
EC —Algunos barrios de Montevideo son escenario de enfrentamientos violentos entre bandas de narcotraficantes, pero además la población misma sufre, con rapiñas o con conductas como estas que hemos conocido hace poco, la obligación que se les impone de dejar sus casas para que pasen a formar parte de las actividades de una de las bandas de criminales. El gobierno interviene, argumenta que la solución pasa por más presencia del Estado, pero da la impresión de que en ese sentido todavía estamos a medio camino, que hay experiencias en que se ha avanzado mucho más profundamente en esa materia, como el caso de la ciudad de Medellín, en Colombia.
***
EC —Usted explicaba cómo se actuó, cómo fue la instrumentación de los Proyectos Urbanos Integrales, esos espacios muy potentes desde el punto de vista de la calidad, de la infraestructura, donde se despliegan actividades sociales, educativas, culturales. Hablaba de resultados, mencionaba que tomaron la alcaldía de Medellín en un momento en que la ciudad había llegado a tener 382 homicidios por cada 100.000 habitantes. Esa estadística ha mejorado, hoy están en 19-20 homicidios cada 100.000. ¿Se puede establecer una relación de causalidad?, ¿fue por aquellas políticas que bajó la cantidad de homicidios y bajó también el delito en general?
JM —Como siempre, hay una relación sistémica en todo, la combinación de muchos elementos. Colombia hace un año que ya no tiene la guerrilla de las FARC, ese es un factor que comienza a mejorar la situación de violencia en todo el país. Hace 12 años hubo un acuerdo del gobierno nacional con bandas paramilitares y hubo una desmovilización; desmovilización que, debo decir, fue realmente muy mal hecha y en muchos casos generó un problema gravísimo. […] La policía nacional en una población de la costa atlántica colombiana enfrentó y dio de baja a uno de los capos de bandas criminales más duros que existían. Una persona de 47 años, en su finca con múltiples lujos, lo venían persiguiendo desde el 2014.
EC —Pero en el caso concreto de Medellín, pregunta un oyente, la violencia, que estaba tan concentrada, ¿no podía tener como una de sus explicaciones la presencia de Pablo Escobar? ¿La desaparición de Pablo Escobar no habrá sido una de las razones de esta mejora?
JM —No, incluso lo que ocurre cuando un capo de estos es dado de baja es que hay un momento de resurgimiento de la violencia porque sus subalternos intentan tomar el poder. Le decía que es una combinación, hay un mejoramiento de la policía –la policía en Colombia es nacional–, hay un mejoramiento de la justicia, hay mayor inteligencia en la policía, hay mayor aplicación de la justicia –eso es fundamental–, hay la aplicación del Código del Menor con medidas que han llevado a mejores condiciones de seguimiento a los jóvenes que incurren en delitos. Todo eso es necesario, pero, como le decía, si a todas esas medidas, que son necesarias, no se las complementa con una gran inversión social, educativa y cultural, nada de esto habría tenido sentido. Por lo tanto creo que hoy Medellín en general es una evidencia: la intervención con proyectos urbanos integrales, con medidas educativas, sociales, culturales, es la que nos tiene hoy viviendo otro tipo de situación.
EC —Pero además de los homicidios, ¿han caído también otros delitos graves, por ejemplo la rapiña?
JM —Sí, claro. Todos los delitos en Medellín hoy son menos, el secuestro, el robo de autos, la rapiña cotidiana. Hay uno que aumentó y parecería tener una explicación. Cuando empezaron a bajar los homicidios, cuando empezaron a bajar estas violencias más duras, empezó a subir el indicador de violencia intrafamiliar. Y en un análisis que hacíamos hace unos años con el Instituto de Medicina Forense, que se encarga tanto de las cifras de homicidios como del manejo de las lesiones personales y de la violencia intrafamiliar, se establecía una relación. Y es que no se denunciaba la violencia de género o la violencia intrafamiliar, porque el homicidio opacaba todo lo demás, centrarse en las cifras de homicidios opacaba todo lo demás. Una vez que la tasa de homicidios empieza a bajar la gente empieza a denunciar, entonces tal vez no es que haya aumentado, sino que empezó a denunciarse.
Hoy tenemos unos desafíos tremendos, este país todavía tiene unos desafíos tremendos en seguridad. No somos un paraíso, no somos una isla encantada en medio de un país, de un continente en conflicto. América Latina es el continente que triplica la tasa de homicidios de todo el mundo. Nos matamos más en América Latina tres veces más que en el resto del mundo. Entonces no somos una isla encantada, pero sí hay una causalidad de todas las inversiones y las intervenciones que hemos hecho en los barrios de mayor pobreza y violencia, ofreciendo oportunidades.
Por ejemplo, el Programa Jóvenes con Futuro –que Sergio Fajardo, que está de candidato a la Presidencia, propone extender a todo el país– es un programa para jóvenes de 16 a 26 años que no estudian ni trabajan, que tiene dos objetivos: reengancharlos en el mundo educativo, con la educación como herramienta fundamental, y generar un acompañamiento psicológico, social, educativo a esos jóvenes que están en los barrios disponibles para las bandas criminales. Cada año desde el año 2005, 5.000 jóvenes de los barrios donde hay mayor violencia van al Programa Jóvenes con Futuro, que durante 10 meses les ofrece una formación técnica, y la mitad de ellos, según la estadística, se reenganchan en el sistema educativo.
Creamos el Fondo de EPM para la Educación Superior, y en los primeros 10 años 29.000 jóvenes de los niveles más pobres de la población pudieron completar su carrera universitaria con un fondo público, con estipendios adicionales para el transporte, para útiles de estudio, etcétera, generado otro tipo de referentes. En los barrios donde el referente era el muchacho criminal ahora es el referente es un muchacho que va a la mejor universidad de Medellín o del país con ese fondo educativo de la ciudad. Es el acompañamiento permanente.
En esa misma expresión de lo simbólico, convertimos las instituciones públicas de los barrios de mayor pobreza en símbolos de ese urbanismo social y en colegios que tienen otro tipo de acercamiento con la población.
Ofrecer oportunidades de trabajo, de prevención del embarazo adolescente. En Colombia el embarazo adolescente es uno de los peores males, una muchacha y un muchacho que a los 14 años tienen un hijo están condenados a la pobreza, y si están condenados a la pobreza van a buscar la salida de la pobreza por cualquier otro medio. Qué hacemos para esa prevención. Pero una vez que ya está el menor, que una niña de 15 años tiene un menor, un bebé, cómo hacemos el acompañamiento para que no repita ese ciclo de pobreza. Entonces hay un trabajo muy dedicado a mujeres adolescentes cabezas de familia para sacarlas de la pobreza y para generar equidad en los territorios.









