
Foto: Mauricio Zina / adhocFOTOS
Mientras hoy en nuestro país el debate sobre la seguridad social gira en torno a la posibilidad de flexibilizar la ley votada en el gobierno pasado y abrir posibilidades para jubilarse a los 60 años, hay otra discusión que suele quedar en segundo plano: la de quienes no quieren retirarse pero deben hacerlo igual. Varias instituciones, públicas y privadas, fijan una edad tope para sus trabajadores.
En la Universidad de la República (UdelaR), los docentes deben dejar su cargo al cumplir 70 años, aunque sientan que tienen mucho para dar, estén al frente de un grupo de investigación y sean referentes en su área. La Udelar les permite seguir vinculados como “docentes libres”, pero para muchos la salida se vive como un corte abrupto y no deseado. El fenómeno no se limita a esa institución: algunas empresas ponen el límite incluso a los 60.
Cuando el país discute la edad para jubilarse, ¿tiene sentido que cada empresa u organismo fije la edad máxima laboral? ¿El retiro debería ser una opción voluntaria y personalizada, o depender del tipo de tarea?
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