
EC —Otro dato interesante: el 80% de los inmigrantes pertenecen a la población económicamente activa. ¿Qué significa?
JM —Significa que el 80 % tienen entre 14 años y 70 años, son considerados población económicamente activa. Eso significa algo muy importante para Uruguay, significa que es gente que viene ya con determinadas capacidades, determinados estudios, determinadas profesiones. Eso significa que el Estado no va a tener que invertir, si se ve desde un punto de vista economicista. Significa que eso va a traer diversidad en las relaciones laborales, nuevas prácticas, y es muy importante, porque indica que desde el punto de vista del sostenimiento económico van a ser cotizantes plenos contributivos del Banco de Previsión Social (BPS). Hoy se habla del déficit que puede tener el BPS, y no tengo los números acá, pero en un encuentro que tuve con el presidente de esa institución me manifestó que ha habido un aumento de extranjeros cotizantes al BPS. Eso es muy importante.
EC —¿Qué política está siguiendo el Estado en materia de inmigración, teniendo en cuenta el volumen que ya ha adquirido este fenómeno?
JM —Primero nos tenemos que adherir a lo que ya ha ratificado y firmado el Estado con respecto al Pacto Mundial de Migración en cuanto a lo que se entiende sobre la migración en general: respeto y protección de los derechos, igualdad de trato, que está en la Ley 18.050. Eso que puede parecer algo teórico, después tiene que bajarse y hay que empezar a trabajar. Es lo que hablábamos hoy, la regularización es muy importante, es muy importante que tengamos como tenemos conexión directamente con los tres niveles en la educación, UTU, secundaria y primaria. Cuando un niño inmigrante está en alguno de esos centros educativos y no tiene documento nos avisan tanto a Migraciones como a nosotros, nosotros hacemos una conexión con los padres y lo documentamos. Es una política activa.
Es muy importante tener en vista que la migración es algo dinámico. No podemos decir “hasta acá estamos”. Hay que estar siempre trabajando, implementando procedimientos y proyecciones para poder atender debidamente a la población que elige venir a vivir a Uruguay.
EC —Da la impresión de que no se da abasto para mantener este fenómeno bajo control, formalizado.
JM —No lo vemos así. La Cancillería ha hecho una inversión muy fuerte en cuanto a recursos humanos, capacitación de funcionarios, también de la DNM.
EC —¿No hay trámites que demoran mucho?
JM —El trámite de residencia para obtener el documento no demora nada.
EC —Para obtener la cédula de identidad.
JM —Y en cuanto a los inmigrantes Mercosur, hoy decíamos que el 85 % tiene la residencia concedida; quizás el otro 15 % se deba a que el inmigrante le falta alguna documentación. Pero nunca queda irregular sin documento, sea Migraciones, seamos nosotros, siempre le damos un documento de identidad provisorio o permanente.
EC —En un reportaje en el diario El País de abril de este año hablaba la antropóloga Pilar Uriarte, directora del Núcleo de Estudios Migratorios y Movimiento de Población de la Udelar, y sostenía: “El Estado no tiene un espacio que piense, dialogue y vincule con la población inmigrante, que cada vez está en situaciones más complejas”. Y agregaba que la forma de abarcar el problema es ineficiente. Nadie, a excepción de las organizaciones civiles, acompaña a los inmigrantes los primeros días en el país. Incluso hay voces más severas que dicen que el discurso de puertas abiertas que se promueve tiene algo de hipocresía. ¿Qué contesta usted?
JM —Respeto mucho a la antropóloga Pilar Uriarte. Ella está en la Red de Apoyo al Migrante, y dentro de esa red está el Consejo Consultivo Asesor de la Migración, en el que hay tres delegados de la sociedad civil que se sientan todos los meses a charlar con la JNM. Es más, la antropóloga Pilar Uriarte está haciendo un estudio que le pidió la Intendencia de Montevideo para hacer un diagnóstico sobre las soluciones habitacionales y la ruta a seguir. Cada uno puede tener la opinión que quiera. Del lado del Estado uruguayo tenemos una vinculación permanente con la sociedad civil, nos juntamos todos los días, porque cuando hablamos de la capacitación del funcionario público que hacemos, estamos hablando de capacitar a un funcionario sensible en la materia. Quien no esté sensible en esta materia no puede trabajar ni en la DNM ni en la Cancillería uruguaya.
EC —¿Qué quiere decir eso de que debe ser sensible?
JM —Usted lo dijo hoy cuando empezó a hablar, habló de una nueva cara. Es otra cara, como la veíamos con nuestros abuelos. Tampoco olvidemos que hasta la segunda mitad del siglo XX, hasta entrado el siglo XXI fuimos un país expulsor, por eso muchos de nuestros familiares están en el exterior. Y sensible porque hay que utilizar la empatía, el funcionario público tiene que ser un servidor público y tiene que entrar la empatía, atender a la gente como si fuera nuestra madre, nuestro mejor amigo, nuestro primo. Eso es lo que se profesa y lo que se hace.
Quizás la antropóloga Pilar Uriarte no ha estado un día con nosotros en la DNM, se daría cuenta de cómo se atiende a la gente. No es solamente el trámite de residencia, sino que se la asesora, se la orienta, muchas veces se llama al organismo donde tiene que hacer el trámite para decir que va a ir esa persona. Es un tratamiento personalizado integral.









