
ET —Para entrarle por otro lado al tema: hay 9.000 personas por año que se jubilan, fallecen, son destituidas, que terminan su vínculo con el Estado simplemente porque no van a estar más. Si tú ponés un techo, no se van a renovar vacantes, 9.000 por año implica que vas a reducir, redimensionar el Estado en 45.000 personas a lo largo de cinco años. Eso es algo menos de lo que aumentó el empleo público durante el gobierno anterior, que fueron 50.000. Un despropósito de proporciones épicas, porque eso no redundó en mejor salud ni mejor educación ni mejor seguridad. Clientelismo de la vieja usanza, en mi opinión, y con todo respeto.
El país necesita evaluar todos los programas para ver qué fines tiene que cumplir, qué recursos humanos precisa para cumplirlos y qué costo tiene y cómo se cumplen de manera costoefectiva.
Entonces, tú tenés 9.000 personas que no vas a reponer y luego tenés 20.000 vínculos, 20.000 contratos que vencen por año, que podés reasignar de donde menos se precisan a donde más se precisan para fortalecer aquellas áreas donde necesitamos actuar de manera prioritaria. Es una tarea quirúrgica, pero es perfectamente posible, en la medida en que no tengas una visión del presupuesto puramente inercial, sino que cada programa importante de gobierno sea evaluado en su costo, en su impacto y en la manera costoefectiva en que se generan esos impactos. Lo vamos a tener que hacer porque el país lo precisa. Se ha demostrado que este nivel de empleo público es excesivo para los cometidos del país, y que además el país no lo puede financiar. Esa es la realidad, así que vamos a tener que hacer de la necesidad virtud.
RA —La pregunta era a propósito de cómo se proponen ajustar las cuentas públicas para bajar el déficit fiscal. Voy con algo quizás un poco más político también: ¿qué va a pasar cuando al mismo tiempo le planteen la necesidad de más recursos? El nuevo gobierno va a tener varios pedidos, se va a discutir una ley de presupuesto, va a haber pedidos de sindicatos e incluso de legisladores de su sector, de la alianza con la que va a conformar gobierno. Se va a necesitar también más inversión.
ET —Se necesita mucha cosa. Por ejemplo, vamos a desplegar una red de 136 liceos públicos modelo.
EC —Va a necesitar más funcionarios en la ANEP para que esos 136 liceos modelo funcionen.
ET —Así es, vamos a precisar 160 millones de dólares más por año para hacer funcionar estos 136 liceos públicos modelo. Obviamente que cuando estén todos operativos, esto no va a ocurrir probablemente ni siquiera en el período de gobierno, probablemente ocurra en seis o siete años. Necesitamos hacerlo, la mitad de los chiquilines que nacen en el país nacen en los cinturones de pobreza que rodean a las ciudades. Y solo 19 de 100 terminan el liceo. O sea que no estamos educando la mitad de los chiquilines que nacen en el país, los condenamos a la informalidad, a la changa, a la dependencia del Mides o a elegir el delito como forma de vida, en particular las formas más lucrativas del delito, que son el tráfico y la distribución de droga. Así estamos, con más tevés planas, más celulares, más autos, más motos, más computadoras, pero somos una sociedad cada vez más crispada, más agresiva, más violenta, más fracturada, incapaz de vivir en armonía.
EC —Ahora hablamos del proyecto. Acá la referencia fue a propósito de que ahí va a haber que proveer vacantes.
ET —Sí, 160 millones de dólares por año son una inversión. Cuando uno siembra tiene que laborear la tierra, tiene que gastar en fertilizantes, tiene que gastar en semillas, es todo gasto. Después cosecha. Y cuando cosecha, en tiempos normales, no cuando uno tiene la producción bajo agua, uno vende la cosecha, paga los gastos y le queda un margen. Uno tiene que mirar todo el ciclo del proyecto. ¿Qué vamos a cosechar con esta inversión en 136 liceos? Vamos a cosechar que un chiquilín en lugar de terminar en la informalidad, en la changa, en el Mides o en el delito, termine en la universidad, en la UTU o en un trabajo formal, porque vamos a bajar drásticamente los niveles de deserción.
Sabemos dónde tienen que estar estos liceos, en qué ciudades, en qué barrios, cuánto cuestan, cómo se financian. Este proyecto se paga solo en 12 años, se paga tres veces en 25 años, es un proyecto de una gigantesca rentabilidad social. Este es el tipo de proyectos que uno va a un banco de desarrollo -y yo tengo bastante experiencia en eso, porque he trabajado en uno de ellos, en el Banco Interamericano de Desarrollo-, y dice: “Mirá, tengo este proyecto, yo ahora no tengo los recursos para financiarlo porque es como la forestación, primero es todo gasto, los árboles vienen 10 años después, ¿me lo financiás?”, “Sí, para eso están los bancos de desarrollo”, “Ah, perfecto, ¿me vas a computar estos 160 millones de dólares como déficit?”, “No, porque esto es algo que le va a redituar, con creces, al país lo que está haciendo hoy”. Esto es lo que hicimos con la seguridad social cuando la reformamos: como pasaban los recursos del BPS a las AFAPS, el déficit aumentó pero, como había ahorros que iban a venir por la reforma que se hizo, las calificadoras de riesgo nos dieron grado inversor. Esto es algo que es fundamental, porque se habla de la deuda que tenemos, la del 70 % del PBI, del ingreso nacional, esa es la que vemos. La que no vemos, y que las calificadoras toman, es la deuda que no se ve porque la estamos generando por el desfinanciamiento que tiene nuestro sistema de seguridad social. Esa reforma va a ser mucho más en términos de impacto, como lo fue en el año 96, que todo lo que podamos hacer para devolverle al país la sensación de que estamos en un sendero de solvencia, que no vamos a chocarnos contra una pared de aquí a un año o dos años.
