
(Audio Lula.)
Eu não pararei porque eu não sou um ser humano, sou uma ideia, uma ideia misturada com a ideia de vocês. E eu tenho certeza que companheiros como os sem-terra, o MTST, os companheiros da CUT e do movimento sindical sabem. E esta é uma prova, esta é uma prova. Eu vou cumprir o mandato e vocês vão ter de se transformar, cada um de vocês, vocês não vão se chamar Chiquinho, Zezinho, Joãozinho, Albertinho… Todos vocês, daqui pra frente, vão virar Lula e vão andar por este país fazendo o que vocês têm que fazer e é todo dia! Todo dia! Eles têm de saber que a morte de um combatente não para a revolução! Eles têm de saber!
(Fin audio.)
EC —Escuchábamos recién a Lula en uno de los momentos de su discurso del sábado frente al sindicato de metalúrgicos en San Pablo. Un discurso que estuvo cargado de frases como para la antología: “Yo ya no soy un ser humano, soy una idea y las ideas no se encierran” o “La muerte de un combatiente no para la revolución”. Tuvo toda esa carga emotiva y simbólica. ¿Qué dejó esa alocución en ese sentido?
PFR —El fuerte de Lula es eso, eso tiene él, su principal arma es esa. Pero yo pienso lo contrario de su discurso, parece que con la prisión de Lula sí muere una idea, no solo un candidato. Las ideas de crecimiento económico y reducción de la desigualdad, políticas públicas de reducción de la pobreza parecen muy dependientes de la figura personal de Lula, no de un partido o un campo ideológico, no hay sucesores ni sucesoras. Lula hizo a Dilma su sucesora, pero no tenía un liderazgo muy consistente. Y no veo otra personalidad que pueda serlo. Así que la derecha hoy tiene mayores condiciones para ganar una elección y de poner en práctica sus reformas. Michel Temer hizo más reformas de las que Fernando Henrique Cardoso podría imaginar, en un año y 11 meses de gobierno, menos de dos años de gobierno. Así que los cambios están ocurriendo, el statu quo ha cambiado. Me parece que Lula hace ese discurso justamente porque ve que la idea está muriendo. ¿Quién va a sostener esa idea a nivel nacional […]?
EC —¿Esa idea muere porque Lula no fue capaz de crear un liderazgo alternativo o porque los gobiernos del PT estuvieron pautados por la corrupción como varios otros gobiernos en la historia de Brasil? Porque ahora se discute si Lula recibió o no el apartamento tríplex, etcétera, pero no parece discutirse la carga gigantesca de corrupción que rodeó a estas últimas administraciones.
PFR —Claro, seguramente. Pero el electorado en Brasil hoy ve la corrupción como una variable constante, no hay distinción entre los partidos, el elector hoy no logra utilizar la corrupción como un criterio para elegir a su candidato. Hay como una tolerancia, porque la popularidad de Lula no cayó tanto. Cuando uno ve el caso de Chile con Bachelet se imagina como hipótesis que la corrupción afecta más al electorado chileno que al brasileño. Claro que tendría que hacer una investigación para comprobar esa hipótesis. No me parece el principal problema del PT la corrupción, lo que dicen los seguidores de Lula es que Lula tuvo que jugar el juego, “hay que jugar el juego”, no se puede ser presidente de la República sin jugar el juego. Y el juego es un sistema endémico de corrupción. Por eso no me parece que eso haya destruido completamente la figura de Lula. Lo que Lula hizo fue destruir el partido.
EC —Tú dices que Lula destruyó el partido; ¿en qué sentido?, ¿con qué tipo de acciones o falta de acciones?
PFR —Creo que todo empieza en el 99, en el 98 pierde de nuevo en primera vuelta con Fernando Henrique Cardoso y empieza un proceso de centralización política en el interior del PT, empieza un camino del PT hacia el centro, y Lula es la figura central. Hay que recordar que en 2005 en el primer gran escándalo importante de corrupción del gobierno Lula, liderazgos del partido como […] y José Genuino, fueron presos también. Ahí perdió el segundo […] de liderazgo del partido y Lula no logro sustituir ese liderazgo. Su gran intento fue con Dilma, que fue exitosa porque ganó dos elecciones, pero no logró sostener ese liderazgo, Dilma no tiene la capacidad que tiene Lula de acumular votos, de acumular apoyo político, así que hay un competo vacío de liderazgo en el PT, el lulismo y el petismo hoy son la misma cosa, creo yo.
EC —Estamos deteniéndonos en el PT, pero tú has mencionado al conjunto del espectro político brasileño manchado prácticamente de manera íntegra por casos de corrupción. ¿Cómo sale Brasil de una crisis como esta? Llegaron a pronunciarse jefes militares en los últimos días y ese fue un factor de inquietud enorme.
PFR —Claro, hubo un general que hizo comentarios en Twitter. Pero hay muy poca gente que todavía es defensora de una intervención militar. Bolsonaro, un candidato que tiene el 18 % de intención de voto, es un exmilitar y tiene un discurso militarista, las Fuerzas Armadas son cada vez más utilizadas en el combate de la violencia urbana en Brasil, pero todavía no es tan visible nada que se parezca a un plan estratégico de los militares. Creo que no es algo muy consistente todavía. Puede cambiar, pero no me parece un riesgo una intervención militar como en el 64 en Brasil. Eso está un poco fuera de la agenda política del país.
EC —Entonces, ¿cómo se estabiliza Brasil?
PFR —Desde el punto de vista económico hay una recuperación […], la economía se retrajo en 2015 y 2016 3,8 % y 3,6 %, ahora hay un crecimiento en 2017 de 1 %, hubo un incremento muy grande de las exportaciones, hay una recuperación industrial. Desde el punto de vista económico el país no está más en su mayor recesión de los últimos 34 años. Desde el punto de vista político no sabemos cuál va a ser el próximo liderazgo, pero el gobierno Temer nos muestra que un presidente muy impopular, acusado dos veces de corrupción en el Congreso, todavía es capaz de gobernar, de hacer cambios estructurales importantes como la reforma laboral, el control del presupuesto público con apoyo mayoritario y alta fidelidad del Congreso nacional. Tiene un contexto político-social desfavorable, un desempleo muy alto, del 12 % de la población todavía, pero tiene el Congreso. Así que creo que el próximo presidente de Brasil va a lograr gobernar, pero en Brasil el presidente tiene que tener mayoría, tenemos 28 partidos con representación en la Cámara de Diputados, así que no hay otra opción que una coalición político-partidaria mayoritaria. Y eso es posible en Brasil, creo que va a seguir funcionando el presidencialismo de coalición en Brasil, y con la recuperación económica ojalá que la situación sea más estable.
EC —Pero como tú mismo señalabas, en más de una ocasión en el pasado esas coaliciones han sido posibles en base a la compra de votos, con la corrupción de por medio, con la corrupción como sistema. ¿Eso cambió en Brasil?, ¿ya no volverá a ocurrir?
PFR —No creo, sería muy optimista decir que no va a haber corrupción, pero puede haber una disminución. Creo que la corrupción puede tener niveles, no creo en un país sin corrupción, no sé si eso existe. Puede existir, pero es muy difícil imaginar algo así, son muchos contactos públicos, muchos intereses. Pero si el judiciario establece un control más rígido creo que puede haber un cambio en la cantidad de corrupción en Brasil. Creo que eso es fundamental, que no sea tan endémico, que se pueda combatir con más eficiencia la corrupción.
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Transcripción: María Lila Ltaif









