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Entrevista del miércoles 28 de agosto de 2019: Ernesto Talvi en el ciclo Presidenciables

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PR —Está claro que parte de la estrategia de reajuste macroeconómico o de reordenamiento macroeconómico va a pasar por el lado fiscal…

AIZ —Sí.

PR —… En general los economistas entendemos que un déficit fiscal de este porte tiene un efecto negativo en la competitividad.

ET —No solamente tiene un efecto negativo en la competitividad. Si tú te estás endeudando a razón de 5 puntos del producto por año, equivale más o menos al 15 % de los ingresos, gasto 15 % más de lo que me ingresa. Por ende tengo que pedir prestado a un ritmo que es absolutamente inconveniente dada la deuda que hoy tiene el país. Las calificadoras –eso es lo que se argumenta– nos dan grado inversor, dicen “si usted le presta al Uruguay hoy, es muy probable que recupere el capital y que le pague los intereses en tiempo y forma”. Sí, pero cuando se pasa de grado inversor al otro eso deja de ser seguro. Y ahí se pierde el crédito.

El Uruguay está jugando con fuego. Basta hablar con la gente que invierte, del exterior y de aquí, todos saben que este déficit es insostenible. Y lo que es insostenible no se puede sostener. Entonces el horizonte de planificación se acorta brutalmente. ¿Cómo va a invertir alguien a largo plazo, a menos que le crees una juridicidad propia, si de aquí a un año, a un año y medio, de golpe, el Uruguay puede perder el crédito y podemos terminar en una película parecida a la que está viviendo hoy Argentina? Eso es lo que le pasó a Macri. Se dice que Macri hizo una política de ajuste gradual, ¡qué ajuste gradual!, el ajuste gradual, el reordenamiento de las cuentas públicas no es “me endeudo hasta que me paren de prestar”. Reordenamiento gradual es decir “no voy a poder resolver el problema del desequilibrio fiscal ni en un mes ni en un año, lo voy a resolver en un período de gobierno, y estas son las medidas que voy a tomar y este es el sendero creíble que voy a seguir”. Eso es un ajuste o un reordenamiento, poner en orden las finanzas públicas de manera gradual. Si me endeudo sin tomar ninguna decisión hasta el día que me dejen de prestar, me dejan de prestar y esto es lo que te pasa: devaluación, inflación, pérdida de poder adquisitivo del salario, aumento del desempleo, aumento de la pobreza, y finalmente en las urnas recibís tu castigo. Así de simple.

PR —Obviamente tenemos todo un capítulo fiscal que tiene que ver con los riesgos de insostenibilidad, de perder el financiamiento de mantener este déficit, que en general los economistas creo que estamos todos de acuerdo en que es insosteniblemente alto. Pero mi pregunta era: además de esos riesgos fiscales, el nivel de déficit fiscal actual constituye una presión negativa sobre el valor del dólar…

ET —Así es.

PR —… la competitividad en su más estricto sentido cambiario también afecta la competitividad en temas de clima de negocios, como tú planteabas, por la incertidumbre. Queda claro que hay una pata de recomposición fiscal para actuar sobre el valor del tipo de cambio real. También hay un objetivo planteado por ustedes que parece razonable, que es que Uruguay tiene que ir a niveles más bajos de inflación y tiene que recuperar la credibilidad en las metas que se anuncien. La inflación ha estado prácticamente casi siempre fuera del rango meta, ha sido excepcional que esté dentro del rango meta. En la entrevista que daba Ana Zerbino a Búsqueda planteaba metas de inflación decrecientes. ¿Cómo se va a lograr una reducción de la inflación en un contexto en el que al mismo tiempo todo indica que tenemos que tener un tipo de cambio más alto?

AIZ —Sin duda es un desafío en una economía bimonetaria y tan dolarizada como la uruguaya mejorar la competitividad y a la vez tener una tasa de inflación controlada. Como yo mencionaba en esa entrevista, apostamos a cambiar el objetivo de política monetaria para algo más explícito; si bien eso no constituye por sí mismo una solución al tema, recomponer la credibilidad en el Banco Central (del Uruguay) (BCU) y su independencia, cambiar la alternancia de los directores del BCU, de los ciclos políticos, para darle más independencia, jerarquizar al BCU. Y no es mi tema de especialidad, pero hay una metodología que están aplicando en Perú, que tiene unas características similares a lo que es nuestra realidad económica. Es una economía bimonetaria bastante dolarizada en la cual se tratan de mantener esos equilibrios en conjunto.

Pero sin duda que para el fracaso que ha tenido la política monetaria en el Uruguay la independencia del BCU y otras medidas de política de ingresos, a través de las señales que se dan a través de los consejos de salarios, también están afectando la posibilidad de tener una política monetaria sana. A veces no son desequilibrios que se dan en forma fuerte o de golpe, como puede haber sucedido en Argentina, sino por goteo, perdiendo todos los años dos o tres puntos de competitividad, se va acumulando en los estados de resultados de las compañías, en los márgenes de las compañías y en los presupuestos de las personas, de las familias, y sobre todo en las familias más vulnerables, que no necesariamente tienen un ingreso proveniente de un salario regular o en blanco. Ahí los consejos de salarios no llegan y por lo tanto pierden poder adquisitivo en forma mucho más fuerte y progresiva; es lenta, por goteo, pero progresiva y tiene esos efectos tan regresivos sobre la población y sobre las empresas también, es como una muerte lenta que ha ido erosionando los márgenes de rentabilidad de las compañías.

