Javier Calvelo

Torre de las Telecomunicaciones: descartan errores estructurales o constructivos (Archivo, 2002)

A poco de su inauguración, la Torre de Antel fue señalada por posibles problemas de diseño, luego de la rotura de algunos vidrios. En aquel entonces, En Perspectiva entrevistó al ingeniero Marcelo Sassón, involucrado de primera mano con la construcción del edificio.

Foto: Javier Calvelo / adhocFOTOS

EN PERSPECTIVA
Miércoles 6 de marzo de 2002, 08.45.

EMILIANO COTELO:
Desde su origen, la Torre de las Telecomunicaciones construida por la telefónica estatal Antel estuvo rodeada de polémicas políticas y económicas. A tal punto, que el mes pasado el presidente Jorge Batlle le colocó el cartel de «Se vende».

Pero el debate corrió también por otros andariveles. En los últimos meses, con la obra ya casi terminada, todos hemos escuchado o leído rumores y versiones a propósito de que la torre se está hundiendo, que se está inclinando o se puede inclinar, que ya se han roto varios cristales debido aparentemente a movimientos de vigas o columnas que habrían sido mal calculadas…

A raíz de un peritaje realizado en el año 2001, que sostenía que había riesgo de colapso en algunas partes de la estructura, hace 10 días la torre fue escenario de una exigente prueba de sobrepeso. El resultado fue concluyente en cuanto a la seguridad del edificio, informó Oscar González Alvarez, integrante del directorio de Antel:

(Grabación)

OSCAR GONZALEZ ALVAREZ:
Con respecto al tema de los ensayos que se han realizado en la torre, de acuerdo a los informes que habían hecho nuestras consultoras, el directorio tomó conocimiento en la edición pasada de que los mismos habían salido de forma positiva. Es decir que los ensayos dieron que las cargas puestas sobre la estructura eran correctas y habían sido soportadas perfectamente. Por lo tanto no eran necesarias nuevas pruebas, en la medida en que no habían quedado dudas en cuanto a la estructura del edificio.

De acuerdo a lo que nuestros consultores remitieron, el directorio da por finalizado lo que tiene que ver con cualquier duda sobre la estructura de la torre.

(Fin de la grabación)

Se trata de una buena noticia no solamente para Antel, sino también para el profesional que tuvo a su cargo el cálculo de la estructura de la Torre de las Telecomunicaciones. Me refiero a Marcelo Sassón, uno de los ingenieros más prestigiosos a nivel nacional e internacional, cuyo honor profesional de alguna manera estuvo en entredicho en este episodio. Con él vamos a conversar en los próximos minutos En Perspectiva.

Algunos datos suyos: tiene 73 años, es ingeniero civil, opción estructural, graduado en la Universidad de la República en 1956. Fue profesor Grado 5 en la Facultad de Ingeniería y es miembro titular de la Academia Nacional de Ingeniería. En 1957 comenzó su actividad profesional en la firma «Dieste y Montañés Ingenieros» donde estuvo hasta 1964 y donde, entre otras cosas, le tocó colaborar con el ingeniero Dieste en la famosa obra de la iglesia de Atlántida. Desde 1964 hasta hoy su actividad profesional se ha desarrollado en su propio estudio, realizando el proyecto de ¿cuántas obras?

MARCELO SASSON:
Centenares, no sabría decirle la cantidad exacta.

EC – Tanto dentro como fuera del país.

MS – Algunos construidos fuera del país, pero con consultoras extranjeras he realizado proyectos que se han construido acá en Uruguay.

EC – Para mencionar sólo algunos ejemplos, empecemos por los más recientes: la estructura del Aeropuerto Internacional Laguna del Sauce, el Punta Shopping, el nuevo edificio del Auditorio del Sodre, la planta de Coca Cola, el Mausoleo de Artigas… La lista podría continuar durante un buen rato. Si le parece, vamos a los temas que han despertado dudas y preguntas en los últimos tiempos.

MS – Con mucho gusto.

***

EC – Sobre la Torre de Antel llegó a comentarse y a escribirse que, por problemas de estructura, los vidrios estallaban, el edificio se hundía, que se inclinaba y que hasta podría caerse. De todos esos posibles problemas, que iremos viendo uno por uno, ¿cuáles fueron los que se evaluaron con esta prueba de resistencia el mes pasado?

