
EC —Pero de argentinos hubo un flujo particularmente importante.
AC —Argentinos muchos, fue una combinación de la espantosa situación que había en Argentina y los atractivos de Uruguay. Pero si resolvemos el problema de la seguridad Uruguay es un país muy atractivo, como Nueva Zelanda, para gente mucho más allá de los vecinos. Ese tipo de inmigración es muy sensible a la seguridad, uno está eligiendo dónde va a ir a vivir, claramente no quiere ir a vivir a un lugar donde esté permanentemente preocupado por la seguridad. Esa migración ha descendido y va a desaparecer si no hay un cambio muy importante en los resultados de las políticas de seguridad. Cuando volví de Nueva Zelanda vi el deterioro que se había dado desde que me fui, y no fue tanto tiempo. Y una de las cosas que me hicieron empezar la conversación con mi esposa de eventualmente considerar ir a pasar más tiempo a Nueva Zelanda fue la enorme satisfacción de poder vivir sin preocupación por la seguridad. Mi señora me cortó en seco la conversación, pero sin duda para alguien que decide dónde quiere ir a vivir, que tal vez es gente que vendió empresas, etcétera, ese sea un elemento muy importante.
La educación impacta en otro segmento muy vinculado a lo que estoy haciendo ahora en el mundo de la tecnología, en la disposición de capital humano para desarrollar proyectos de alto valor agregado. En ese sentido Uruguay tiene un stock bueno pero pequeño de recursos altamente calificados. La educación es pobre en el ciclo secundario, y la cantidad de gente que después persigue carreras en el mundo de la tecnología, lo que se llama ciencia, tecnología y matemática, es muy muy baja. Uruguay podría tener demanda laboral para muchas veces la cantidad de gente que hoy se está recibiendo en estos segmentos, pero no tiene la oferta y por lo tanto no atrae inversión o no atrae tanta inversión. Una inversión grande en tecnología seca el mercado simplemente porque no hay oferta suficiente. Ahí Uruguay tiene mucho para hacer.
No quiero decir que todo sea negro, el Plan Ceibal es una apuesta de largo plazo que es un orgullo para Uruguay, cuando viajo por el mundo es de los temas que salen, como la selección uruguaya, que a uno le da orgullo que se los mencione porque siempre es con admiración. Es un ejemplo muy bueno, no lo quiero minimizar, pero es puntual. Y a nivel tanto secundario como universitario habría que hacer mucho más. Incluso fomentar la visión entre los jóvenes uruguayos de que ese es un camino promisorio para desarrollar sus vidas profesionales, sus carreras, etcétera, no para tenerle miedo y disparar. En el mundo de hoy la demanda en esos sectores cada vez crece más, mientras que al mismo tiempo en otros sectores la demanda va a ir reduciéndose, en algunos casos probablemente hasta desaparecer. Yo estoy muy muy metido en ese es un segmento hoy, estoy trabajando mucho en Uruguay y fuera de Uruguay, y creo que es una lástima que no estemos haciendo más.
Por ejemplo, una cosa puntual, las mujeres en Uruguay si bien están empezando a subirse, son muchas muy pocas las que siguen este mundo de ciencia, tecnología y matemática. No tiene sentido, no hay un componente genético en eso, es algo 100 % cultural y Uruguay está perdiendo un stock de personas que podrían realizarse profesionalmente con mucho éxito económico y de satisfacción personal en un segmento en el que hacia delante cada vez hay más demanda. Estamos empujando a la gente hacia sectores en que la inteligencia artificial, el desarrollo de diferentes tipos de tecnologías –que no es que las vamos a tener dentro de 10 años, ya están ahora– están destruyendo otros puestos de trabajo, porque la eficiencia, la velocidad y la calidad de los resultados son superiores que con humanos.
EC —Teniendo en cuenta todos estos factores, los que tenemos a favor y los que son debilidades, y agregando el contexto internacional, ¿es viable la llegada de inversiones en el corto y mediano plazo que puedan transformar la matriz económica nacional?
AC —Viable es; tú me preguntás si creo que va a ocurrir. No, no tengo la visión apocalíptica que tienen muchos empresarios amigos míos sobre la situación de Uruguay en el futuro, creo que el futuro de Uruguay es parecido al presente. Uruguay no es un desastre, no le va a ir muy bien, no le va a ir muy mal; por supuesto los golpes internacionales van a ir influyendo en la situación local, pero tenemos una existencia que fue muy buena durante algunos años, hoy es más mediana y va a seguir siendo mediana, gris, con índices de crecimiento más parecidos a los de ahora que a los de hace cinco o seis años, no creo que vayamos rumbo a un desastre.
Hoy no veo las condiciones para que haya un aumento de la inversión que no sean estos grandes proyectos, que obviamente bienvenidos y tienen un impacto positivo muy grande. Y en materia de tecnología se ven emprendedores uruguayos haciendo cosas muy interesantes, pero no suficiente cantidad. Se ven personas iniciando proyectos empresariales en áreas más de servicios, pero no en suficiente cantidad. En el agro estamos en un momento difícil, no hay una perspectiva a corto plazo de mejora; obviamente somos tomadores de precios, hay una parte sobre la cual no podemos influir, pero en aquella parte en la que podemos influir es difícil anticipar que vaya a haber cambios. En materia de seguridad, que es muy importante para el segmento de inversión de que hablé, no preveo que vaya a haber cambios. Y en materia de educación tengo amigos que están trabajando muchísimo para que esto cambie y les deseo mucho éxito. Es difícil ser optimista, el problema es tan grande, tan complejo y hay intereses –no intereses económicos, no una conspiración– corporativos en que esto no cambie.
EC —¿Por ejemplo?, ¿intereses de qué tipo?
AC —La educación es un problema difícil en todo el mundo, pero la institucionalidad que le dimos a la educación en Uruguay, en la cual para que el poder político no politice la educación le sacamos la posibilidad de influir sobre ella, hace que nadie pueda influir sobre la educación y que esta sea como un barco que flota a la deriva sin que nadie pueda corregir los errores, algunos muy grandes, que todos saben que existen. Cualquiera que toque eso desde el sector político es como que tocara algo radiactivo, por lo tanto los incentivos para que se trate de solucionar el problema son muy bajos. La experiencia de este período de gobierno es un ejemplo claro de lo difícil que es eso, pero también de cómo los intentos de reforma a nivel político rápidamente se ven frustrados.
***
Transcripción: María Lila Ltaif









