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Entrevista, jueves 19 de abril: Nicolás Albertoni

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EC —Uno de los puntos centrales es el TLC con Chile, firmado por los presidentes de Uruguay y Chile a fines del año 2016. Todavía no fue ratificado por ninguno de los dos parlamentos, en Chile tiene media sanción y acá se ha demorado por diferencias dentro del oficialismo. Diferencias que han llevado a que se hayan producido ya varias instancias dentro del partido FA y se haya resuelto que esto se laude en un plenario nacional el 5 de mayo.

La cosa está complicada, hay grupos que no han definido posición todavía, por ejemplo el Movimiento de Participación Popular, pero hay otros que están plantados con posiciones muy severas en esta materia, como CG y el PCU. Estaba mirando hoy una nota de El País que tiene un resumen al respecto. “En cuanto a los contenidos, uno de los principales argumentos en contra de la aprobación del acuerdo sostiene que el TLC con Chile apunta a liberalizar los mercados internos y esto puede comprometer la soberanía de las políticas públicas uruguayas y la estrategia de desarrollo. Con las llamadas ‘listas negativas’ el país debe anotar los sectores y actividades que quedan excluidos de las obligaciones de acuerdo, todo lo que no esté dentro de la lista queda automáticamente sujeto a las obligaciones del tratado. Se entiende como extraño además que se quiera que cláusulas que provocaron la salida de Uruguay de las negociaciones del TISA ahora formen parte de un acuerdo con Chile”.

NA —[…], en ese caso no es que estemos volviendo al TISA de alguna forma. Sí hay apartados, concretamente en el capítulo de servicios, que se relacionan mucho con hacia dónde va el mundo; no es la mala palabra TISA, es hacia dónde va el mundo de los servicios. Es eso, flexibilizar las normas, la transparencia de los procesos, la no discriminación cuando la contraparte viene a ofrecer un servicio, sea el gobierno o sea una empresa uruguaya, a venderle un servicio, contar en este caso con Chile como proveedor tan grande o tan importante como a veces un proveedor de servicios uruguayo.

Pero cuando uno ve los debates, a veces la reflexión es más filosófica que técnica: ¿queremos ser más competitivos para abrirnos después o abrirnos para ser más competitivos? Ese debate está, “tenemos que prepararnos un poquito más para después salir al mundo”. ¿Quién va a levantar la mano y decir “hoy estamos preparados para salir al mundo”? Yo soy de los que creen que la apertura increpa, increpa al Estado, no solo a un gobierno concreto, a los Estados. Fijémonos –y no nos metamos en ese debate porque fue de inversión– en UPM, ¿cuánto nos increpó como país? Nos increpó a todos, no solo al gobierno, por todo lo que nos está faltando, ser más claro incluso el gobierno de qué nos pasa. Con la apertura, salvando distancias, sucede lo mismo, porque cuando voy a llegar al mercado de destino, puedo llegar con un informe, una planilla Excel más clara y decirle a Cancillería o al Ministerio de Economía: “Esto es lo que me aleja de otro mercado que está compitiendo con el mimo producto. Paga equis porcentaje de combustible, equis porcentaje de cosa, y yo voy a ser más caro aunque tenga un arancel más bajo”. A eso solo llegamos si nos atrevemos a ir ese paso más allá y competir.

EC —Pero es riesgoso, la preocupación es por las consecuencias en el ínterin.

NA —Claro, pero centralizamos en los riesgos, que obvio que los hay, pero el debate es bajísimo en las oportunidades, que también son inmensas. A veces un gran capítulo de estos acuerdos –si no me equivoco en el acuerdo entre Chile y Uruguay se contempla, o al menos en el ACE 75– son las compras gubernamentales, considerar a un proveedor chileno tan importante como un proveedor uruguayo, nada menos que para venderle al Estado. Hay experiencias de empresas asiáticas que, en vez de ser proveedoras directas del gobierno, se asocian con una empresa por ejemplo uruguaya para una licitación específica y vender un mejor servicio.

Claro, si uno lo ve como el big umbrella, el ‘gran paraguas’, como llaman los gringos a estas cosas, la historia grande, solo desde arriba, y no bajamos a lo que hay abajo… Puede haber riesgos, puede haber perdedores, pero es la historia misma. Es como proteger a un niño dejándolo encerrado; obviamente va a estar protegido y seguro, pero va a estar vulnerable cuando salga al mundo. Si un país solo da señales de que va a seguir protegiendo, baja los incentivos a innovar, a ir un poquito más allá, porque sé que voy a estar protegido. Hay también un metamensaje en nuestra sobreprotección de las cosas.

EC —Uno de los puntos en los que estriba este debate es la forma como se negocia. “El Poder Ejecutivo debería informar al FA cuando comienzan negociaciones vinculadas a cualquier acuerdo comercial bilateral o multilateral. La confidencialidad no excluye el deber de cumplir con el protocolo de informar a la fuerza política sobre el inicio y el avance de las negociaciones”, dice el texto del documento de CG que cita el diario El País. ¿Cómo ves este tema? Porque ahora se complicó todo y capaz que si hubiera habido ese intercambio antes el asunto se podría acordar. ¿Es así?, ¿se trabaja así? ¿Cuál es la experiencia internacional?

NA —Es verdad que en el mundo hay un diálogo más fluido entre las partes; no estoy en la interna del FA, no sé por qué se sienten con baja información. Lo que puedo decir es que en el caso chileno, que lo conozco, y otros más, sí hay un diálogo fluido e información. Puede ser que estas cosas nos lleven a reformar algunas cosas institucionales, incluso en la Cancillería. Una de las cosas que faltan en Cancillería es quizás un centro de datos que produzca estas cosas. Quizás estas negociaciones nos increpen.

EC —Ahora estamos ante un documento cerrado que se aprueba o se rechaza, punto.

NA —No sé cómo se ha manejado políticamente. Lo que sí puedo decir –y no soy nadie para estar evaluando– es que tenemos un equipo negociador y una profesionalidad en Cancillería muy buenos, no podemos estar en esas desconfianzas. Conozco a muchos de los que nos están representando, acá no se está talenteando, hay gente que se formó toda la vida para negociar estas cosas.

EC —Está el temor de que, ante la experiencia enorme que tiene Chile en negociación de TLC, nuestra delegación haya sido débil.

NA —Justo en este caso conozco las dos partes, incluso negociadores colegas, yo estuve un tiempo trabajando en Chile hace dos años y claramente acá está la buena fe. Uno ve el tenor del acuerdo y es una ampliación del ACE 35, que era un acuerdo de complementación económica en el marco de Aladi. Si tenemos miedo en este ámbito, en que no dudo de que hay buena fe por ambos lados, ¿qué pensar mañana en un acuerdo con un país en que la cosa es más seria y te ponen doscientos negociadores enfrente como China? Esta es quizás la mejor forma de empezar esta carrera de una dinámica mayor en la inserción comercial. Es un buen paso, lento pero también claro, creo que cierra por todos lados empezar con un país como Chile. El tema de la experiencia no te lo negaría, si mañana nos sentamos a negociar con China sería uno de los que levantarían la mano para decir que no sé si es el mercado para comenzar. Lo digo abiertamente, porque es verdad que uno necesita un bagaje y una fibra como negociador. Entonces, ¿qué mejor que un país como Chile? Es lo del huevo y la gallina, por dónde comenzar. Este es un ejemplo de por dónde comenzar.

Video de la entrevista

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Transcripción: María Lila Ltaif

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