MS – Específicamente quizá, ninguno en particular. Aunque la prueba realizada sí tiene conexión con algunos de esos temas. La prueba de carga que se hizo fue colocar en uno de los pisos de la Torre sobrecargas de dos tipos: uno, la sobrecarga de cálculo, con la que se calcula todo edificio. En este caso, para un edificio de oficinas, es de 250 kilos por metro cuadrado. Eso que se llama la «sobrecarga de servicio».

EC – ¿Por qué es sobrecarga?

MS – Lo que se llama sobrecarga o «carga viva», como la llaman los norteamericanos, quienes son muy precisos con los términos. En inglés sería «live load» en contraposición a «dead load» que sería la carga muerta. ¿Qué quiere decir carga muerta? Es el peso propio ya una vez que la estructura está construida: ese peso va a quedar para toda la vida. Por eso se llama carga muerta. La carga viva son las personas (nosotros en este momento estamos encima de una losa que es una estructura, y somos carga viva), el mobiliario que está en esta pieza es de esa misma índole… Pero eso es variable: el mobiliario puede cambiar, nosotros nos vamos, pueden venir otras personas, puede haber más o haber menos.

EC – A los efectos del cálculo de la estructura hay que prever un máximo.

MS – Hay que prever un máximo, dependiendo de la actividad que se desarrolla en el edificio. Por eso se llama sobrecarga.

EC – Entonces, con esta prueba que se hizo hace 10 días…

MS – Como, a raíz de esa actuación pericial que usted mencionó, estaba en discusión si el valor de la sobrecarga que se había considerado era correcto o no, el directorio de Antel decidió hacer una prueba. Y se hizo, primero para la sobrecarga de servicio (repito: la que vale para toda la vida del edificio, que son 250 kilos por metro cuadrado) y después se hizo para una sobrecarga sensiblemente mayor, un 60% más. O sea: se ensayó para 250 por 1,6, que son exactamente 400 kilos por metro cuadrado. Probablemente a usted los números fríos no le digan mucho, pero es una sobrecarga tremendamente importante. Imagínese 400 kilos por metro cuadrado: sería el equivalente de cinco personas que pesaran 80 kilos en cada uno de los metros cuadrados, uno al lado del otro.

Fíjese: nosotros estamos en el estudio. que debe tener tres metros por tres, por ejemplo; somos dos personas y están estos escritorios, la computadora y los muebles. Si usted halla la sobrecarga real que existe en este momento aquí, podrá ser 40, 50 kilos por metro cuadrado. O sea que se ensayó para diez veces ese valor.

Piénselo también bajo esta óptica: imagínese la planta del edificio de Antel, los muebles colocados, que no son muy distintos a estos, e imagínese un funcionario en cada escritorio, similar a estos que usted tiene acá. Esa carga promedio, por relevamientos hechos en Estados Unidos, donde hay el mayor número de millones de metros cuadrados de edificios de oficina construidos, da un promedio del orden de 60 kilos por metro cuadrado. ¿Qué quiere decir esto? Ellos le llaman «arbitrary point load». ¿Qué quiere decir? Que si usted mañana entra sorpresivamente a una oficina de cualquier tipo en Estados Unidos y hace un relevamiento de la sobrecarga , le va a dar un valor muy próximo a ese.

El cálculo se hace para 250 kilos por metro cuadrado, que es sensiblemente superior a esa cifra. ¿Por qué? Porque pueden producirse aglomeraciones de personas, cambios de destino; puede haber archivos, pequeñas bibliotecas, cambios de equipo, uso eventual de la oficina para otros fines, todo lo cual puede provocar una modificación de la sobrecarga. Durante la construcción del edificio, usted lo notará, se utilizan los entrepisos para acumular materiales, luego se distribuyen durante la construcción, y todas esas contingencias son previstas por el valor que se tomó. Cuando se decide ensayar para 400 kilos se está magnificando enormemente el valor máximo que establecen los reglamentos.

De modo que, como el resultado del ensayo fue más que satisfactorio, puede considerarse que ese ensayo es más que concluyente respecto a lo que se ensayó, que no es poca cosa. Se ensayó en particular una viga de la planta tipo, que a raíz del informe pericial aparentemente podría tener alguna anomalía.

