Xi Jinping y Putin refuerzan alianza entre China y Rusia

Foto: Sergei BOBYLYOV / SPUTNIK / AFP

Los presidentes Vladimir Putin, de Rusia, y Xi Jinping, de China, se reunieron ayer en la ciudad uzbeka de Samarcanda por primera vez desde el inicio del conflicto en Ucrania, y se felicitaron de sus relaciones como «grandes potencias», como un contrapeso a Occidente.

Sentados uno frente a otro, y rodeados de sus asesores, los dos líderes se reunieron en las horas previas a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), que  contará también con los líderes de India, Pakistán, Turquía, Irán y otros países.

Durante la reunión, Xi dijo a su par ruso que «China está dispuesta a hacer esfuerzos con Rusia para asumir su responsabilidad de grandes potencias, y tomar el papel de guía para inyectar estabilidad y energía positiva en un mundo caótico».

Según indicaron medios estatales en Pekín citando al presidente Xi, China está dispuesta a apoyar con Rusia «los intereses fundamentales» de ambos países.

Hasta ahora China no ha respaldado abiertamente la guerra en Ucrania, pero ha desarrollado vínculos económicos y estratégicos con Moscú en estos meses de conflicto y Xi ha expresado su apoyo a la «soberanía y seguridad» de Rusia.

Por su lado, Putin criticó a Estados Unidos, que lidera la ayuda militar a Ucrania así como las sanciones internacionales contra Moscú.

«Los intentos de crear un mundo unipolar han cobrado recientemente una forma absolutamente fea y son completamente inaceptables», declaró Putin. «Apreciamos mucho la posición equilibrada de nuestros amigos chinos en lo que concierne a la crisis ucraniana», añadió.

“Entendemos sus preocupaciones”, añadió, refiriéndose a China, pero sin detallar a qué se refería. 

En otro plano, el presidente ruso reiteró el apoyo de Moscú a Pekín respecto a Taiwán, donde las visitas de funcionarios estadounidenses en las últimas semanas provocaron la ira china. 

La Tertulia de los Viernes con Alejandro Abal, Gustavo Calvo, Marcia Collazo y Juan Grompone.


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Candela Stewart

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1 Comentario

  • ¿Puede soltarle la mano China a Rusia y dejarla que le vaya como le vaya? ¿Quién sería el siguiente objetivo de USA si Rusia saliera muy derrotada de esta guerra? Para China, Rusia es un país con capacidades y economías complementarias a las suyas: tiene tierras, energía, alimentos, minerales y científicos de primer nivel, con una industria militar y aeroespacial que en algunos aspectos supera a la de USA. China tiene demografía, capacidad de producción a escala, pero por ejemplo en lo militar no tiene el conocimiento y desarrollo tecnológico que tienen los rusos. El armamento desarrollado por los rusos, si se produce a escala china puede significar un reequilibrio de fuerzas frente a la avanzada de USA. Pero al mismo tiempo este conflicto en Europa a China le permite ganar tiempo para prepararse para la desafío militar inevitable que USA le impondrá. Todo el problema con USA es que su estrategia de guerra total no le permite dejar de generar conflictos: es un país que está beligerando en forma perpetua porque su estrategia de supremacía es cortarle la cabeza a todo el que empiece a crecer y autodeterminarse.

    Una cosa interesante, siguiendo con el brillante texto de Ardao que leyó Collazo: La entelequia occidente se aferra cada vez más al idealismo y al esencialismo, abandonando tanto por derecha como por izquierda el pensamiento materialista hijo de la ilustración. Al final, los nacionalismos de derecha o las políticas identitarias de izquierda son dos caras de la misma moneda: un occidente que niega su propio legado cultural. Mientras tanto China va a los bifes y trata de proyectar su influencia desde lo material. China comercia, da crédito e invierte en países pobres abandonados por las potencias occidentales para ganar influencia y mercados y eso a USA la saca de las casillas, pero por otra parte no ofrece nada mejor.

    En los países centrales sus ciudadanos gozan de mayores libertades que en China o Rusia. Tienen un sistema político competitivo y abierto y cierto grado (decreciente, pero aún relevante) de libertad de expresión. Sin embargo, sus gobiernos se vaciaron de política, cambian a los tumbos de un partido al otro y los resultados más o menos van siempre para el mismo lado. El verdadero poder está en otro lado, son corporaciones, lobbies, think tanks y foros económicos de supermillonarios los lugares en los que se discute de política de verdad, mientras sus candidatos se agotan en campañas de marketing y promesas que saben que jamás van a cumplir. En China y en Rusia sus ciudadanos gozan de menos libertades, la posibilidad de confrontar ideológica es poca o nula, su sistema político es cerrado, pero sus ciudadanos ven que la política gobierna. Los que eligen, no tienen variedad y sus elecciones se banalizan porque sus gobiernos no gobiernan. Los que no eligen, seguro que por lo menos piensan que sus gobernantes gobiernan.

    Hay un problema que está desgraciadamente minando el modelo occidental, que es la pérdida de confianza en el régimen electoral liberal porque los gobernantes parecen estar montando un caballo encabritado que no logran controlar. La impresión que tengo de charlar con europeos y de leer sus medios es de que tienen la convicción profunda de que sus hijos o nietos van a vivir materialmente peor que ellos, en una sociedad que va a restringir el nivel de vida y a darle cada vez menos certezas materiales a su gente. Toda la subida de los movimientos nacionalistas y xenófobos en Europa, por ejemplo, en mi opinión responden a la búsqueda ingenua de culpables por parte de la población (ingenuidad astutamente explotada por sus líderes). Las agendas identitarias hacen de otra forma, desde las izquierdas, lo mismo: tratan de cambiar el frente de la discusión, de huir del materialismo –que no tiene más que lecturas pesimistas que aportar– hacia un posmaterialismo del progreso simbólico. En China en cambio los gobiernos gobiernan, tienen un rumbo, la calidad de vida de su población parece siempre ir a mejor, se desarrollan, tienen entonces la razonable expectativa de que el futuro de sus hijos será materialmente mejor que el suyo propio.

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