
EC —Sobre todo teniendo en cuenta que se ha distribuido tanto el sistema de videocámaras en las calles en Montevideo y otras ciudades del interior. ¿Cómo es que en las cárceles no se avanza en esa dirección?
JMP —Hay muy pocas.
EC —Seguramente no estamos hablando de una inversión fenomenalmente grande.
JMP —Hay en muy pocas cárceles. En Canelones, en la cárcel nueva por supuesto que sí, alguna otra cámara suelta en otro lugar, pero en los lugares donde tienen que estar no están. Lo que ocurre es que el sistema está colapsado, tenemos que tener un sistema diferente –yo sé que cuesta decirlo en este momento–, con menos presos, con alternativas. Porque es imposible manejar un sistema con 11.000 presos. Estamos en uno de los países que tienen más presos.
EC —Ese punto aparecía en el informe del año pasado y vuelve a estar ahora: Uruguay se ubica en el puesto 28 en el ranking mundial de prisionización.
JMP —Sí, ahora bajó un poquito, estaremos en el 30, por ahí. El lugar 30 en 220.
EC —“Inexplicable”, dice el doctor Petit. Hay toda una reflexión pendiente a propósito de ese guarismo.
JMP —Es que si uno ve por ejemplo los índices de violencia, aun los índices de homicidios, que pueden haber subido un poco en Uruguay últimamente, Uruguay está lejos de ser de los países más violentos de América Latina, pero es de los países que tienen más presos.
EC —Está por arriba de países como Perú, Chile, Colombia, Paraguay, México o Argentina.
JMP —En cantidad de presos, sí.
EC —Son 321 presos por cada 100.000 habitantes.
JMP —Para que este sistema funcionara tendríamos que tener por lo menos tres veces más recursos. Entonces, ¿qué ministro de Economía va a poder triplicar, cuadruplicar el presupuesto de un organismo? Creo que ninguno. Entonces hay que pensar las alternativas por otro lado. Creo que las alternativas no están por el lado de soñar que aparezca petróleo y se multiplique por tres la cantidad de técnicos, de vehículos, de funcionarios, etcétera. Lo único que veo es la posibilidad de tener un sistema en el que existan penas de otro tipo, que no impliquen la internación para los delitos leves, que impidan la contaminación, el contagio, el agravamiento de las conductas de la persona que va privada de libertad. Y que tenga un tratamiento a su problema de salud mental o a su comportamiento externo, y cuando eso no funcione vuelve a la cárcel. Hoy hay elementos tecnológicos más que económicos, posibles y suficientes, mediante tobilleras, mediante monitoreo y programas, para evitar ese hacinamiento, ese colapso que nos da una falsa idea de seguridad, creer que porque hay más presos hay más seguridad, cuando los datos indican que a más presos, más delitos.
EC —La última de las recomendaciones que elijo para comentar hoy: implementar urgentemente un programa que dé preparación para el egreso (conformación de proyecto de inserción, red de vínculos positivos, capacitación del interno), con apoyo para el egreso mismo y los primeros días de inserción, etcétera. Veamos esto.
JMP —Es un tema central, de nuevo el ejemplo futbolístico, ya que estamos en el Mundial. Es como que uno agarra la pelota y tiene que mirar el arco contrario, el objetivo es hacer el gol. En lo penitenciario la persona va a rendir cuentas, a pagar el delito que cometió, va castigada, la Constitución dice que va asegurada, pero va asegurada para reeducarse y reinsertarse. Entonces el objetivo es el arco contrario, el objetivo es salir, volver a la libertad y que esa persona no vuelva a lastimar o a agredir o a dañar a otra persona. Y eso requiere programas de preparación del egreso. Ahí propongo que los programas de preparación para el egreso, que no existen como tales, sean equiparados y descuenten pena como la educación. Es mucho más predictor de la no reincidencia participar de un programa de progreso que simplemente realizar el barrido del patio o ir a una clase.
La preparación del egreso, formando la constelación de contactos, de redes donde la persona pueda saber dónde va a trabajar, dónde va a ir a vivir, con quién se va a relacionar, dónde van a estar sus posibles referentes…
EC —Dónde pedir ayuda, si es necesario.
JMP —Exactamente, dónde pedir ayuda. Muchas personas que están privadas de libertad no tienen familia, no tienen visita, pasan de pronto dos, tres, cuatro, cinco años y pierden sus vínculos, entonces si salen de la cárcel sin formación, sin vínculos, ¿quién las va a estar esperando? Probablemente las esté esperando gente que las va a querer usar y manipular para cometer nuevas ilegalidades. Allí está el filtro del Estado, ahí está romper con que la cárcel sea un gueto, con que sea una continuación del gueto, y sea una plataforma de pacificación.
Y aquí hay algunas buenas noticias. Creo que la Dirección Nacional del Liberado –también lo incluyo en el informe– se está empezando a plantar en la cancha con este tipo de cuestiones: acompañar a la persona que es liberada, generar trabajo afuera, generar más pasantías de las que había, que eran insuficientes, generar acuerdos con empresas, que no se están cumpliendo. No se está cumpliendo la normativa legal de que las empresas que licitan con el Estado deben contratar personas privadas de libertad, pero tampoco se está cumpliendo que haya una organización del Estado que vaya a las empresas y les diga: “Acá salen estas personas liberadas, que se formaron, se capacitaron, acá tienen sus diplomas. Denle el trabajo, la oportunidad que les corresponde”. Ese es un gran tema, es un gran predictor de bajar la reincidencia, y actualmente están surgiendo buenas ideas en la Dirección Nacional del Liberado. Soy optimista, hay muchas piezas sueltas arriba de la mesa que quizás hace algún tiempo no estaban. Hoy están sueltas, hay que conectarlas, armar el puzle y proteger la vida, cuidar la vida de todos, que es lo único que tenemos, es muy frágil y muy volátil, a través de una política pública que convoque también a otros actores.
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Transcripción: María Lila Ltaif