EC —Pablo, te quedaba sobre este punto una pregunta o repregunta.
PR —Sobre el punto de las dificultades de ajuste, hay una pregunta del público que nos parece oportuna, dice: “En muchas áreas del Estado hace falta personas capacitadas para gestión y control de políticas, si no se renuevan los vínculos, ¿el Estado no se irá envejeciendo paulatinamente? La inamovilidad de los funcionarios públicos, ¿será revisada? Porque sería otra herramienta para mejorar la productividad y frenar los abusos”.
EC —Una respuesta breve sobre esto, así pasamos al punto siguiente.
ET —La inamovilidad no va a ser revisada, el tema del envejecimiento es normalmente lo que ocurre cuando tú das incentivos para que la gente se retire, porque la gente que se acoge a los incentivos es la más joven y la más productiva. Nosotros estamos diciendo que no vamos a reponer a los que se jubilen o fallecen, o sea que es lo contrario: vamos a estar rejuveneciendo la plantilla laboral del sector público y -sobre la base de lo que Ana Inés pueda explicar, el presupuesto va a ser cero- vamos a estar evaluando cada programa del Estado en base a su impacto y los recursos que necesita para generar ese impacto de manera eficiente. Nosotros entendemos que hoy hay muchos programas cuyo impacto ni siquiera se está evaluando y que, en todo caso, si lo generan, no tenemos idea de si estamos gastando los recursos que tenemos que gastar para lograrlo o si estamos gastando mucho más.
EC —Pasamos a otro tema, Pablo.
PR —Sí, tenemos algunas preguntas más asociadas al clima de negocios. En Deloitte hacemos cada seis meses una Encuesta de Expectativas Empresariales que responden más de 300 ejecutivos de las principales empresas del Uruguay medianas y grandes. Desde hace tiempo, la encuesta viene marcando algunas tendencias preocupantes. En 2010, cuando empezamos la encuesta, más del 80 % de las empresas consideraba que el clima de negocios en Uruguay era bueno. Hoy, menos de 10 % considera que el clima de negocios es bueno, la gran mayoría de las empresas cree que es regular pero hay un 30 % que lo consideran malo. Hay un deterioro notorio en esa evaluación. Además, menos de un 10 % de empresas dice que piensa contratar más trabajadores en el próximo año. Menos del 20% de las empresas dice que espera mejorar su rentabilidad en el próximo año. Sólo un 15% de las empresas piensa que va a invertir más el año próximo. Son todas respuestas de abril. ¿Cómo se plantean ustedes revertir este clima de negocios, que a todas luces parece imprescindible darle una vuelta?
ET —Te doy una respuesta general y después dejo que Ana Inés y Fernando hablen, porque creo que el clima de negocios hace a muchas de las cosas que hemos estado hablando. Mirá lo interesante, Pablo: 2010, estoy seguro de que si me das 2013 no debe andar muy lejos, en un 80 %, un clima de negocios bárbaro, todo bárbaro. La verdad es que cuando las cosas andan bien, el clima de negocios es bueno, porque las cosas me van bien. Y las cosas me iban bien porque la soja valía 600, la leche valía 50 centavos de dólar el litro, el arroz valía 270 dólares la tonelada, los capitales llegaban a raudales… plata dulce para todos lados, recursos financieros de capital gratuitos prácticamente. En fin, el clima de negocios era bueno, a todo el mundo le iba bien, las demandas que generaban los Consejos de Salarios se podían acomodar, los recursos fiscales estaban para financiar un gasto público en el que se incurrió como si no hubiera mañana. Pero el mañana llegó, entonces todo lo que parecía que flotaba no flota más. Ahora resulta que nos gastamos lo que no había y tenemos un boquete acá, y subimos impuestos y tarifas, acortamos el horizonte de planificación porque nos estamos endeudando y no sabemos si en algún momento nos vamos a dar contra la pared, generamos atraso cambiario, y el clima de negocios se jorobó, porque todos creíamos, supongo, que esa bonanza y los ciclos económicos se habían terminado y que eso iba a seguir para siempre. Consejos de Salarios, negociación colectiva como algo totalmente distinto del consejo de salarios, y, cuando había holgura la restricción no mordía, y ahora muerde. Entonces, instituciones que antes veíamos de una manera positiva, porque la holgura estaba, ahora las vemos como una restricción. Así que también hay algo de cíclico en esto del clima de negocios, no de estructural, y nosotros decíamos, y se nos tildaba de agoreros: miren que todas estas cosas que hoy aparentan estar bien son un espejismo que va a durar tanto cuanto la soja dure a 600 dólares la tonelada. En el momento que eso se termine se nos terminó la suerte, se va a ir la corriente y nos vamos a encontrar con que el rey estaba desnudo.









