.
EC —¿Dentro de su partido mismo pasó?
SB —No, no, ni en el gobierno ni con nadie, no pudimos hablar con nadie. Nunca pudimos decirle al país que no queremos un enclave donde vienen los árboles, se cortan, quedan los campos y las tierras deshechos, tirados, horribles, las casas vacías, y nos transforma en simples productores de árboles y de pobrezas, y allí todo se procesa en una planta que lleva la celulosa para un lado y la plata para otro. Le queríamos decir esas cosas al país.









