
El día que, como el Ave Fénix, Luis Suárez regresó de la enfermería para endilgarle a Inglaterra la segunda derrota en un Mundial contra Uruguay.
Una historia de amor y odio
Por Homero Fernández
Jueves 26.03.2026
Hay dos sentimientos terriblemente opuestos que si se conjugan adecuadamente pueden generar la energía para lograr, por ejemplo, la gloria deportiva.
El 19 de junio de 2014 en el Mundial de Brasil, el amor y la bronca se unieron en el corazón de Luis Suárez para bombear con fuerza su sangre charrúa y reaparecer ante Inglaterra en el segundo partido de la fase eliminatoria.
Un mes después de ser intervenido en su rodilla izquierda, y rompiendo todos los pronósticos, el goleador uruguayo de la Premier League estaba ese jueves en la cancha del Corinthians de Sao Paulo para expiar sus peores pesadillas.
Traía una mochila llena de rabia por la frustración de su lesión y por la acumulación de burlas e insultos de los aficionados ingleses debido, entre otras cosas, a sus incidentes con Patrice Evra del Manchester United, en 2011, y con Branislav Ivanovic del Chelsea, en 2013, que le habían acarreado duras sanciones.
Jugando tal vez el partido de su vida, Luis Suárez regresó a la letalidad goleadora acostumbrada en las canchas de Inglaterra y ante el arquero Joe Hart dejó impresas dos imágenes para recordarlas siempre.
Primero, un cabezazo a contrapié en el área chica a pase de Edinson Cavani, y luego, casi al final, cuando el partido estaba 1 a 1 y no se veía por dónde ganar, aprovechando un error defensivo de su amigo y capitán del Liverpool, Steven Gerrard, se metió al área y ante la marca de Gary Cahill fusiló de derecha al portero inglés.
Corrió, corrió, abrazó, abrazó, lloró, lloró. Y con él, ilusionado, esperanzado y con rabia, todo Uruguay. Un momento tan feliz que en nada presagiaba el drama y la tragedia que se avecinaba para el siguiente partido ante Italia.
Suárez confesaría después del triunfo ante Inglaterra que dos cosas lo inspiraron: el amor por su familia y por el fisioterapeuta que lo ayudó a rehabilitarse, y la rabia que le provocó el entrenador Roy Hodgson, quien había dicho que Suárez no estaba a la altura de los grandes, que todavía le faltaba jugar un muy buen Mundial y que no creía que estuviera listo para enfrentar a su equipo.
“Para los que dudaban de que estaba al 100 por ciento, que en esta clase de partidos había que demostrar, ahí está la contestación”, disparó el “Pistolero” al terminar el partido.
En 1986, un jugador célebre e igualmente controvertido eligió la revancha para tomar impulso. Diego Armando Maradona le metió dos goles a Inglaterra y la eliminó del Mundial de México. Fue el día de la “mano de Dios” y del “barrilete cósmico”, a 4 años de la guerra de las Malvinas.
“Dijimos antes del partido que el futbol no tenía nada que ver con la guerra de las Malvinas. Sabíamos que ellos habían matado a muchos jóvenes allí, los mataron como pájaros. Y eso era la revancha”, contaría luego Maradona en su autobiografía.
Quienes vieron el primer gol de Suárez ante los ingleses, pudieron observar que abrazaba a un hombre canoso del cuerpo técnico, le señaló para que millones lo vieran y le besó la cabeza. Ese era Walter Ferreira, el fisioterapista que lo había rehabilitado en tiempo récord.
Mientras el jugador luchaba en una carrera contra el tiempo, Ferreira hacía lo propio, pero por salvar su vida de un cáncer. Mientras atendía al futbolista tuvo su última sesión de quimioterapia.
“Yo no podía ir al lugar de entrenamiento y Luis trabajó en mi casa. Eso también lo valoro mucho”, contó el “Manosanta” desde Brasil, adonde sus médicos le permitieron viajar a pedido de Suárez y “porque vive para el futbol”, según dijo su esposa.
“Si no fuera por él yo no hubiera estado acá. Lloré mucho con él porque fue un momento duro, complicado por lo que vivió también, por el sacrificio que hizo para acompañarme en cada momento”, expresó entre lágrimas el goleador después de su gran partido.
En medio de tanto show mundialista en Brasil, de insultos colectivos entre hinchadas, de errores arbitrales, de resultados inesperados, también hubo lugar para que el amor y la rabia consiguieran en aquel partido entre uruguayos e ingleses, un final de telenovela.
Uruguay 2, Inglaterra 1. O si se quiere ser más dramático: Suárez 2, Inglaterra 1.
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