
EC —Es muy rica toda esa información que estás dando; nos sitúa muy bien en el sector.
GG —Quiero destacar la enorme heterogeneidad que tiene el sector y el error que cometemos cuando todos, yo a la cabeza, hablamos de “los productores”. Es imposible hablar de “los productores”, porque es tan grande la diversidad, es tan grande la heterogeneidad de las escalas, de los tipos de suelos donde están, del potencial agroecológico de ese suelo, del propio productor y de todas las circunstancias, si vive o no vive, si está solo o si tiene empleados, es tal la heterogeneidad que hacemos muy mal en hablar de “los productores” como un todo. Porque lo que hacemos es reducir y llevar sin querer a determinado esquema: el papá, la mamá, los hijos, la camioneta. Esa es la imagen que enseguida nos viene a la cabeza, la cual, como trataba de explicar con estos datos, se aleja mucho de la realidad.
EC —A partir de este contexto podemos llegar a lo que es el interés principal de esta charla, que es lo que ha estado en discusión en estos meses: ¿cómo mejorar la rentabilidad del sector? Y en el especial, cómo mejorarla en esos establecimientos ganaderos chicos de los que hablabas recién. Se han planteado una serie de reclamos a propósito de medidas que le corresponde tomar al Estado: reducción de la tarifa eléctrica, rebaja del precio del gasoil, rebaja de impuestos más en general. Esa negociación sigue, se está dando, vamos a ver qué resultados produce. Pero tú, en alguna charla que teníamos, incluso en alguna participación que tuviste como invitado en las Mesas, marcabas que también hay medidas que puede tomar el productor porteras adentro, por sí mismo. Te propongo que nos metamos en eso.
GG —Me parece bárbaro, porque el objetivo de eso en el esquema de razonamiento que propongo es: lo externo tiene sus carriles, se está manejando, se manejará bien o mal, se llegará a un resultado mejor o peor, pero no está directamente bajo la égida de gestión de quien está al frente del establecimiento. Entonces miremos qué cosas podemos hacer sobre lo que sí está bajo nuestra égida de gestión.
Históricamente en el Uruguay la academia, la investigación y los propios productores nos hemos movido con la máxima "a mayor productividad, mayor resultado económico, mayor margen bruto". Los agrónomos lo tenemos impregnado, nos han enseñado eso y lo tenemos escrito en piedra en nuestras cabezas, que a veces son bastante marmóreas. Y la realidad es que no es así.
EC —¿Cómo que no es así?
GG —Cuando uno mira esos datos a un nivel grande de agregación, si hace la gráfica ve esa gráfica: a mayor producción, mayor resultado económico. Y ve esa nube de puntos, cada establecimiento es un punto, ve esa sucesión y se genera la línea, se genera la renta. Pero cuando empezamos a mirar eso con mayor sintonía, vemos que el R2, que es el coeficiente de terminación de esa curva que ve cuánto de la respuesta obedece a eso, es de menos de 0,50. Quiere decir que el aumento de productividad en el mejor de los casos en la mitad de los establecimientos estuvo acompañado de un incremento económico, pero en la otra mitad no. Y eso, que es una cosa tan evidente y tan clara, no lo hemos podido ver en los últimos 20, 25 años y todavía hay muchas personas que hoy tienen dificultad para verlo. Porque si a la mitad de mi población el aumento de productividad no le trajo como consecuencia una mejora económica, habría que preguntarse cuál es la razón de seguir insistiendo con esa visión productivista de que lo que hay que hacer es ir al aumento de la productividad. Estoy hablando de la ganadería.
Y si a eso le agrego que esa apuesta al aumento de la productividad es en base a tecnología de insumos, y que tecnologías de insumos es echar mano al bolsillo y sacar dólares para aumentar la productividad, las cosas se complican bastante más. Porque básicamente lo que implica eso es el paquete tecnológico (con todo lo horrible que tiene decir paquete tecnológico); lo que implica es sustituir campo natural por pasturas implantadas, que tienen un enorme costo, que tienen una vida útil muy corta, de dos o tres años a lo sumo –por lo tanto a los dos o tres años hay que volver a hacer esa inversión–, y que tienen además una enorme dependencia de las condiciones climáticas. Si todo viene bien, en vez de tener 2.000 kg de materia seca por hectárea de forraje, voy a tener cinco veces más. Perfecto, lo voy a tener durante los años en que lo pueda utilizar y al costo al que lo tuve, que es muy alto. Pero por ejemplo ahora, con déficit hídrico, hay gente que plantó, hizo el gasto y le falló. Eso ocurre de manera frecuente, todos los años cuando sembramos ese tipo de pasturas. Funcionan mejor los verdeos de invierno, que son pasturas muy cortitas, avena y raigrás. La avena no se pudo plantar porque la seca lo impidió, pero con esta humedad que hay ahora se puede echar raigrás, y si eso anda bien vas a tener un área de tu campo que va a producir mucho forraje de buena calidad. Pero ese paquete tecnológico que hace que el sistema funcione en base a la incorporación de insumos, porque detrás de la pastura viene el fertilizante y vienen los agroquímicos, todo eso funciona muy bien, pero para determinados productores, con determinadas características y en determinados tipos de suelo. Y no funciona tan bien para otro grupo muy grande de productores, no importa cuán grande, pero muy grande de productores, y de hecho ha sido motivo de muy malas experiencias y hasta de endeudamiento de esos productores.
