
EC —Fuera de micrófonos agregabas algún detalle a propósito de lo sorpresiva que puede llegar a ser la evolución de este caso. De un día para el otro, de la noche a la mañana podemos tener una medida que directamente nos afecte a nosotros.
NA —Sí, a veces el grado de vulnerabilidad internacional en general en este tema es real y más del que nos imaginamos. Uno ve a veces estas cosas como muy lejanas, pero la forma de acción y reacción que ha tenido el presidente de Estados Unidos muestra que los tiempos pueden incluso ser muy cortos. Hablando en términos de comercio, puede pasar que una embarcación esté saliendo y las reglas estén cambiando en el puerto de destino.
Y después está el tema más anecdótico de cómo se vive esto en el plano más doméstico en Estados Unidos con el tuit de la mañana del presidente.
EC —Los tuitazos de Donald Trump se han convertido en un clásico.
NA —Con mis compañeros americanos que viven allá, a quienes afecta más directamente una cosa más de menos impuesto, vivimos esa tensión de la mañana en Washington, que nosotros seguimos después en Los Ángeles: “¿viste lo que pasó en la mañana de hoy?”, se codean, “¿viste lo que publicó?”, y ese “¿viste lo que publicó?” es “¿viste lo que publicó el presidente?”. Esa tensión se vive constantemente, no la estoy agrandando. Obvio, uno vive en un espacio que lo está siguiendo, que lo ve, pero el grado de tensión de la red social del presidente es mayor de lo que uno se imagina.
EC —Hay todo un ambiente, en el que tú te movés, que abarca el sistema político, los medios de comunicación, que se despierta con angustia: ¿qué va a pasar hoy?, ¿por dónde saldrá el disparo hoy?
NA —Sí, y ese tuit de la mañana del presidente ha generado también reflexiones editoriales, desde el punto de vista más periodístico, de si tomar como el mensaje oficial el tuit del presidente o el briefing de prensa de la Casa Blanca. Y pasa demasiadas veces que llega antes el mensaje del presidente por Twitter que por el briefing de prensa de la Casa Blanca. Y la prensa –de hecho lo leí en algunos editoriales del New York Times– tomó la decisión de tomar como la primicia y lo oficial el tuit del presidente.
EC —A propósito de lo que veníamos charlando y de Uruguay también, dice uno de nuestros oyentes, Charles: “Recordemos que la razón por la cual China puede comprar mucho en América Latina es que tiene un gran superávit en su comercio con Estados Unidos. Si pierde ese superávit –cosa que Trump busca–, pierde su poder de compra. Así que que Uruguay no se confíe mucho en que China va a seguir comprando como hasta ahora productos agrícolas”. ¿Cómo ves este apunte?
NA —Sí, de hecho también hay un tema de monedas acá. Perder o ganar el superávit en el ámbito comercial tiene un impacto grande en la evolución de la moneda ante estos volúmenes exportados e importados. China no puede jugar tan lejos en esto de ser un comprador o incluso cambiar tanto su lógica de venta porque tiene muy regulada su moneda, un desequilibrio puede impactar también en lo monetario. Entonces, como dice el oyente, no creamos que esto puede seguir como se da, porque va a tener un límite que es también monetario.
EC —Vengamos a nuestro país. Por un lado, el gobierno hace gestiones en distintas partes del mundo por la apertura de mercados, para diversificar los destinos a los que Uruguay vende bienes y servicios. ¿Cómo ves esa estrategia? ¿Es suficiente?
NA —No, creo que no es suficiente con solo seguir hablando de diversificación sin la noción de hablar de preferencias. Porque cuando exportamos a un nuevo mercado sin preferencia arancelaria es a pulmón del exportador, que es quien se pone una mochila y va al mercado de destino a vender. Puede ser que el gobierno haya organizado una feria para tratar de unir partes, pero en términos netamente competitivos es a pulmón del exportador.
Cuando hay preferencia arancelaria la historia cambia. Ahí fue el gobierno quien abrió la puerta, porque los gobiernos son los encargados de negociar acuerdos y de concretarlos. Y es en esta segunda pata que estamos débiles. De hecho, hace un tiempo en el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED), que integro y con el cual colaboro, tratamos de aportar algunas cositas al debate.
EC —El CED, que dirige Hernán Bonilla.
NA —Sí, y el director académico es Agustín Iturralde. Hicimos algo bien sencillo; de hecho tu pregunta fue si es solo la diversificación, y te dije que no, no es solo la diversificación, también es la preferencia. Para medir eso, generamos el índice CED de vulnerabilidad comercial; en estos días estamos presentando los datos preliminares. Queremos mostrar en cuántos de los países a los que entramos lo hacemos con preferencia arancelaria. Consideramos cuándo entramos con preferencia arancelaria a través de acuerdos, y es un índice más benévolo todavía, que considera lo que se llama el sistema general de preferencias, que es cuando un país rico habilita la entrada más barata de productos provenientes de un país con menos recursos, que Uruguay en su momento lo tuvo con la Unión Europea y ahora lo está empezando a perder. Pero es una decisión unilateral, un país decide si lo hace o no, por eso incluso podría no ir en el índice, pero decidimos hacerlo.
Hicimos esto en 2006 y en 2017, con nuevo gobierno en 2006 y ahora en 2017. Uno ve que el índice Uruguay se ha vuelto más vulnerable comercialmente. En 2006 el índice Uruguay era menos vulnerable incluso que los índices Nueva Zelanda y Australia, Nueva Zelanda estaba en 83 % de vulnerabilidad, de lo que exportaba 83 % era sin acuerdo comercial, y Uruguay en el 2006 estaba en 56 %. Hoy Australia redujo del 83 % al 39 %, bajó 44 puntos, y Uruguay no solo no bajó, sino que subió 3 puntos. Al final del día, esto es cómo se componen los mercados, con quién tengo acuerdo, con quién no –es casi una variable binaria–.
Tú decías que algunos sectores del FA están o no de acuerdo. El debate es comparativo, no podemos medir en términos absolutos si queremos o no abrirnos porque hemos progresado en diversificación. Nuestros competidores están abriendo abruptamente y nosotros no competimos solos en el mundo, competimos con muchos otros mercados con calidades muy similares o mejores que las nuestras. Entonces este es un debate comparativo, se puede criticar si esta es la verdadera forma de medirlo, pero lo que queremos es subir la vara.
EC —Vamos a publicar después esas gráficas.
NA —Sin problema. Ese es el debate –no solo en esta cosa– un poquito más alto que deberíamos dar. Ojalá cuando llegue el debate del TLC al Parlamento –que va a llegar después del plenario del FA– sea un debate acerca de quiénes van a ser más afectados, quiénes menos, cuáles van a ser los sectores, pero no sobre la etimología de la palabra, TLC más, TLC menos. Me parece que hay que dejar los prejuicios e ir a los datos.









