
La interfaz ciudad puerto es el crisol de la relación ciudad “puerto, … un espacio de oportunidad, desafio, un filtro
y un punto de encuentro.
AIVP (Asociación Internacional de Ciudades y Puertos)
La Ciudad Vieja de Montevideo ha sido, en las últimas décadas, objeto de diagnósticos reiterados
y políticas de alcance limitado. Más allá de esfuerzos puntuales, el área continúa mostrando
indicadores preocupantes: pérdida sostenida de población residente, concentración de actividad en
horario diurno y una proporción significativa de edificios patrimoniales sin uso efectivo o con usos
de baja intensidad.
Según estimaciones manejadas en distintos ámbitos técnicos, la población residente del área
central histórica se ha reducido de forma consistente desde mediados del siglo XX, sin que los
instrumentos de promoción vigentes hayan logrado revertir esa tendencia. La consecuencia es
conocida: un barrio que funciona como distrito administrativo durante el día y queda virtualmente
deshabitado fuera de ese horario.
En este contexto, cabe preguntarse si el problema radica en la falta de iniciativas o en el enfoque
de las mismas.
Las estrategias predominantes han tendido a replicar modelos residenciales tradicionales o a
promover intervenciones fragmentarias, sin alcanzar la masa crítica necesaria para alterar la
dinámica urbana. La dificultad no parece ser únicamente de ejecución, sino de adecuación entre
los instrumentos utilizados y las condiciones específicas del territorio.
Una alternativa posible es reorientar el enfoque hacia la creación de un ecosistema universitario
urbano en la Ciudad Vieja.
La hipótesis es sencilla: introducir de forma deliberada una población con patrones de uso
intensivo del espacio —los estudiantes— capaz de sostener actividad continua, diversificar la
economía local y reactivar el tejido urbano. La experiencia internacional muestra que este tipo de
población cumple un rol estabilizador en centros históricos, no solo desde el punto de vista cultural,
sino también demográfico y económico.
A diferencia de otros perfiles residenciales, los estudiantes presentan características
particularmente compatibles con la Ciudad Vieja: aceptan tipologías habitacionales compactas o
compartidas, utilizan el espacio público de forma intensiva y generan demanda para servicios
culturales y gastronómicos de escala intermedia.
Desde el punto de vista físico, el área ofrece condiciones poco frecuentes en otras zonas de la
ciudad: edificaciones de gran escala susceptibles de reconversión, trazado peatonal consolidado y
proximidad a infraestructuras estratégicas como el Puerto de Montevideo.
Este último elemento introduce, además, una variable diferencial. Mientras en otras ciudades
portuarias los procesos de revitalización han implicado la sustitución de funciones logísticas por
usos recreativos o residenciales, en Montevideo el puerto mantiene su carácter operativo. Esto abre
la posibilidad de una articulación directa entre formación académica y actividad productiva,
particularmente en áreas como logistica, comercio internacional o derecho marítimo.
Desde el punto de vista operativo, la viabilidad de esta estrategia dependería de tres factores
concurrentes: coordinación institucional entre actores públicos y privados, una política activa de
reconversión del stock edilicio existente y la implementación de incentivos urbanísticos
específicos que reduzcan los costos de transformación.
Sin embargo, el elemento crítico es otro: la generación de una masa inicial suficiente para
desencadenar un proceso acumulativo.
En este sentido, la definición de un área piloto acotada —por ejemplo, en torno al antiguo edificio
de Humanidades, el Club Neptuno y predios de la ANP— permitiría concentrar intervenciones y
evaluar resultados en una escala manejable. La incorporación de entre 800 y 1200 estudiantes en
una primera fase podría resultar suficiente para comenzar a modificar patrones de uso, extender
horarios de actividad y activar servicios asociados.
La evidencia disponible sugiere que, sin una intervención de este tipo, la tendencia actual
difícilmente se revierta en el corto o mediano plazo. La persistencia en estrategias que no han
logrado generar densidad ni diversidad funcional plantea, al menos, la necesidad de revisar los
supuestos de partida.
Más que un proyecto cerrado, lo que aquí se plantea es un cambio de lógica: pasar de políticas de
estímulo disperso a la construcción deliberada de un sistema urbano basado en el conocimiento y
la presencia cotidiana de población activa.
En un contexto de recursos limitados, la discusión no es solo qué hacer, sino dónde concentrar los
esfuerzos. La Ciudad Vieja, por su infraestructura existente y su valor simbólico, sigue siendo un
candidato evidente.
La cuestión es si existe disposición a ensayar un enfoque distinto.
Adriana Guerrina
Daniel Ferreira
Nota sobre los autores:
Arquitecta e ingeniero civil, con experiencia profesional en arquitectura para educación, y en ingeniería portuaria, respectivamente, con residencia previa de ambos, en la ciudad vieja de Montevideo