EC —¿Cuál es la alternativa entonces? Te pido que la plantees hoy para desarrollarla, en todo caso, en otro momento. ¿Cuál es el otro cambio posible?
GG —El otro camino posible, dicho con ese eufemismo grande, son las tecnologías de procesos. Las tecnologías de proceso en la ganadería básicamente implican una mirada, una revalorización del campo natural, que es el principal patrimonio que tiene el Uruguay y que lo posiciona de manera muy distinta en los mercados. Esa mirada distinta implica manejar ese campo natural de manera diferente de como lo hemos hecho siempre, y luego sí la incorporación de algunas prácticas de manejo, como puede ser una pequeña área de mejoramientos forrajeros o la suplementación a determinadas categorías animales en determinadas épocas del año, pero sin perder de vista la mirada del sistema como un todo. Por ejemplo, pensando en la suplementación, que es traer alimentación extrapredial, comprar alimento y traerlo de fuera al establecimiento, es tener bien pensado a qué categoría animal, en qué momento del año, qué cantidad le voy a dar y cuál es el objetivo con el que voy a suplementar. Esas tecnologías de proceso permiten gestionar de manera más racional los recursos que tengo, y hacerlo a un bajo costo, con lo cual mejoro el costo unitario de producción, que en el fondo es lo que le tiene que interesar al productor, no la cantidad de kilos que produce, sino el costo unitario de producción. Y por ese lado se logra además darles estabilidad y resiliencia –esa palabra tan de moda con esto del cambio climático– biológica y económica a los sistemas de producción ganaderos.
EC —¿El pastoreo racional entra en este campo del que estás hablando ahora? Te lo pregunto porque hace unos días nos mandaste un correo contando una experiencia maravillosa en la que habías participado, una jornada de pastoreo racional organizada por productores para compartir sus experiencias. ¿Qué es el pastoreo racional?
GG —En el pastoreo racional es el productor el que decide en qué momento y en qué lugar los animales pastorean, a diferencia de lo que ocurre tradicionalmente y mayoritariamente en el país, que es lo que llamamos sistema de pastoreo continuo, en el cual en un potrero están –exagerando y simplificando para que se entienda– los 365 días del año la misma cantidad de animales. Eso es el extremo de lo que queremos decir cuando hablamos de pastoreo continuo.
Hay una discusión, que no está saldada, en el Uruguay por lo menos, que enfrenta a academia y productores. La academia dice que el sistema de pastoreo no tiene efectos sobre el resultado productivo, y los productores, que lo hacen y que cada vez son más, lo defienden a ultranza porque ese sistema les permite saltos cuantitativos –kilos de producto animal– y cualitativos –dinero, calidad y tiempo de trabajo– enormes. Lo que han hecho es sistematizar el predio, hacer mayor cantidad de subdivisiones y rotar los animales entre esos potreros para que vayan pastoreando de acuerdo a criterios preestablecidos en los lugares que el productor decide y por el tiempo que decide. La información que sale de ahí es que eso genera un impacto muy alto a muy bajo costo.
EC —Vamos a tener que desarrollar esta idea con más tiempo, ver algunos ejemplos concretos, con nombre y apellido, conocer al productor tal o al grupo de productores cual.
GG —Me parece bárbaro, porque hay una movida muy grande de productores, productores aislados, pero sobre todo de productores organizados en base a noveles organizaciones de productores asociados con interés productivo, defendiendo este tipo de ideas, llevándolas a la práctica, intercambiando conocimiento en páginas en Facebook, en páginas webs. Toda esa movida es muy rica, sale del propio sector y va de abajo hacia arriba y nos ilumina a nosotros.
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Transcripción: María Lila Ltaif