EC – ¿Es esa la viga con respecto a la cual el informe del ingeniero Ponce decía que podría producirse un colapso?

MS – Creo que el término «colapso» no fue feliz.

EC – Porque el término «colapso» tiene un significado en la jerga técnica y otro en el lenguaje común y corriente.

MS – Completamente. Mejor dicho, puede interpretarse en el lenguaje corriente de una manera que no es exactamente la válida en el aspecto técnico. Pero es cierto que el perito utilizó ese término y que trajo las consecuencias que trajo. Creo que fue un término infeliz.

EC – Pero en definitiva, entonces, con respecto a esas dudas planteadas con respecto a la estructura de la Torre de las Telecomunicaciones, en esa viga que había centrado la atención ¿no hay ya ningún lugar a cuestionamientos?

MS – Ni sombra de duda. Como le dije, en su informe inicial el perito utilizó la palabra «colapso», dije de manera infeliz a mi juicio: produjo en la gente ajena a los términos técnicos una situación de alarma, y tuvo además una divulgación sensacionalista muy desagradable.

Pero luego, en su ampliación de informe, el perito dice (creo que se lo dijo a usted en una entrevista), que no había riesgo de colapso, pero que sí podría haber deformaciones permanentes. Que es otra cosa, que es una «anomalía» de otro orden, pero anomalía al fin.

EC – ¿Esa posibilidad, la de deformación permanente, también quedó descartada?

MS – Absolutamente. Lo que se hizo en el ensayo fue medir las deformaciones de la viga y compararlas con lo que exigen los reglamentos. Para darle una idea, para la carga de servicios, esa de los 250 kilos por metro cuadrado, el resultado es 4,5 veces más favorable, por inferior, a lo que exigen los reglamentos. Lo que quiere decir que está absolutamente fuera de toda duda. Para la carga de 400 kilos por metro cuadrado, que equivale a consumir el margen de seguridad que establecen los reglamentos, es del orden de tres veces más favorable al resultado. Así que, absoluta y terminantemente, no hay posibilidad ninguna de esas anomalías, ni colapso, ni deformaciones permanentes.

EC – Para terminar con este punto, ¿esto quiere decir también que ya no quedan dudas sobre la calidad de su trabajo en el cálculo de la estructura? Se lo pregunto porque, en aquellas declaraciones a En Perspectiva, el ingeniero Alberto Ponce decía que la estabilidad de la Torre, tal como fue construida, no corre peligro. Por su parte, el tribunal arbitral que entendió en estos reclamos del consorcio constructor contra Antel, sostiene en un momento: «No puede dudarse que efectivamente los cálculos no fueron los deseables, y que por lo tanto hubo de calcularse nuevamente la obra». Mi consulta es: ¿lo que este ensayo de hace 10 días verificó es que su cálculo estaba bien, o que está bien la estructura que se hizo modificando sus cálculos?

MS – Ahí se involucran varios aspectos, el tema es un poquito mas complicado.

EC – Pero ¿en síntesis?

MS – En síntesis (lo vengo diciendo desde hace meses), yo aseguro que el cálculo hecho por mí y mis colaboradores es absolutamente correcto. Y todo eso es verificable por los propios cálculos.

¿Cómo se origina esta especie de controversia? El perito, cuando hace su análisis de cálculo de vigas, menciona numerosos casos de subdimensionados… pero es el cálculo que hizo él. Donde además cuestionó el método de cálculo que habíamos empleado. En un informe yo adjunto mis cálculos, y cuando corresponde muestro que no hay subdimensionamiento. Y ese informe no fue controvertido ni por el perito ni por el consorcio, que es el que alega una reclamación económica. Quiere decir que eso ya está probado, absolutamente probado.

