
EC —¿Cómo se entiende que las autoridades hayan tolerado ese incumplimiento? Lula no se entregó el viernes a las 5 de la tarde, que era el plazo máximo. ¿Qué ocurrió? ¿Hubo una gran negociación?
PFR —La Policía Federal dijo que no había condiciones para conducirlo coercitivamente el viernes a las 17 horas. Había más de 3.000 personas en la calle delante del edificio del sindicato, así que cualquier conducción coercitiva habría sido un desastre en términos de violencia. Así que creo que fue una decisión muy razonable de la Policía Federal frente al momento político y la fuerza popular física que tenía Lula delante del edificio. Así que creo que el no cumplimiento fue algo razonable.
EC —¿Qué es más notorio en las calles ahora, o durante el fin de semana: el descontento con el encarcelamiento de Lula o el respaldo a la decisión judicial? ¿Qué está pasando con la gente en Brasil?
PFR —Está completamente polarizada. Creo que Brasil nunca vivió un momento de tamaña polarización política. Hay dos lados fuertes, en contra y a favor, hay gente celebrando, hay gente llorando. Y la intención de voto después de la prisión de Lula sigue en 36 %. Creo que otra parte igual, con el 36 % del 40 %, rechaza por completo a Lula. Así que estamos completamente divididos en este momento.
EC —Ahora la expectativa está puesta en lo que ocurrirá este miércoles en el STF. Ese día se va a volver a considerar una disposición del año 2016, relativamente nueva, que establece la posibilidad de que un condenado pase a cumplir prisión cuando sobre él pesa un fallo de segunda instancia, cuando todavía tiene por delante otras apelaciones. Y parece que existe la posibilidad real de que ese reclamo sea atendido por el STF.
PFR —Sí, es posible. Porque el juicio ahora es el principio general, no el caso particular. Así que puede haber un cambio.
EC —Esa disposición que ahora se cambiaría tiene su historia en Brasil. En su momento se la impuso como una forma de combatir la impunidad. ¿Podemos recordar esos antecedentes?
PFR —Antes de este episodio muchos otros políticos no fueron presos después de la condena en segunda instancia. O sea que este es un cambio, de eso hablábamos antes, creo que puede ser un cambio en general, pero todavía no tenemos los elementos para afirmar que es un cambio que vaya a servir para toda la clase política y que eso efectivamente combata la corrupción. Me parece que sí, mi opinión muy personal es un poco más optimista y ojalá que sí, pero puede haber cambios, el […] que va a entrar en juicio ahora puede cambiar la interpretación para volver a la interpretación antigua de que la condena en segunda instancia todavía no es suficiente para dar prisión al individuo.
EC —Ahí hay un conflicto de lo más curioso, difícil de dilucidar, porque que alguien vaya preso cuando todavía no hay sentencia firme, cuando recién hay una sentencia de segunda instancia, sería violatorio de la Constitución. Es una interpretación. Pero por otro lado, la historia de Brasil demuestra que aquellos procesados poderosos con buenos recursos en materia económica y capacidad de litigar con sus abogados han logrado en el pasado que la condena a prisión no terminara afectándolos, porque los procesos se hacían tan largos que los delitos llegaban incluso a prescribir.
PFR —Claro. Ese es el argumento del principal promotor del Lava Jato. Él dice que los pobres en Brasil son puestos en prisión en segunda instancia, pero quien puede pagar abogados y volver interminables los recursos no van presos, así que para él en su opinión el cambio es por la igualdad y no por la diferencia. Él espera eso y escribió un artículo de opinión en un importate periódico de Brasil defendiendo la tesis de la condena en segunda instancia. O sea que para los que no tienen recursos eso ya vale, eso ya sirve en Brasil y siempre sirvió, pero para los que tienen recursos no servía. Así que para él es una cuestión de igualdad.
EC —Y si ahora se cambia ese criterio, si el STF lo modifica el próximo miércoles, el primer “beneficiado” va a ser Lula, que podrá salir de la prisión, pero junto con él saldrán varios empresarios poderosos que han ido a la cárcel con fallos en segunda instancia por estos casos de corrupción.
PFR —Seguramente. Puede haber lo que se dice en Brasil acordão, un gran acuerdo. Eso puede pasar, ojalá que no, pero hay una gran posibilidad.
EC —Hay una gran posibilidad de que se produzca esa especie de “liberación masiva” de empresarios vinculados con la corrupción, y también de otros dirigentes políticos…
PFR —…de otros dirigentes políticos también, seguramente.









