
¿Por qué nos atrae la conmemoración de “el Día de Muertos” al estilo cultural mexicano?
¿Es solo porque ha sido exitosa la diplomacia cultural mexicana?
Es cierto que hay una coincidencia de fechas —Halloween, Todos los Santos y Día de los Difuntos— y, al mismo tiempo, una expansión global del Día de Muertos mexicano como marca cultural, estética y experiencia urbana.
La coincidencia no se da solo en Montevideo.
Por ejemplo, en Madrid, este viernes 30 de octubre las actividades previas de Halloween y de Día de Muertos han llevado a que se organizara el festival Ánima (primer Festival Internacional de Día de Muertos, del 29 de octubre al 3 de noviembre, con altares, talleres de catrinas, mercado mexicano, gastronomía, música y un desfile con más de 500 participantes), o sea: la Halloween anglosajona, centrada en el terror, el disfraz y el entretenimiento; y el Día de Muertos mexicano.
En Montevideo, la Embajada de México, el MAPI y el Museo Histórico Nacional impulsan La Calle de los Altares, con altares, música, arte y actividades en la Ciudad Vieja.
La Junta Departamental declaró de interés la conmemoración, y la Embajada anunció actividades para el domingo.
Es decir: hay una política de diplomacia cultural mexicana, pero también una recepción local que encuentra en esa fiesta un lenguaje atractivo para hablar de duelo, memoria y vínculos familiares.
La pregunta es: ¿Nuestras sociedades necesitan importar un ritual para hablar públicamente de la muerte?
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