El perito cuestionó el método de cálculo, pero luego en su ampliación de informe se rectifica; el tribunal dice que actuó coherentemente. Yo aseguro que él se rectifica, ya que surge de la simple lectura de sus escritos, y reconoce que el método de cálculo es el correcto y mantiene esa discrepancia o aparente criterio que él tiene de que, para sobrecargas mayores, podrían producirse deformaciones permanentes. A eso sí este ensayo lo destruye. Fíjese que, cuando se ensaya esta viga de la planta tipo, al mismo tiempo esta viga descarga en otra que recibe su carga y además en el mismo piso hay, en los costados, vigas prácticamente idénticas a esas. Para simplificar y hacer números redondos, supóngase que haya en el orden de cinco vigas, que este ensayo equivalga al de cinco vigas (lo que está muy cerca de la verdad). Si usted tiene -también en números redondos- 20 plantas iguales, eso equivale a que 5 por 20 son 100. Este ensayo equivaldría al ensayo de 100 vigas, que no es poca cosa. Lo cual quiere decir que habría 100 vigas que se han comportado de una manera mucho mejor de lo previsible. Si usted quiere extrapolar y tomar el resto de la planta, que fue hecha toda de la misma manera y con los mismos criterios, creo que es legítimo decir y creo que es lo que ha convencido al directorio de Antel de no insistir con los ensayos, y de que está todo bien. Yo le aseguro que está todo bien.

EC – Repito el punto al que iba. ¿Está todo bien como usted lo calculó, o ese cálculo sufrió cambios después, cuando el consorcio construyó la Torre?

MS – No: yo le aseguro que el cálculo original está bien. La obra real se compone de los miles de vigas y columnas que hay colocadas. Una cantidad muy importante son las mismas de mi proyecto original. Por razones de otra índole, el consorcio cambió los perfiles en numerosas vigas y columnas.

EC – Sobre todo en aquellas vigas y columnas que requerían perfiles de hierro o de metal que había que importar. ¿Estamos hablando de eso?

MS – No, no: todas fueron importadas. Todo el acero que se colocó en la obra es importado, y la estructura se fabricó íntegramente en España. No es un caso particular. Pero justamente hay una contingencia geográfica y a mi juicio una contingencia de conveniencia comercial. Cuando un consorcio constructor compra cantidades importantes de acero (en este caso 2.500 toneladas), usted se imagina que la habilidad de una empresa está en comprar al mejor precio, Usted no puede comprar 2.500 toneladas de acero encargándolas por teléfono a la barraca de la esquina, como cuando se hace una reformita en su casa y que no le preocupa mucho si vale un poco más o un poco menos. Cuando usted compra un tonelaje de esa magnitud, como cuando una empresa constructora compra cualquiera de los cientos o miles de materiales que componen la obra, defienden su precio hasta el último centésimo porque ahí es donde está su habilidad económica.

Entonces, yo no sé por qué razones la empresa luego cambió perfiles que en nuestro proyecto eran americanos, que son tremendamente racionales, por perfiles europeos. Quizás por esta contingencia de haber contratado con una empresa europea, quizás por una conveniencia económica, no lo sé. Ellos lo sabrán. Pero entonces el consorcio pide sustituir muchos de los perfiles americanos por perfiles europeos, y se le contesta que eso es aceptable siempre y cuando esos perfiles tengan las mismas características mecánicas que los del proyecto original, que no sean inferiores dichas características. Y eso es lo que sucedió en la realidad, pero no quiere decir que todos los perfiles hayan sido cambiado. Por eso la obra construida es una mezcla de perfiles idénticos a los de mi cálculo original, y de otros que tampoco difieren sustancialmente.

¿Qué sucede? Los perfiles europeos (ese es un tema de fabricación del acero), a igualdad de resistencia mecánica son ligeramente mas pesados que los americanos. Cuando usted cambia una viga sola, de repente eso se refleja en 10 o 15 kilos, que no es mucha cosa. Pero si usted cambia miles de vigas y multiplica por el número de metros y el número de kilos, le da las 550 toneladas que el consorcio reclama. Por ese y por algún otro motivo.

Pero créame que lo que está construido es lo de nuestro proyecto, recalculado -porque esa era su obligación- por el consorcio.

***

EC – Ya nos detuvimos en esta prueba de sobrecarga a la que fue sometida una parte de la estructura de la Torre de las Telecomunicaciones a finales de febrero. Usted ya especificó que laudó ese ensayo. ¿Qué pasa con el resto de los problemas, o de los presuntos problemas de los cuales se ha hablado en los últimos tiempos? ¿Qué pasa, por ejemplo, con las versiones de que la Torre se hunde o se inclina?

