TISA: Animarse a negociar sin tapujos y sin miedos  

Por Leonardo Costa ///

En marzo de 2013 un grupo de 23 países miembros de la Organización Mundial de Comercio comenzaron las negociaciones para un acuerdo multilateral de comercio y servicios conocido por su sigla en inglés como TISA (Trade In Services Agreement). Las negociaciones pretenden promover la liberalización en el comercio de servicios, sin restricciones o barreras de acceso tales como nacionalidad, licencias o registros.

En setiembre de 2013 Uruguay solicitó la incorporación al TISA siendo aceptado en la mesa de negociación en diciembre de 2014. Participó por primera vez en la misma en febrero de 2015. Todo esto generó repercusiones políticas, sindicales y empresariales. En particular, la fuerza política de gobierno y el PIT-CNT argumentaron que se enteraron por la prensa sin que ello estuviera precedido de una discusión. Así también lo hizo saber el presidente Vázquez.

Sin embargo, este tema fue discutido por el ex canciller Luis Almagro en el ámbito de la Comisión Interministerial para Asuntos de Comercio Exterior, según consignó La Diaria con fecha 17 de julio de 2014, mediante una nota denominada Abiertos a Todo. En dicha nota Almagro, señalaba la importancia de la participación del Uruguay en el TISA debido a “la  incidencia de los servicios en el conjunto de la economía uruguaya y, en particular, en su comercio exterior”, indicando que se tuvo en cuenta (para solicitar la incorporación al TISA) “el peso de los servicios en la economía uruguaya, que representan 54 % de la producción nacional y 66 % del valor agregado nacional. Las exportaciones de servicios crecieron a una tasa promedio anual mayor a 8 % en los últimos cinco años, señaló Almagro. Continuó diciendo,  en 2013 las exportaciones por este concepto superaron los 3.200 millones de dólares, lo que representa aproximadamente 6 % del Producto Interno Bruto de Uruguay”, según consigno la referida nota de prensa.

Claro, en julio de 2014 el Uruguay estaba enfrascado en la campaña electoral y el tema paso inadvertido para todos los partidos políticos, increíblemente. El tema es trascendente y por ende pretendemos brevemente ayudar a descifrar en qué consiste el TISA.

El objetivo del acuerdo es ampliar el alcance y profundidad del libre comercio en materia de servicios. Integran estas negociaciones países que representan aproximadamente el 70 % del comercio mundial de servicios. Por si esto fuera poco, China, ha solicitado incorporarse a las negociaciones.

Se busca liberalizar el comercio en ciertos servicios, ampliar su dimensión, eliminar barreras de acceso. Es objeto de negociación la liberalización de ciertos servicios públicos, así como la desregulación del sector financiero, los servicios profesionales, las telecomunicaciones, entre otros aspectos.

Como señalo el canciller Nin Novoa a En Perspectiva el lunes pasado, la negociación se hace por cláusulas negativas, es decir los países presentan los temas que no quieren que formen parte del acuerdo y a su vez hacen reservas sobre el cumplimiento del mismo. De hecho, en los documentos publicados por la Unión Europea se señala que en algunas áreas –agua, educación o salud– la Unión ha efectuado las respectivas reservas.

La liberalización del comercio enfrenta al Uruguay a la discusión sobre los monopolios públicos, las compras estatales, y otros aspectos relevantes para la concepción filosófica del partido de gobierno y de los sindicatos. Sin embargo, dado que la negociación se hace en base a reservas de los países y por ende el Uruguay puede –como lo hizo la Unión Europea– excluir temas que considere trascendentes y dejarlos afuera de la negociación, constituye una oportunidad única que no debería dejarse pasar.

El TISA le plantea al país abrirse al mundo en servicios tales como los de software, de salud, profesionales en general, ampliando el horizonte de posibilidades para los uruguayos, sin restricciones.

Dado que negociar en el TISA no implica que finalmente se acepten las reglas que se adopten, la participación de Uruguay en estas negociaciones parece sensata. Uruguay no puede quedar fuera de esta discusión y debe al final del proceso tomar lo mejor y negociar sus reservas en las áreas que entienda sensibles para su economía. Animarse a negociar sin tapujos y sin miedos.

Leonardo Costa

Abogado, profesor de Fiscalidad Internacional y Derecho Financiero en la Universidad Católica, profesor de Análisis Económico del Derecho en la Universidad de Montevideo y socio de Brum Costa Abogados.

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1 Comentario

  • No está claro qué nos da este tratado, y que perderíamos por no subirnos.
    Esto implicaría un problema, y probables obstáculos para nuestra industria del software (es la que conozco).

    En Estados Unidos puntualmente, y en algunos otros países, las barreras legales para la tecnología son bastante altas. Es común ver juicios millonarios por patentes que a nosotros nos parecen ridículas.
    Estos tratados obligan a compartir las reglas del juego, lo que efectivamente hace que esas reglas pasen a valer en nuestro país, aún cuando no estemos vendiendo a estos países.

    Esto quiere decir que ahora nuestras empresas de software, operando en cualquier país, o incluso localmente, están sujetas al riesgo de este tipo de riesgos legales y regulatorios, que hoy no son parte del panorama.

    En concreto, esto puede general un overhead de costos legales, que terminen por ahogar una industria en crecimiento.

    Otro problema es que arriesgamos perder la autonomía de decidir que hacemos con nuestro dinero. Cómo hacemos para cumplir con la ley que favorece la adquisición de software libre, de gran valor estratégico, si no económico, si se nos escapa incluirla en el tratado, por ejemplo?

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