Análisis Económico

Paraguay se volvió un “competidor fuerte” en materia de inversión por su buen desempeño económico pero Uruguay aún tiene ventaja en “institucionalidad, seguridad jurídica y previsibilidad”, según Exante

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En Perspectiva · Análisis Económico Exante – Paraguay cambió su ministro de Economía: ¿Cómo se explica esta decisión?

EMILIANO COTELO (EC): En las últimas semanas, en Paraguay se confirmó la renuncia de Carlos Fernández Valdovinos del ministerio de Economía y Finanzas.

Según el presidente Santiago Peña, este cambio abre “un segundo tiempo” en la conducción del equipo económico, con el objetivo de consolidar la buena marcha de la economía nacional.

Moneda paraguay. Foto: AFP
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La decisión llamó la atención, por lo menos visto desde Uruguay, porque se dio en un contexto en el que la economía paraguaya venía mostrando un desempeño macroeconómico favorable y una imagen de mayor solidez que la de varios de sus vecinos.

Con ese telón de fondo, en el espacio de análisis económico de hoy les proponemos repasar cómo ha sido la evolución reciente de la economía paraguaya, cuáles son hoy sus principales fortalezas y vulnerabilidades y qué perspectivas hay.

Para eso estamos con Alejandro Vallcorba, economista de Exante.

ROMINA ANDRIOLI (RA): Alejandro, ¿cómo se explica la salida del ministro de Economía en un contexto en el que Paraguay venía mostrando números macroeconómicos tan destacados?

ALEJANDRO VALLCORBA (AV): Es una buena pregunta. Probablemente haya jugado un mix de factores; por un lado, parecería que hubo un desgaste político del ministro dentro del propio oficialismo, que quedó bastante expuesto en la discusión sobre la reforma de la caja de jubilaciones y pensiones. No vale la pena entrar en el detalle de esa reforma, pero en líneas generales el Congreso terminó aprobando una versión más laxa que la propuesta originalmente por el exministro y eso debilitó su posición política.

Por otro lado, recientemente quedaron en evidencia problemas en el manejo de las cuentas públicas. Hubo atrasos muy importantes en los pagos a proveedores, sobre todo en los sectores de la construcción y farmacéutico, y eso también se reflejó en un freno en la ejecución de inversiones. En definitiva, esta tensión en el frente fiscal probablemente fue lo que termino desencadenando su salida.

RA: ¿Pero no resulta llamativo que se cambie al ministro de Economía en un país que viene mostrando un crecimiento económico muy fuerte?

AV: Sí, visto desde acá, es un movimiento que puede llamar la atención, porque efectivamente Paraguay ha sido una de las economías más dinámicas de la región. En 2025 el PIB creció 6,6% en el promedio del año, con un marcado dinamismo de la inversión, que creció 12%, en un contexto de crecimiento generalizado y muy fuerte a nivel sectorial.

Pero además, no se trata solo de un buen año puntual. En una mirada más larga, Paraguay muestra un crecimiento bastante superior al de varios de los países de la región. En los últimos 10 años creció a una tasa superior al 3% promedio anual, sin ir más lejos, no nos olvidemos que Uruguay creció apenas arriba de 1% en la misma comparación, Brasil también en el eje de 1%, Chile cerca del 2% y Colombia y Perú algo más, pero por debajo de 2,5%.

Entonces sí, el cambio puede resultar llamativo, pero justamente refuerza la idea de que la salida del ministro no respondió tanto a un deterioro de los indicadores macroeconómicos, sino más bien a tensiones en el frente político y fiscal que se fueron acumulando.

RA: Recién hablabas de tensiones en el frente fiscal. ¿De qué magnitud es ese deterior fiscal?

AV: Si uno mira la contabilidad fiscal, en principio lo que aparece es una reducción del déficit, que pasó de 2,5% del PIB en 2024 a 2%. Eso, en los papeles, va en línea con el objetivo de la regla fiscal, que apunta a converger este año a un déficit de 1,5% del PIB.

Ahora, el problema es que esa mejora no respondió a una corrección genuina de las cuentas públicas, sino que, como comentaba antes, se dio por una postergación de pagos del Estado a proveedores, principalmente al sector farmacéutico y a la construcción.

Es decir, las obras y los insumos médicos se seguían ejecutando o entregando, pero como muchos de esos pagos no se concretaban, ese gasto no terminaba impactando en la contabilidad fiscal. Entonces, por un lado, los datos mostraban una reducción del déficit de medio punto del PIB, pero, al mismo tiempo se fue acumulando una deuda muy importante con proveedores.

Esa deuda, que en la jerga se conoce como deuda flotante, llegó a unos US$ 1.500 millones, alrededor de 2,5% del PIB, cuando habitualmente se ubica en torno a 1%.

RA: ¿Y cómo se explica que se haya llegado a esa situación?