MS – Esas versiones no tienen fundamento ninguno. En una obra de esta importancia, cuando se dice algo así, hay que aportar alguna prueba. ¿Usted conoce alguna prueba, alguien que le haya dicho o que haya constatado esto? Fíjese que se habla de una inclinación que alcanzaría los 18 centímetros. Eso sería visible a simple vista. Usted debe pasar, no digo todos los días, pero periódicamente por la Torre: ¿cree que eso además es posible? Yo le aseguro que no tiene absolutamente ningún fundamento.

EC – ¿Se ha realizado alguna prueba en ese sentido? ¿De dónde salió esto?

MS – Yo tengo una hipótesis sobre eso. Un día calmo sin viento, la Torre, está perfectamente vertical; de eso no le quepa la menor duda. Cuando actúa el viento con sus 160 metros de altura, es como un árbol: usted ve que se inclina hacia un lado o hacia el otro según la dirección del viento, y se mueve el tronco y las ramas según la fuerza del viento.

EC – ¿Y está previsto que una Torre de estas características también tenga ese movimiento?

MS – No es que esté previsto: es imposible que no se mueva. Todos los edificios de cierta esbeltez como este se mueven con la acción del viento, y se mueven considerablemente. Le pongo un ejemplo: las Torres Gemelas de Nueva York tenían previsto una oscilación de 90 centímetros en la parte superior, con 330 metros de altura; podían oscilar en un sentido o en el otro 90 centímetros. La torre Eiffel, que ya tiene mas de 100 años, con 300 metros de altura y una estructura calada donde la acción del viento es mucho menor, tiene una oscilación del orden de 15 centímetros, desde que se construyó hasta ahora, y la va a seguir teniendo. La Torre de Antel se mueve cuando sopla el viento porque es imposible que no se mueva. Toda estructura o elemento estructural sometido a una carga tiene una deformación. Obviamente que es función de la esbeltez, de la estructura y de la carga aplicada esa deformación. Todo eso se controla por cálculo.

El admitir que se mueva no quiere decir que pueda tomar cualquier valor. Una de las funciones nuestras, algo que además está impuesto por los reglamentos, es limitar esa deformación a valores aceptables.

EC – Qué en este caso son ¿de qué orden?

MS – En este caso puede llegar a haber una deformación, se menciona en las memorias de cálculo, del orden de 18 centímetros en los pisos superiores. Quiere decir que alguien puede haber interpretado mal esto. Pero esa deformación del orden de los 18 centímetros se produciría de pronto una vez cada 50 o cada 100 años, cuando se produzca un viento absolutamente excepcional.

EC – ¿Y es una deformación reversible?

MS – Es una deformación reversible, exactamente. Entonces, para cualquier circunstancia, cualquier día de viento, la Torre va a tener un movimiento muy inferior a esa cifra, pero lo va a tener.

EC – ¿Lo otro, lo del presunto hundimiento?

MS – Es absurdo.

EC – ¿Pero de donde sale?

MS – De donde sale no lo sé; sinceramente no lo sé. Lo que hubo en la Torre fue un cambio de proyecto de fundación respecto a la proyectada originalmente, porque los estudios de suelo posteriores a la contratación no coincidieron con los estudios preliminares, pero de ahí no se puede sacar ninguna otra conclusión. Se cambió, justamente, porque había dudas sobre la capacidad del suelo para asegurar que no haya ninguna deformación, y yo le aseguro terminantemente que no la hay. Piense lo que son cuatro centímetros: ¡habría un desnivel en el piso! Vaya usted a cualquiera de los edificios de la Torre y va a ver que eso es absurdo.

EC – Lo último, con respecto a los vidrios. ¿Se han roto vidrios por fallas en la estructura?

MS – Lo de los vidrios es otro dislate mayúsculo. ¿Cómo podría romperse un vidrio? Hay dos maneras. Usted sabe que el vidrio es un material esencialmente frágil. Si esa fachada de vidrio que es toda la piel del edificio está vinculada a la estructura, si la estructura tuviera deformaciones no admisibles que llegaran a comprimir los vidrios, sería entendible que se rompieran. Justamente, una de nuestras responsabilidades, y que fue motivo de enorme preocupación, fue evitar que eso sucediera. Para eso se proyectó la estructura de manera de limitar las deformaciones: para que eso no ocurriese.

