
EC —“Falta absoluta de culpabilidad”, dice el tribunal de honor, porque argumenta que los hechos por los cuales Maurente fue condenado por la justicia penal ordinaria no están suficientemente aclarados.
GMR —El marco normativo por el cual se rige el tribunal de honor dice claramente que no tiene por qué coincidir con la justicia, actúa por convicción. La justicia puede estar convencida de una cosa y el tribunal de honor convencerse de lo contrario; si no, ¿qué sentido tiene el tribunal de honor? La mayoría de las veces es al revés, la justicia absuelve y el tribunal de honor condena, y a veces, como en este caso, la justicia condena y el tribunal de honor absuelve. Esa es la esencia del tribunal de honor, porque se basa en otras cosas, no en las cosas en que se basa la justicia.
EC —El Poder Ejecutivo marca una contradicción.
GMR —Sí, en este caso contradice la opinión del Poder Ejecutivo.
EC —No, contradice la opinión de la justicia.
GMR —De la justicia y de lo que informa el Poder Ejecutivo. Es indudable que por eso el escrito que yo elevo no es del agrado del Poder Ejecutivo. Pero el comandante en jefe del Ejército, y cualquier jefe a cualquier nivel, y no solo en el Ejército, en toda la sociedad, tiene la obligación de informarle al superior lo que entiende que es la realidad, no lo que entiende que le va a gustar escuchar al superior. Eso es fundamental.
EC —Y en este caso concreto –usted lo decía más temprano– lo que trasmite es una visión generalizada entre los integrantes del Ejército nacional, usted involucra a toda la fuerza. ¿Ha consultado? ¿En qué se basa para sostener eso?
GMR —Yo digo que el tribunal de honor refleja, porque son integrantes de la fuerza, la opinión generalizada entre los integrantes de esta de que en muchos casos la justicia no actuó con la objetividad debida. Y cito nueve casos en los cuales creo que la justicia no actuó con objetividad. Por eso al final digo que entiendo por qué el tribunal de honor falló distinto, porque todo arranca de mi preocupación por que el fallo del tribunal de honor no coincide con el de la justicia. Yo podría haber puesto simplemente tres líneas en mi oficio diciendo “estoy de acuerdo con lo fallado y elevo”, nada más. Pero quise ser bien claro porque era un tema especialmente sensible, no era cualquier tribunal de honor, entonces tengo que argumentar por qué los integrantes de la fuerza piensan así en muchos casos –repito, no en todos los casos, hay casos que nadie discute. Sería muy bueno que usted como periodista o la sociedad en general le pidieran a Presidencia que, ya que hizo públicos tres párrafos, haga públicas las ocho páginas completas.
EC —Nosotros tenemos el documento, podemos publicarlo.
GMR —Es un documento reservado elevado del Ejército a Presidencia; si lo tiene, tenga las precauciones del caso.
EC —Vuelvo a la pregunta que le hacía hace un rato: ¿usted consideró que estos fallos de los tribunales de honor eran la oportunidad para “quemar las naves”, para terminar de plantear todas las objeciones, todos los problemas, todas las inquietudes que hay en el Ejército con la situación actual? Había planteado varias y ahora plantea esta, la actuación de la justicia en casos de violaciones a los derechos humanos.
GMR —Son casos totalmente diferentes. Los problemas que tuve con anterioridad, incluso uno muy sonado que me generó una sanción, fueron por otros temas que también afectan a la fuerza […], como fue en su momento la ley de retiros. Otro tema que si bien todavía no ha detonado está sobrevolando es la Ley Orgánica Militar; en reiteradas oportunidades le he comunicado mis diferencias al señor ministro, por escrito y en forma personal, con el articulado que está hoy en el Parlamento y mi disconformidad por no ser convocado por el Parlamento para aclarar los términos del proyecto. Son todos hechos diferentes, otros casos fueron un discurso mío del 18 de mayo y otro el haber ido a una misa, tuve varios encontronazos. Pero este es un tema totalmente diferente de los anteriores, no sé si cuaja ponerlo como corolario de los anteriores.
EC —Una interpretación es que usted buscó dejar la comandancia en jefe con un cese y un pase a retiro para consolidar su posición como caudillo militar que había hecho todo por el personal a su cargo y quedaba ahora con las manos libres para eventualmente seguir el camino de la política, para el cual hay plazos además.
GMR —Le voy a ser honesto. El martes pasado el tema del tribunal de honor no fue el único tema, hubo otro tema que conversé con el presidente desde el inicio de la entrevista, un nuevo tema de gran preocupación para el mando del Ejército. Era el procesamiento con prisión de un viejo soldado, un personal subalterno, por un hecho ocurrido hacía más de 44 años, al que se le imputa un delito que hoy es excarcelable. Capaz que hoy si alguien comete lo mismo que él cometió hace 44 años lo mandan a hacer tortas fritas y ni preso va. Y no me estoy refiriendo a asesinatos ni a desapariciones ni a torturas, el delito que se le imputa es un hecho de abuso de autoridad con un detenido, algo que hoy es excarcelable. Como el caso –ese sí está en el escrito– de otro personal subalterno que cumpliendo órdenes en su momento, en el año 72, abre fuego y mata a un tupamaro. La justicia actuante en ese momento –estamos hablando de un período democrático, con una ley que había votado el Parlamento elegido en el año 71– entendió que no había ninguna causa para procesarlo, pero hoy, 46 años después, con las mismas actas de la justicia, sin ningún nuevo testimonio, se lo quiere llevar a la cárcel. Ese tema fue el primero que hablé con el presidente el martes pasado, y fue tal vez el que detonó otras cosas.
EC —¿Qué cosas detonó?
GMR —Tal vez aumentó el malestar, sumado a este escrito.
EC —Pero el presidente ya tenía la decisión tomada. ¿Qué sensación tuvo usted en la reunión? Le comunicó el cese allí.
GMR —Después alguien me dijo que ya tenía la decisión tomada, yo no lo tenía claro. Si el presidente en esa reunión me hubiera dado una respuesta satisfactoria –no sé qué respuesta satisfactoria me podía dar– las cosas podrían haber sido de otra manera.
EC —Pero le comunicó el cese ahí mismo.
GMR —Sí, me lo comunicó al final de la conversación. Pero el tema central para mí de esa reunión, y por eso se la pedí, era la elevación del escrito, y además la preocupación por el procesamiento de personal subalterno, de solados a los cuales se responsabiliza de lo que hizo el Ejército hace casi medio siglo.
EC —Vuelvo a la pregunta: ¿el hecho de que usted planteara todos estos casos, todas estas preocupaciones que tienen un común denominador –actuaciones judiciales en casos de militares involucrados en violaciones de derechos humanos en la dictadura–, fue algo que usted buscó como forma de culminar toda esa serie de planteos y eventualmente cerrar con un cese, con un pase a retiro y quedar con las manos libres para la política en estas fechas?
GMR —No, yo no lo busqué. Sí tengo que reconocer que era consciente de que era altamente probable que esto terminara así. Pero entendí que era mi obligación como jefe del Ejército plantear las cosas como eran, no lo busqué. Mi mejor solución habría sido que hubiera habido cierta comprensión de la barbaridad que era condenar hoy soldados por lo hecho hace 50 años y que hubiera cierto cambio en la actitud hacia ellos. Eso es lo que hubiera deseado. No busqué el cese, pero sí era consciente de que era altamente probable que se produjera.