AV: En buena medida obedeció a que el gobierno había elaborado un presupuesto sobre la base de que los ingresos iban a crecer con bastante dinamismo, algo que hasta 2024 parecía razonable porque la recaudación venía acompañando la expansión de la actividad. De hecho, las calificadoras de riesgo destacaban en ese momento que la consolidación fiscal se había apoyado en un aumento importante de los ingresos tributarios.

Pero a medida que avanzó 2025 empezó a aparecer un descalce: la actividad económica seguía creciendo a buen ritmo, pero eso no se traducía con la misma intensidad en la recaudación y los ingresos fiscales crecían menos de lo que se había incorporado en el presupuesto.

Frente a eso, el gobierno mantuvo el compromiso de cumplir con la regla fiscal y además descartó cambios de fondo en la estructura tributaria, lo que no es un detalle menor, porque Paraguay tiene una presión tributaria muy reducida en la comparación internacional. 

Entonces, con menos ingresos de los esperados y sin tocar impuestos, la corrección terminó pasando por el lado del gasto, pero no por “recorte”, sino por la postergación de pagos.

RA: ¿Hasta qué punto esta situación fiscal puede poner bajo presión la nota crediticia de Paraguay?

AV: Por ahora, yo diría que no parece haber un riesgo inmediato para el grado inversor; de hecho, es lo que se reflejó en las reacciones del mercado. El riesgo país se mantiene en unos 120 pbs, el nivel más bajo de la historia de Paraguay y de los más bajos de la región, y el tipo de cambio tampoco aumentó, se mantuvo en G$ 6.400-G$ 6.500. 

Paraguay obtuvo la mejora de calificación primero por parte de Moody’s, en 2024, y después de Standard & Poor’s, a fines de 2025, en ambos casos muy asociado al buen crecimiento de la actividad, a déficits relativamente bajos y a una política macroeconómica previsible.

En ese sentido, lo que ahora va a tomar mayor importancia es la capacidad que muestre el gobierno para ordenar las cuentas públicas. El nuevo ministro reafirmó el compromiso con la estabilidad fiscal, pero reconoció que existe una situación delicada en los ingresos tributarios y con las deudas a proveedores, y anunció que se está elaborando un plan para saldar esas deudas.

Ahora, en cualquier caso, tampoco hay que perder de vista que, en una comparación internacional, los números fiscales de Paraguay no son tan malos y que, como decía, el país sigue mostrando fortalezas importantes en materia de acceso al financiamiento.

RA: A ver, para ponerlo en perspectiva, ¿cómo se comparan hoy los números fiscales de Paraguay con los de otros países emergentes?

AV: El déficit en 2% del PIB es bajo en relación a otros países y sobre todo para una economía que viene creciendo a muy buen ritmo. Y eso ayuda a entender por qué el mercado sigue viendo a Paraguay de manera favorable, que se refleja en un riesgo país bajo. 

A su vez, la deuda pública paraguaya ronda los 40% del PIB, que también es un nivel relativamente bajo en la comparación internacional y frente a países con una calificación crediticia parecida, donde la deuda promedio está más cerca de 60% del PIB.

Y esto también hay que leerlo en un contexto más amplio: después de la pandemia, el mundo en general se cargó de deuda, y hoy prácticamente todas las economías operan con niveles de déficit y endeudamiento más altos que los que tenían en 2019. En ese contexto, Paraguay aparece como un país con márgenes fiscales relativamente mejores que los de buena parte de los emergentes.

RA: Alejandro, para cerrar, cuando desde Uruguay se habla del “milagro paraguayo”, ¿con qué mirada conviene quedarse? ¿Qué está haciendo bien Paraguay y qué aspectos no habría que perder de vista?

AV: Yo diría que con una mirada equilibrada. Paraguay, sin duda, ganó atractivo como destino de inversión: crece más que varios que los países región, tiene una carga tributaria muy baja y mejoró su calificación crediticia. A su vez, viene profundizando una estrategia bastante activa de atracción de inversiones, con incentivos tributarios y facilidades para la radicación de capital extranjero. Todo esto lo volvió un competidor más visible en la región.

Pero al mismo tiempo, no hay que sobredimensionar la idea de un “milagro” paraguayo. Paraguay sigue teniendo vulnerabilidades importantes, que van bastante más allá de estos episodios recientes en el frente fiscal.

Todavía enfrenta desafíos relevantes para formalizar el mercado laboral, con la informalidad arriba del 60%, buena parte del empleo sigue siendo precario y de bajos ingresos; y la pobreza, aunque bajó, todavía afecta a una parte relevante de la población.

Entonces, el punto no es idealizar a Paraguay, sino entender que hoy es un competidor más fuerte en materia de inversión, pero que Uruguay todavía conserva ventajas muy importantes en institucionalidad, seguridad jurídica, previsibilidad y control de la corrupción.

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