Asociación de Egresados Terciarios de la Educación Pública plantea cambios al Fondo de Solidaridad actual y realiza una propuesta alternativa para sustentar las becas

¿Es justo que egresados universitarios de instituciones públicas paguen al Fondo de Solidaridad (FDS) para financiar becas a estudiantes?

Este debate volvió al tapete el mes pasado, cuando un grupo grande de 12.000 profesionales, los que empezaron a pagar cuando se puso en marcha el FDS en 1995, cumplieron 25 años de contribución, una de las causales para el cese de la obligación.

La semana pasada repasamos la historia y los resultados del FDS en una entrevista central con el ingeniero José Luis Genta, presidente de la Comisión Honoraria Administradora.

Paralelamente la Asociación Uruguaya de Egresados Terciarios de la Educación Pública (Audetep) reflotaba una propuesta que había elaborado en 2016 que sustituye elimina los aportes en un proceso gradual y sustituye el FDS por un fondo nacional de becas.

Ayer, directivos de esa asociación se reunieron con el futuro ministro de Educación y Cultura, Pablo Da Silveira, a quien le presentaron su iniciativa.

¿Qué viabilidad tiene esta propuesta? En Perspectiva lo conversó con la presidente de Audetep, Adriana García, y su secretario, Marcelo Gerstenfeld.

Destaques de la entrevista:

  • Dijeron que la Constitución dice que estudiar en la Universidad es gratis, por lo que este aporte del Fondo de Solidaridad es inconstitucional.
  • García: «Uno de nuestros planteamientos es eliminar el adicional al Fondo de Solidaridad, que ya no tiene razón de ser».
  • García: «Las becas no las da el Fondo de Solidaridad, las damos los egresados que ponemos el dinero para las becas».
  • García: «Lo idea sería, como en tantos países del mundo, que las becas salieran del Estado pero la situación económica de nuestro país no lo permite».
  • Gerstenfeld: «Es muy lógico que se pague una matrícula, entonces hagan una reforma constitucional, saquen la parte de que es gratis la educación y me dicen cuánto tengo que pagar».
  • García: «Desde el Fondo de Solidaridad, a quien se persigue, se le retiene el sueldo, se lo envía al clearing e incluso se lo embarga es a aquel que sustenta las becas».
  • Gerstenfeld: «Mucha gente no da sus últimos exámenes o entregas para no figurar como egresado y por ende no tener que pagar el Fondo de Solidaridad».
  • Dijeron que lo que se busca es eliminar la estructura burocrática del Fondo de Solidaridad, lo que garantizaría unas 1000 becas.
  • García: «En el sistema que proponemos, el solicitante de la beca la va a pagar en relación al dinero que pidió y no indiscriminadamente como ahora».
  • Gerstenfeld: «La persecución del Fondo de Solidaridad a los egresados no debería existir más».

Foto: Adriana García y Marcelo Gerstenfeld en el estudio de En Perspectiva. Crédito: Agustín Dorce

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Gastón González

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3 Comentarios

  • Sí, es cierto, que el Fondo de Solidaridad debería ser proporcional a los ingresos y, como eso, le caben también otras varias mejoras.

    Pero tengo la sensación que la verdad descarnada de lo que persiguen como principal objetivo -y con lo que se darían por satisfechos al punto que dejarían de existir como organización- es que no les cobren más el Fondo de Solidaridad. El resto es decorado declarativo.

    Yo que sé, pienso que asociarse para trabajar en pos de universalizar la educación terciaria podría ser una causa bastante más noble tras la cual encolumnarse.

    • Es que los recursos para ese fondo no deberían salir de los ingresos de los profesionales egresados, porque si no, es una burla a la gratuidad de la enseñanza. Debería trabajarse en una línea como la que tiré yo en mi anterior intervención: buscar una fuente de financiación que grave a toda la sociedad, o a una parte relativamente pudiente de la misma, tal como se hizo con el impuesto de Primaria, que se financia en base a tributos a la propiedad inmobiliaria. Por otra parte, es de muy mal gusto lo que proponen, de que se cobre algo a los usuarios de las becas. Éstos llegan a esa situación porque se entiende que están en inferiores condiciones de acceder a un estudio superior, y con el fondo se pretende otorgar una prestación que compense su situación. Pero luego no parece justo que se les diga: como ustedes tuvieron una mejora, van a tener que contribuir más que los que no la tuvieron. Recuerden el dicho: al que da y quita, le sale una jorobita…

  • En el plano teórico, y como gran idea de objetivo país, la educación terciaria debería ser igual de gratuita (es decir, pagada por todos) que la enseñanza primaria o secundaria. La diferencia está hoy en la universalización de una y otras.

    Pienso que deberíamos aprovechar la (muy buena) estructura demográfica de nuestro país, con relativamente pocos jóvenes, y focalizarnos, es decir, priorizar en el destino de los dineros públicos, para que todos y cada uno de nuestros jóvenes tengan posibilidades ciertas y genuinas de acceder con todo resuelto a la educación terciaria (que además sea de alta calidad).

    Además de la justicia intrínseca, sería la mejor inversión para el erario público, la que sin dudas redundará en una sociedad más rica y próspera.

    De ese mismo círculo virtuoso saldrían, con creces, los recursos para asegurar el financiamiento de esta inversión país.

    En el mientras tanto, los que tuvimos la suerte de acceder a la educación terciaria gratuita hagamos con gusto el esfuerzo -proporcional a nuestros ingresos- para apoyar que nuestros compatriotas menos favorecidos puedan acceder a la misma educación terciaria que tuvimos nosotros que, en gran medida fue financiada, entre otros, por gente que nunca tuvo la posibilidad de pisar la UDELAR (u otras opciones) y cuyos hijos hoy podrían hacerlo sólo si acceden a becas.

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