El proyecto de esa piel de vidrio fue hecho por un asesor norteamericano de amplísima experiencia, que asesoró al estudio Ott y que en particular me suministró a mí las condiciones que debía reunir la estructura para que eso no sucediera. Y esas condiciones fueron incorporadas por mí en lo que se llama los «Requisitos de Ingeniería Estructural» que elaboró mi estudio. Los respetamos nosotros y debía respetarlo el constructor. Le aseguro que esa situación es imposible. La prueba que se realizó el otro día, que deformó una de las vigas de fachada, dio esa proporción que yo le dije que es cuatro o cinco veces menor de la muy severa que habíamos establecido nosotros.

EC – ¿Pero hubo rotura de vidrios?

MS – Mire: hubo roturas de dos tipos. En cualquier obra, imagínese si manipula miles de vidrios a distintas alturas, que se fabrican en Bélgica, se transportan a Uruguay, van a un depósito, se llevan a la obra, se los distribuye en la obra, los manipulan los obreros y tienen que colocarlos, hay inevitablemente (y eso se prevé) vidrios que se rompen. Pero eso es totalmente natural, y que yo tenga conocimiento hubo la rotura de un vidrio que se había colocado al final de una jornada, y que no estaba con todos sus vínculos definitivos colocados (o sea su sello de silicona y demás). Ese día hubo un viento muy fuerte, a lo que se agregó que había parte de la estructura sin cerrar: es la situación mas desfavorable, porque allí se suman la acción exterior de la presión del viento a una acción interior del viento que entró al edificio. Y ahí se rompió un vidrio. Esa es la experiencia que yo tengo, lo cual además es totalmente normal y le diría que con los miles de vidrios colocados que se rompa uno por esa causa es totalmente irrelevante.

Pero no hay ninguna rotura de vidrios, le aseguro terminantemente (y menos con el sensacionalismo con el que se publicó en la prensa) por deformación de la estructura. Eso es un dislate de marca mayor.

***

EC – Varias de estas versiones y especulaciones han surgido a partir del litigio entre el consorcio Roggio y Antel por reclamos de la empresa en cuanto a costos de la construcción de la Torre. Un litigio que lo tuvo a usted en el medio, en la medida en que usted había sido el calculista de la estructura. Ahora que se ha realizado los peritaje y que se conoce los pronunciamientos técnicos, ¿cómo se siente? ¿En que medida lo había afectado toda esta discusión de los últimos meses?

MS – Mire: comienzo por el final. Me afectó enormemente. Imagínese que esta es la obra más grande en construcción en el Uruguay, y creo que por mucho tiempo. Es una obra que va a ser un mojón de la arquitectura y de la ingeniería nacionales; no tengo duda. Una obra hecha fundamentalmente por técnicos nacionales, cosa que no es menor. En el mundo se construyen muchos edificios de gran porte, y verá que intervienen las empresas y las consultoras, los escritorios de ingeniería estructural de mayor prestigio en el mundo.

Eso no es usual en Uruguay, porque no se construye edificios altos. Entonces, la primera en que tenemos la oportunidad de hacer un edificio de estas características, para mí fue un desafío impresionante.

EC – ¿Puede decirse que, de alguna manera, este proyecto era casi la culminación de su carrera?

MS – Sin duda, porque tengo más de 45 años de profesión. Me parece difícil que tenga que abordar un proyecto de esta naturaleza. Ojalá tuviera que hacerlo. Entonces, cuando aparece un proyecto de esta envergadura, inusual no sólo en Uruguay sino en la región (no hay antecedentes por ejemplo ni en Brasil ni en Argentina de países de este porte), para nosotros -yo y mi equipo de colaboradores, los ingenieros Colon, Ramos y Rodríguez, que hace más de 20 años que estamos en la lucha diaria-fue un desafío terrible, medirse frente al obstáculo. En ello volcamos toda nuestra capacitación, nuestra probidad profesional, y estoy convencido de haber hecho un trabajo que da satisfacción a ese desafío.