PR —Está claro que los consejos de salarios, además de lo que terminan laudando, constituyen señales importantes para el funcionamiento de la economía, desde el momento en que se fijan las pautas, desde el momento en que empiezan las primeras negociaciones, se cierran los primeros acuerdos. ¿Piensan implementar cambios en ese funcionamiento de los consejos de salarios? Lo pregunto porque algunos analistas estamos convencidos de que el funcionamiento actual de los consejos de salarios, con una gran cantidad de grupos negociando, que han terminado inexorablemente en una indexación de hecho de los salarios a través de los correctivos, termina poniéndole un piso alto a la inflación. Los salarios hoy van a subir 8 % anual, y eso puede implicar una suba o una baja o una estabilidad en términos reales del salario en el corto plazo, pero es un hecho que hace cuatro años que el empleo viene cayendo. Eso nos está diciendo que desde el punto de vista de las empresas hay alguna dificultad con este nivel de salarios y productividad. ¿Tienen pensado algún mecanismo para modificar esto? Si los salarios van a estar siempre indexados a la inflación y el tipo de cambio tiene que ganarle a la inflación es difícil pensar que la inflación pueda bajar, y tampoco queremos tener inflaciones de más de 10 %, que serían extremadamente altas. Con lo cual entendemos que hay ahí una rigidez de la política macroeconómica que hay que encontrarle la vuelta para quebrarla. Si les toca a Talvi y su equipo ser el próximo gobierno, ¿qué harán?

ET —Tú planteaste el tema de la inflación, y estoy de acuerdo con tu diagnóstico, nosotros le llamamos inflación de costos en economía. Finalmente la política monetaria termina validando lo que se decida en otras partes que no tienen nada que ver. Al BCU le atribuimos poderes que no tiene, nosotros no emitimos una moneda de curso internacional, el banco central de Estados Unidos tiene poderes que el nuestro no tiene. Así que no le endilguemos responsabilidades que no puede cumplir.

Acá el problema fiscal es de primer orden, en el tema de la inflación como objetivo estratégico tenemos que ir convergiendo a niveles más razonables. Pero no es una cosa que urja hacer de manera inmediata cuando tú tenés cosas de una envergadura gigante, un desequilibrio en las cuentas públicas que está generando un ritmo de endeudamiento que puede poner en riesgo el buen crédito de la República, un déficit fiscal que está generando un problema de competitividad y una estructura de costos altísima para la producción nacional, que hoy está contra las cuerdas. Así de simple: sin rentabilidad o directamente en rojo en un montón de sectores que son muy intensivos en el empleo. Por eso estamos perdiendo empleo, aunque la economía sigue creciendo, perdemos empleo.

Así que está claro en cuanto a prioridades estratégicas en dónde vamos a focalizar las baterías primero. Y dentro de esas prioridades está introducir los cambios que sean necesarios en las formas de organización de las relaciones laborales para que no se sigan destruyendo empleos, para que se recuperen los que se perdieron y para que aquellos que lo buscan por primera vez lo encuentren. Porque hoy lamentablemente uno de cada tres jóvenes que buscan trabajo en el Uruguay no lo encuentra y por supuesto que la mayoría piensan en emigrar.

FERNANDO PÉREZ TABÓ (FPT) —Lo primero que debemos hacer es distinguir entre salarios y salarios mínimos y entre negociación colectiva y consejos de salarios. Hoy en la dinámica dialéctica todo se ve como si fuera la misma cosa, y en realidad no lo es. Los consejos de salarios son órganos tripartitos con participación directa del Estado, que tiene una finalidad tan específica que fue incluso objeto de observación de la Comisión de Aplicación de Normas de la OIT. Si ustedes han seguido por la prensa el tema “queja”, como se lo conoce en el mercado, uno de los problemas que se señalan es la estructura actual de los consejos de salarios, que difiere de la establecida en la ley original. No es que haya un sistema que se ha aplicado durante 60 años siempre igual, sino que hubo cambios en la legislación, que son los que fundamentan la observación de la OIT en lo que tiene que ver con la indexación de salarios.

El consejo de salarios debe volver a su razón de ser, que es la intervención del Estado para la fijación de salarios mínimos. Salarios mínimos no quiere decir salarios, salario mínimo quiere decir piso por debajo el cual es imposible concertar un contrato de trabajo. Pero eso es bien distinto de hablar de indexación de la masa salarial. En materia laboral lo cuantitativo importa, no es lo mismo indexar un salario mínimo de 10, con un costo de canasta a 100, que indexar un salario de 1.000 con el mismo costo de canasta.

Esa es la primera precisión que se debe hacer: los consejos de salarios, que tenemos definido que van a seguir convocándose, van a volver a su razón de ser. Eso nos va a permitir levantar la observación de la OIT que señala que no es acorde con compromisos internacionales asumidos por el país que el gobierno intervenga en la fijación de salarios distintos de los mínimos.

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