En Perspectiva

¿Es posible hacer 60.000 viviendas en cinco años? Una nueva propuesta constructiva para erradicar los asentamientos

En Perspectiva · Entrevista – Jacinto Muxí – Ingeniero químico y empresario

En Uruguay hay mas de 600 asentamientos irregulares, donde viven unas 200.000 personas, y el déficit habitacional se ubica en torno a las 60.000 viviendas. Aunque en las últimas décadas se han aplicado distintos planes de vivienda y realojos, el problema se mantiene prácticamente estable.

Un estudio presentado el año pasado por el economista Ignacio Munyo, del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), planteó que para resolver esa deuda social en un plazo breve sería necesario construir unas 12.000 viviendas por año durante cinco años.

En ese marco, el ingeniero químico y empresario Jacinto Muxí promueve una alternativa basada en el uso del SMC, sigla en inglés de Sheet Molding Compound. Se trata de un compuesto de resina poliéster, fibra de vidrio, cargas minerales y aditivos, que se fabrica en forma de placas livianas y luego se moldea para distintos usos.

En diálogo con Emiliano Cotelo en En Perspectiva, Muxí explicó que “el problema de los asentamientos se ha mantenido durante años a pesar de los programas de vivienda existentes”. Según señaló, se construyen menos de 1.000 viviendas por año destinadas a ese tipo de necesidad, por lo que, si no aumentara la población en los asentamientos, se necesitarían unos 60 años para resolver el déficit actual.

“Si lo queremos solucionar, no podemos seguir haciendo lo mismo; creo que hay que hacer algo diferente”, dijo Muxí.

El empresario sostuvo que el sistema tradicional de construcción no sería suficiente para alcanzar el objetivo de levantar 12.000 viviendas por año. Entre las dificultades mencionó los costos, los tiempos de obra y la falta de mano de obra especializada.

Actualmente, la construcción emplea a unas 55.000 personas y, según estimó, un plan de esa magnitud podría requerir entre 10.000 y 20.000 trabajadores adicionales. Para Muxí, no habría tiempo suficiente para capacitar a esa cantidad de personas dentro de un sistema tradicional, por lo que propuso utilizar un proceso industrial para fabricar parte de las viviendas y luego armarlas en el lugar.

Cómo se construirían las viviendas

El SMC se fabrica mediante un proceso industrial que combina resina poliéster y fibra de vidrio. El material se coloca en moldes calefaccionados y, mediante presión, adopta la forma de la pieza. Luego, las placas se trasladan a la obra y se unen mediante bulones.

Las piezas principales tienen aproximadamente un metro por un metro y cuentan con perforaciones para facilitar el ensamblaje. También se pueden fabricar placas de otras dimensiones, así como piezas especiales para las esquinas, las aberturas y la unión entre paredes y techo.

Muxí explicó que el sistema permite construir viviendas con diseños diferentes, modificando la ubicación de puertas y ventanas. El techo puede realizarse con placas planas o con piezas curvas, como las que se utilizaron en un prototipo construido años atrás con materiales importados de India.

Una vez trasladadas las placas al terreno, se arma la estructura y se incorporan las instalaciones eléctricas, sanitarias y de agua. El piso puede construirse sobre una platea de hormigón convencional o sobre una estructura metálica.

La propuesta también incluye la participación de los destinatarios de las viviendas mediante un sistema de autoconstrucción dirigida y supervisada. Muxí consideró que muchas personas que actualmente viven en asentamientos ya cuentan con habilidades adquiridas al construir sus propias viviendas con distintos materiales.

La instalación eléctrica podría realizarse por fuera de las placas y llevaría aproximadamente ocho horas, según sus cálculos. La instalación sanitaria, en tanto, debería quedar a cargo de personal técnico y demandaría alrededor de dos días de trabajo.

Costos y características del material

El empresario tomó como referencia el realojo del barrio Kennedy, en Maldonado, donde el costo promedio de cada vivienda se ubicó en unos 105.000 dólares. De ese monto, aproximadamente 40.000 dólares correspondieron a infraestructura, como caminos, saneamiento, energía eléctrica y espacios comunitarios, mientras que unos 65.000 dólares correspondieron a la vivienda.

La propuesta basada en SMC apunta a reducir el costo de la vivienda a unos 30.000 dólares y el de la infraestructura a otros 30.000. De esa manera, el costo total por unidad sería de aproximadamente 60.000 dólares.

Para construir 12.000 viviendas por año durante cinco años, la inversión estimada rondaría los 700 millones de dólares. Muxí señaló que ese financiamiento podría obtenerse mediante una combinación de bonos sociales y créditos de organismos multilaterales.

El empresario sostuvo que las viviendas construidas con SMC serían “permanentes” y no “soluciones provisorias”. Según explicó, el material tiene alta durabilidad, requiere poco mantenimiento, presenta resistencia térmica y acústica, no se quema y es mucho más liviano que el metal.

Una placa de un metro por un metro pesa aproximadamente 18 kilos, por lo que puede ser manipulada por una persona sin requerir maquinaria pesada. En el espacio interior de las placas se puede colocar lana de vidrio y luego realizar terminaciones con yeso, madera u otros materiales.

Muxí dijo que existen experiencias de utilización de esta tecnología en otros países. En Brasil, según indicó, ya se construyeron más de 30.000 viviendas con sistemas similares. También señaló que el SMC se utiliza en la industria automotriz, en maquinaria agrícola y en la fabricación de piezas de gran resistencia.

En cuanto al impacto ambiental, reconoció que el material tiene un origen vinculado al petróleo, pero sostuvo que su fabricación genera pocos residuos y que se trata de una obra seca, sin utilización de agua ni hormigón. También destacó que las piezas pueden producirse con mermas inferiores a las de la construcción tradicional.

Financiamiento y decisión política

Muxí estimó que el plan podría ejecutarse en cinco años, aunque sostuvo que, con una mayor inversión en equipamiento, también sería posible reducir los plazos a tres años o incluso a uno.

La propuesta, además de atender el déficit habitacional, generaría puestos de trabajo en la fabricación del material, el moldeo, el transporte y las distintas tareas de instalación. El empresario consideró que el SMC también podría producirse en Uruguay y exportarse a otros países de la región.

Hay demanda de vivienda en todos los países de Latinoamérica”, dijo. A su entender, Uruguay podría fabricar el material localmente y luego instalar prensas y moldes en otros países para producir las viviendas en esos mercados.

Muxí contó que conversó sobre la iniciativa con autoridades, aunque reconoció que no fue “un buen vendedor” del proyecto. De todos modos, sostuvo que una propuesta de esa magnitud requiere liderazgo político y un cambio cultural.

Para el empresario, el debate no debería centrarse únicamente en una tecnología específica, sino en cómo construir las 60.000 viviendas que faltan en Uruguay en un plazo breve. “El problema que hay es que faltan 60.000 viviendas. Lo que tenemos que resolver es cómo hacemos esas viviendas en un plazo corto para resolver el problema social que implican las condiciones de vida de muchos uruguayos”, concluyó.

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