Asonada de militantes pro Bolsonaro: “Lula puede salir fortalecido de los hechos golpistas del domingo”. Análisis con el politólogo Pedro Feliú Ribeiro

Foto: Mauro Pimentel / AFP

Brasil buscaba retornar ayer a la normalidad política, luego de que miles de militantes bolsonaristas atacaran la sede de los tres poderes del Estado el domingo en la capital.

Los titulares de los poderes públicos, encabezados por el presidente Luiz Inácio Lula Da Silva, cerraron filas contra los actos de vandalismo.

En una inusual declaración conjunta, publicada en el Twitter de Lula, los jefes del Senado, la Cámara de Diputados y del Supremo Tribunal Federal rechazaron los «actos terroristas, de vandalismo, criminales y golpistas» en la capital.

«No vamos a permitir que la democracia escape de nuestras manos», prometió el presidente brasileño a la noche en una reunión con 23 de los 27 gobernadores en Brasilia, incluso algunos bolsonaristas, tras la cual bajó junto con los jefes estatales por la rampa del Palacio de Planalto, la casa de gobierno, que sufrió daños de consideración.

Las autoridades brasileñas lanzaron desde la noche del domingo investigaciones para hallar a los responsables de los disturbios y a sus eventuales financiadores. Hasta ahora se detuvo a unas 1.500 personas, informó Flavio Dino, ministro de Justicia y Seguridad, precisando que la mayoría de ellos estaban en un campamento en Brasilia desde donde salieron buena parte de los atacantes.

Cientos de policías y militares fueron desplegados este lunes en diferentes puntos del país, como Brasilia, Rio y Sao Paulo, para desmantelar campamentos similares, desde donde hace dos meses se exigía una intervención militar que pretendía impedir el regreso de Lula al poder.

A través de twitter, el ex presidente Jair Bolsonaro condenó el ataque. El ex mandatario, que está en Orlando, Florida, tildó de infundadas las acusaciones del presidente Lula de haber incentivado el ataque realizado el domingo.

Analizamos las derivaciones políticas de estos episodios

Conversamos En Perspectiva con Pedro Feliú Ribeiro, doctor en Ciencias Políticas, profesor e investigador en la Universidad de San Pablo.


Destaques de la entrevista:

  • «Nunca se había llevado a cabo una invasión con complacencia policial. Creo que es el elemento más complicado y perturbador de los hechos. La proporción que tomó la invasión se dio por la poca o ninguna acción de la policía del Distrito Federal». 
  • «Hay mucho apoyo a Bolsonaro en las fuerzas policiales».
  • «En términos de declaraciones tenemos bastante evidencia de apoyo político y discursivo de Bolsonaro al asalto de manifestantes a Brasilia».
  • «Hay que comprender qué pasó para esta radicalización. Hay muchas hipótesis: El avance de políticas alternativas en el gobierno de Dilma hizo reaccionar a la clase media brasileña que vio sus privilegios amenazados. Eso hace reaccionar más radicalmente. Los casos de corrupción, la gente siente menos confianza en los partidos políticos y eso abrió un espacio para el populismo de Bolsonaro que no tiene filiación partidaria fuerte. Él cambia de partido como cambia de camiseta. Viven en otra realidad, una realidad paralela creada por muchas fake news que se van sumando a un sentimiento radicalizado en cuanto a las instituciones Brasileñas. La democracia en Brasil necesita dar respuesta y principalmente con desarrollo económico y más calidad de vida para que esa idea de la política se extinga finalmente».
  • «Un problema de Brasil fue que después de la dictadura militar no los llevó al tribunal. Por eso hoy, quienes apoyan al gobierno dicen «No habrá amnistía», para que no ocurra lo que ocurrió durante la dictadura militar que no hubo militares procesados». 
  • «No hay elementos para llegar a la conclusión de que hay una amenaza comunista, es muy difícil ser movilizados por valores solamente y por mucha mentira. La democracia será siempre amenazada, yo creo que por los próximos diez años. Sería muy importante que el movimiento que representa a Bolsonaro perdiera votos».
  • «Si la opinión pública rechaza (el episodio golpista) y Bolsonaro pierde apoyo en términos de votos, va a ser más fácil para Lula lograr el apoyo de los partidos de derecha de Brasil (…), puede tener un efecto positivo para la formación de la coalición de apoyo de Lula en el legislativo»

En Perspectiva

Periodismo con vocación de servicio público. Conducen Emiliano Cotelo y Romina Andrioli. Con Gabriela Pintos, Rosario Castellanos y Gastón González Napoli. Producción: Rodrigo Abelenda y Florencia Nobelasco. De lunes a viernes de 7 a 12 en Radiomundo 1170.

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1 Comentario

  • El mayor desafío de Lula y más en general, del sistema político democrático en Brasil es prepararse para un eventual regreso de Trump dentro de dos años. Eso le cortaría al medio el gobierno a Lula y habilitaría ahí si a un golpe militar. En eso, el apoyo de grupos del poder económico de Brasil a la continuidad institucional será fundamental. Es probable que la presencia de Alckmin y el apoyo de FHC sean claves, porque a ellos tampoco les sirve Bolsonaro. Es curioso cómo la política de Brasil se está alineando con la de USA, con dos proyectos económicos muy similares, pero uno socialmente mucho más conservador que el otro. La izquierda económica hoy día desapareció del horizonte y los matices se centran en el tamaño del asistencialismo y –ojalá– en que Lula tenga una preocupación por desarrollar el capitalismo industrial por oposición a sólamente ocuparse del capitalismo extractivo.

    Dicho esto y guardando distancia del acusado, lo de llamarle genocida a Bolsonaro por el manejo de la pandemia es un disparate. Un genocidio tiene que ver con una acción deliberada para diezmar o exterminar una población definida a priori, no con la ignorancia y el manejo equivocado de una política sanitaria que afecta a toda la población del país que se gobierna. Varios países arrancaron con posturas similares a la de Bolsonaro al respecto, como UK por ejemplo. De hecho acá, el manejo de la pandemia se pareció bastante más al que hizo Brasil que al que hizo Argentina. Brasil en determinado momento vacunó, pero dejó la vacunación voluntaria y no paralizó la actividad, más o menos como acá. La diferencia fue más discursiva que otra cosa: mientras Bolsonaro tildaba la pandemia de «gripezinha» y que no había que parar porque no era algo grave, en Uruguay decían que era grave, pero que «no se podían parar los motores de la economía». Por ejemplo, acá no se paró la industria frigorífica porque había una fuerte demanda china y tampoco se paró la construcción, con el acuerdo del SUNCA, porque eso hubiera sido una catástrofe del punto de vista de los seguros de paro.

    Acá hay gente diferente, con otra cintura política, que sabe armar un discurso para que la gente se trague la pastilla. Mucha gente cree que LP fue un genio por el manejo de la pandemia, pero lo que hizo fue no hacer nada muy extremo. Allá había un bruto al mando que salía a decir cualquier disparate, emulando a su amigo Trump. Pero ojo, que una cosa es la imagen y otra el mundo real, el de las acciones materiales. Muchos gobiernos hicieron más o menos eso: vacunar y dejar que la economía siguiera su curso o restringir un poco la movilidad.

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