Eso pasó por el filtro de los consorcios internacionales que se presentaron a la licitación. Fíjese que se presentaron 10 consorcios del más alto nivel, porque las condiciones de precalificación eran muy severas. El proyecto nuestro fue analizado por consultores del más alto nivel. Cuando declaraba ante el tribunal que me citó, decía que eran como los Favaloro de la ingeniería, porque pasaron por mi estudio personas de esas que uno ve en los libros y en las revistas como los número uno del mundo. Yo no recibí, ni Antel ni el estudio Ott recibimos ninguna observación respecto a mi proyecto. Luego, el consorcio que gana, que debe recalcular todo, contrató en Argentina a ingenieros de muy alto nivel, de muy alto prestigio, que trabajaron durante un año y medio por lo menos, y no encontraron ninguna crítica a mi proyecto. El ingeniero Chéves declaró ante el tribunal que pocas veces había encontrado un proyecto con esa corrección, y expresaba su satisfacción de poder haber trabajado conmigo en él.

Quiere decir que eso pasó por todos los filtros. Yo tengo la tranquilidad absoluta por el trabajo realizado; tengo el consenso de los profesionales que intervinieron… Más: el ingeniero de American Bridges, parte integrante del consorcio, me dijo que antes de aceptar la participación con Roggio, había sometido mi proyecto al juicio de una consultora norteamericana del más alto nivel, que había aprobado el proyecto y no había puesto reparos. Así que tenía el respaldo de primera, lo que para mí fue una satisfacción muy grande.

De ahí que, cuando se produce esta circunstancia desgraciada de una divulgación sensacionalista de estas cosas, claro que me afectó enormemente.

EC – Pero más allá de que la divulgación pueda o no haber sido sensacionalista, hubo un peritaje firmado por el ingeniero Alberto Ponce, otro prestigioso ingeniero estructural de nuestro país. Allí estuvo el choque…

MS – Ese fue el origen. Yo creo, y lo dije con total sinceridad, que el ingeniero Ponce, primero, equivocó su enfoque. Hay un enfoque metodológico: el tribunal le preguntó si el proyecto básico era confiable o no, y para decidir eso él eligió una metodología que yo considero equivocada: se limitó a calcular algunas vigas, que quizá es el elemento más rutinario. Y, dentro de ese enfoque, a mi juicio es errado el cuestionamiento al método de cálculo (que después él aceptó que era correcto) y son erradas algunas consideraciones que hizo a posteriori respecto al tema de las deformaciones permanentes que mencionábamos, y la sobrecarga utilizada, aduciendo que no era apta para otros destinos del edificio, que ni Antel nos había pedido ni son comprensibles racionalmente. Creo que ahí está el tema.

EC – En definitiva, estuvo en juego su trayectoria, su autoridad en esta materia…

MS – ¡Claro, claro!

EC – Ahora ¿todo eso queda en el pasado?

MS – Para mí, queda sepultado en el pasado. No tengo duda.

EC – Pero usted le ha entablado juicio al ingeniero Ponce.

MS – Es cierto, por eso mismo. Porque como me ha afectado, y más que afectar me ha agraviado personal y profesioalmente… Fíjese que después de 45 años de trayectoria leer en un titular de un diario «La Torre de Antel está mal calculada», «Citarán a los calculistas», «Es la nueva Torre de Pisa», «Está inclinada 18 centímetros», «Estallan los vidrios porque se deforman las vigas»… se imagina que no me causó ninguna gracia y todo eso me afecta poderosamente.

Como, a su vez, el tribunal arbitral recoge el informe pericial y lauda (por lo menos filosóficamente, no cuantitativamente) que los cálculos fueron mal hechos, lo que me resulta inadmisible, no tuve más remedio que buscar la verdad y he entablado una acción judicial para que la Justicia lo diga. Previamente, no sé por qué no se hizo, los abogados de Antel (a mi juicio con mucha visión) habían pedido que se realizara un peritaje internacional. ¿Por qué internacional? Porque estos métodos son de uso muy reciente, no habían sido aplicados en Uruguay y parecía lógico que intervinieran personas del más alto nivel para dictaminar si es correcto lo que dijo el informe pericial o es correcto lo que dije yo, porque estamos de acuerdo en que sobre seguridad estructural no puede haber dos opiniones…

EC – Más vale que no.

MS – Más vale que no las haya. Por razones que ignoro, ese peritaje no se hizo; esa consulta internacional no se llevó a la práctica. Entonces, no puedo permitir (como le decía, en la culminación de mi trayectoria), quedarme con ese baldón encima.

EC – Y ese juicio está en curso.

MS – Está en curso, sí.

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Transcripción: Mariana Larrobla y Jorge García Ramón
Edición: Jorge García Ramón

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Gastón González

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